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S?bado, 19 de abril de 2008

Hola! Aquí un capítulo exclusivamente de Milo, para los que les gusta el personaje. Otra que este también me costó un montón para escribirlo, pero creo que me gustó, más sobre todo llegando al final del capítulo. Bueno, todo hasta ahora sigue dandole vueltas a la misma cuestión: ¿que hacían todos el día en que capturaron a los Dientes de Sable? Ahora lo verán...



Los ojos color miel recorrieron el cuerpo femenino de esa rubia, con una mirada típicamente masculina y posesiva: verla con una calza cortita, remera ajustada y el cabello atado, mientras corría en clases de educación física, le atraía de una forma que aún no entendía por qué.
    Milo se acodó en la baranda de la terraza de la escuela, dándoles la espalda a las féminas que ahora hacían espinales en el suelo, sólo para mirar el cielo y encandilarse con luz del sol.
    Vagamente, cruzaba por su mente un recuerdo: la vez que decidió espiar a Amber mientras se cambiaba, sólo para descubrir que la rubia se vendaba el busto, para disminuir el talle del mismo.
    - Mujeres… -murmuró.
    Continuó sumido en sus pensamientos, hasta que cierto joven bastante más bajo que él, de cabello rubio oscuro y cuerpo fornido, se acercó a pasos firmes y decididos, para luego colocarse al lado de él, y mirar a las chicas que habían vuelto a correr.
    - Tú no eres de espiar chicas, Seth… -preguntó Milo- ¿Qué te está pasando?
    - Nada… -respondió el aludido, encarando la mirada directa del morocho- Simplemente quería ver qué era eso extraño que me pareció ver en Amber… nada más…
    Estas últimas palabras chocaron súbitamente en el más alto, que se encargó de fulminar a Seth con la mirada, mientras este se iba caminando hacia la puerta, dándole la espalda descaradamente.
    Volteó para mirar a las chicas, y sin contener sus nervios, le asestó una patada a la reja, para luego encaminarse en dirección a la otra puerta, para irse de una buena vez de la escuela por ese día.

***

    Esa noche, la noche en que arreglé todo para que los Dientes de Sable trataran de invadir Nocturna, sabía que irías a buscarme, así que te esperé tranquilamente en las barrancas del Sur de la ciudad.
    Mientras de fondo se oía el intenso silencio de la ciudad, en el horizonte resplandecían los ecos de las bombas que se lanzaban en los sitios que aún estaban en guerra. Sólo el creciente rugir del motor de tu moto marcaba la pauta de que pronto llegarías a donde yo estaba.
    Cuando frenaste cerca de mí, te bajaste y caminaste hacia donde yo estaba con pasos firmes, que hacían resonar el metal de todas las armas que llevabas cargadas en tu cuerpo.
    Te detuviste con las piernas entreabiertas, una mano en la estrecha cintura, la otra sobre el mango de una de las pistolas, y con esas estrellas doradas bordadas sobre tu traje de cuero negro, que resaltaban las curvas de tu pecho. El reflejo del faro de la moto acentuaba justamente tu cuerpo, tu silueta… pero eso no me embelezó.
    Fue un duelo de miradas, de posturas, de gestos, de contención. Diana y tus otras diosas estaban capturando a esas carnadas que yo le dije a Schneider que mandara, y seguramente Minerva estaba tratando de hablar con esos ineptos dioses nórdicos que, tras la retirada de Odín, han perdido su esplendor.
    - Estás jugando con fuego… ¿sabías?
    Me encaraste. Ese carácter tuyo es el que destila fuego, tus comentarios pegan cual barra de acero, y tus pasos retumban en la oscuridad de la noche. Esa presencia tuya es la que quiero conquistar, y dominar… para demostrarte que yo soy el que mando, y no tú.
    Pero todo a su tiempo.
    -Simplemente quiero ver quién es digno de controlar Nocturna… -respondí.
    - ¡Por supuesto! -ironizaste.
    - Es en serio… -confirmé-
    Un nuevo momento de silencio reinó entre los dos. Sabía muy bien que Diana y las demás para ese entonces habrían atrapado al escuadrón, pero no me molestaba. Sólo quería encontrar una pista que me llevara a tu identidad humana porque, así, podría realmente obtener lo que quería.
    Comenzaste a caminar hacia mí, y eso me sacó del ensimismamiento. Te detuviste a sólo unos pasos, lo suficiente como para mostrar tu postura completa, esa seguridad desbordante que siempre tienes.
    - ¡Maldito! -dijiste al fin, yo sabía que tú eras capas de saber lo que yo había hecho, sin siquiera preguntármelo- ¡Eres de lo último!
    Y me diste la espalda rápidamente para irte hacia tu moto. En el camino te detuviste, y volteaste para encararme mientras sacabas una daga de una de tus botas. Te acercaste dos pasos, y la clavaste con firmeza en el suelo, para luego montar tu moto e irte del lugar.
    Sí… algún día lucharemos nosotros dos… y ten por seguro que antes de eso voy a lograr descubrir tu identidad humana.

***

    El timbre del final de clases del día rechinó por toda la escuela, haciendo que las chicas que estaban en clases de educación física, despejaran el patio para irse a cambiar. Mientras tanto, Milo ya había planeado una estrategia.
    Escondido a la salida de la escuela, esperó para ver como Lune salía primero con su hermana Mia, y últimas salieron Jana y Amber, con la morocha que tenía un mal presentimiento.
    Tras despedirse del resto y desoír los concejos de sus amigas, Amber se encaminó hacia la cortada que llevaba por un camino más corto a su casa. Caminaba bostezando y sin percatarse de que cierto morocho de magros músculos la seguía se cerca.
    Habían pasado cerca de diez minutos desde que estaba caminando, y aún le quedaba más de la mitad del camino hacia su casa. Sin casi despegar los pies del piso, se movía a paso lento y tranquilo, mirando sólo al piso, sin siquiera caer en la cuenta de que el lugar por el que caminaba no era demasiado seguro.
    De pronto, una mano firme la sostuvo por el brazo izquierdo, y la jaló con fuerza hacia otro callejón oscuro, para luego acorralarla contra la pared, sin dejarla ir. Los dos pares de ojos ambarinos se cruzaron: los de él sonrientes y perspicaces, los de ella con una mirada ambigua entre cansancio y molestia.
    Milo no sentía deseos de hablar: había algo en Amber que le atraía poderosamente la atención. Quizás la sutil forma de resistirse a sus encantos… quizás porque no se dejaba doblegar… quizás porque… no, imposible.
    Apretó el brazo de la fémina haciendo que esta soltara el portafolio, y con su mano derecha la pasó por la delicada mejilla, acariciando la piel de porcelana blanquecina, que lo llamaba tentadoramente.
    Acercándose a pesar de la oposición de la rubia, volvió a rozar sus labios con la mejilla de la chica, como ya lo había hecho otra vez, en una situación similar. Fue moviéndose cada vez más, hasta que se encontró con la boca entreabierta de Amber, que dejaba al descubierto esas perlas que tenía por dientes, permitiéndole sentir el eco de su respiración.
    No lo soportaba, era más fuerte que él. Se apoderó de esos labios salvajemente, buscando casi desesperadamente el contacto con esa intrusa en la boca de ella, que sorprendentemente salió a buscarlo, al mismo tiempo que la chica le respondía pasando sus brazos por la espalda masculina, para atraerlo a sí.
    Milo aprovechó para apresarla por la cintura, y disfrutar del beso, hasta que suavemente sintió como era ella quien se apoderaba de su labio inferior, para luego morderlo fuertemente.
    Con agilidad gatuna, Amber invirtió las posiciones y lo dejó contra la pared, mientras le tocaba con descaro la sangre del labio inferior al morocho. El levantó la mirada encolerizado, para que esta chocara con una que no parecía ser de la rubia que siempre veía en clases.
    La mirada de ella refulgía, era como si le jurara venganza por lo ocurrido, al mismo tiempo que le prometía que si hubiera podido matar con la mirada, él ya estaría muerto.
    - Estás jugando con fuego… ¿sabías?
    Las palabras de Amber chocaron cual brutales cuchillos en el chico, que la vio alejarse con su habitual calma, tras recoger el portafolio, y secarle la sangre del labio con un pequeño beso que era más la promesa de una venganza que cualquier otra cosa.
    Esas palabras… ya las había escuchado.
    Y es que quizás… ambos escondían otra cara, y esto sólo era el comienzo de una batalla para ver cuál era la personalidad predominante.


Bueno, esto ha sido todo por y sinceramente espero que les haya gustado. La última parte ya se me fue de las manos, pero... espero haya gustado. Y nada, nos estamos viendo en el próximo artículo! Espero comentarios!

Tags: literatura, novela, argentina, suspenso, acción, mitología

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Autor: BlueBrain
S?bado, 19 de abril de 2008 | 6:47
xwinter me he llenado de conjeturas sobre estos dos personajes!!!! Excelente, estupendo cap?tulo!!
Autor: Aldair_88
S?bado, 19 de abril de 2008 | 7:00
Amber es Juno!! ya me estoy volviendo loca pensando en kien es kien!!! me encanta como narras la historia y mantienes el suspenso hasta el final.
PD: ?ke beso!!!
S?bado, 19 de abril de 2008 | 19:05
MUY BUEN CAP?TULO!!!!
Estoy por volverme loca de tanto pensar quien es cada personaje y si tiene una personalidad oculta. Excelente trabajo, me encanta esta trama xangel
Lunes, 21 de abril de 2008 | 0:17
Chicos!! Gracias por leer y comentar!! Me alegro que les haya gustado, y que tengan dudas, ya voy a tratar de resolverlas en lugar de crear m?s, muahahaha xhappy En fin, gracias por seguir mis historias, me pone muy contenta!! xfun

 

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