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S?bado, 05 de abril de 2008

Hola a todos!! Hoy no sé, me inspiró una musa malévola, así que el capítulo me quedó un tanto... thriller... ¡Al fin la historia comienza a tomar el rumbo! Si bien varios personajes, como Juno o Minerva, se me fueron de las manos, pero bueno... Me dejo de palabrerías y a leer...


El mismo silencio aturdía confundía, se volvía denso, agobiante, perturbante… incómodo… hacía que la noche se volviera abrasadora, incansable… que las estrellas perdieran su brillo por culpa de los reflectores que alumbraban al cielo, impidiendo que pasaran aviones de guerra o similares sin ser descubiertos.
    Oculta tras unos arbustos, Diana acomodó su rifle colocándole un silenciador, y apuntó hacia un lado del acantilado. Miró hacia su lado, y las tres diosas que estaban a su lado, esperaban la señal.
    Mientras tanto, al pie del acantilado, el escuadrón Dientes de Sable, con sus siete miembros ahí, se disponían a infiltrarse en la ciudad de Nocturna. Con unos aparatos especiales que llevaban, revisaron el área desde el agua y, al no sentir presencia alguna, se dispusieron a subir.
    Uno de los miembros comenzó a escalar el acantilado, pero el sonido de sus piernas al trabarse en las piedras, fue suficiente para que Diana y las demás los escucharan.
    Cuando el joven llegó a la cima, analizó con cuidado toda la vista sin encontrar rastros de ningún enemigo Tranquilo y confiado de que eran miembro del mejor escuadrón de invasión de todas las guerras, volteo hacia el acantilado, y soltó una cuerda para que los otros subieran más rápidamente.
    Indicó con el pulgar que todo estaba en orden, y volvió su mirada hacia atrás, para hacer guardia mientras los demás esperaban, acercándose a los arbustos.
    En ese momento, Venus se levantó tras de él y con agilidad felina pasó su mano delante del joven, apretando su entrepierna, haciendo que éste se doblara por el dolor, para luego colocarle la pistola con silenciador en la nuca, y dispararle casi a quemarropa, sin emitir ni un sonido.
    Con cuidado, movieron al hombre hacia los arbustos, sin haber dejado ni una gota de sangre en el lugar. Segundos después, seis hombres más aparecieron, completamente armados, y comenzaron a buscar al otro miembro que había subido antes.
    Diana hizo otra señal, y esta vez Ceres se encargó de que una piedra rodara un poco lejos de allí, haciendo que los seis hombres se voltearan a mirar a ese lugar. En ese momento, Diana se levantó de los arbustos junto con Libia, y entre ambas les dispararon con un arma que soltó unos pequeños cables que, al tocarlos, les descargaron varios volteos de corriente, dejando a los seis inconcientes en el suelo.
    Despojaron a todos de sus armas, sus chalecos antibalas, los cascos, transmisores, cuchillas y demás, para luego maniatarlos con cadenas, amordazarlos, vendar sus ojos, y subirlos raudamente a la parte trasera de la camioneta.
    Mientras Venus conducía, Diana se sentó atrás, y se encargó de que todos permanecieran dormidos.

    Habían pasado hora, quizás días… no, sólo era efecto del voltaje recibido. Joel, el jefe del escuadrón Dientes de Sable, abrió sus ojos poco a poco, para encontrarse con sólo su pantalón, suspendido en el aire con sus brazos atados por encima de su cabeza al techo de una habitación, y una mordaza en su boca.
    Intentó mover sus pies, pero estos tenían cadenas y una pesa que le impedían moverse. Entrecerró los párpados para poder ver en la oscuridad, pero la sensación de que sus pies se estaban mojando, lo distrajo.
    Cuando sus ojos se estaban acostumbrando a la oscuridad, una potente luz se encendió delante de él, dejándolo casi ciego. Poco a poco, se acostumbró a ese resplandor, y alcanzó a discernir dos figuras femeninas, paradas al lado del reflector. Agachó su rostro y vio que lo que mojaba sus pies era sangre; siguiendo el rastro con sus celestes ojos, vio que provenía del magullado cuerpo de uno de los miembros de su escuadrón.
    - Así que estos eran el escuadrón más peligroso… -dijo una voz siseante y embriagadoramente femenina, pero a la vez mortal- Bienvenido a las últimas horas de tu vida…
    Una de las féminas, Diana, se acercó y le quitó la mordaza de la boca, para luego acercar una mesita con varios elementos completamente llenos de sangre, que el joven miró con una mirada ambigua entre la incredulidad y la desesperación.
    - Si respondes nuestras preguntas… -volvió a hablar Juno- vamos a ser un poco más compasivas, y te vamos a matar más rápido…
    Sin decir más nada, descruzó los brazos que los tenía a la espalda, y dejo ver que en una mano sostenía una ballesta, y en la otra la pistola que descargaba voltaje eléctrico.
    - Jamás les diría algo a ustedes, perras… -contestó feroz el hombre.
    - Mala elección…
    Juno levantó la ballesta y le apuntó al hombre. La flecha se clavó en su tórax, llenándolo del veneno de la “droga de la verdad”, mientras Diana tomó un cuchillo y lo cortó bestialmente por la espalda, mientras Joel contenía los gritos.
    - ¿Schneider te ordenó atacarnos? -preguntó Juno.
    Nada… ni una palabra… Diana entendió el gesto de la reina de los dioses y, colocando un cuchillo en un horno con fuego que había en una esquina, esperó hasta que el metal estuviera caliente, para luego colocarlo sobre la herida del hombre, arrancándole gritos y contorsiones salvajes que indicaban dolor.
    - Es… está… bien… -dijo luego de varios “argumentos” que terminaron por convencerlo.
    Casi una hora después de que Joel les contó todo a las diosas, Juno salió caminando a paso rápido, para luego asestarle un golpe a la pared que dejó a todas las diosas calladas.
    - ¡¡Minerva!! -ordenó a los gritos- ¿Los Horas están acá?
    - Acaban de llegar… -dijo, presintiendo lo que Juno iba a hacer, porque con su carácter, cualquier cosa podía esperarse.
    - ¡Que vengan inmediatamente! Tengo una misión de urgencia, y quiero que la realicen a la perfección… -respiró, y continuó hablando- ¡Diana!
    - ¡Si, mi diosa! -respondió la aludida.
    - Explícales todo lo que esa rata dijo a todas las diosas, incluyendo a Victoria… ¿Entendido?
    Cuando Juno se alejó hacia las Horas que la esperaban cerca del jeep que acababan de usar, Minerva caminó unos pasos hacia Diana, y le habló en voz baja: más que nadie, y gracias a esa existencia humana que estaban viviendo, ella conocía a la diosa más vengativa, y tenía una idea de porqué estaba tan molesta.
    - Diana… -llamó la diosa de la sabiduría- ¿Tan grave es?
    - Si… Es más… Quien está involucrado en todo esto es… -se acercó y susurró un par de nombres cerca de los oídos de Minerva.
    - ¡Imposible!
    Del otro lado, del lugar, Juno terminaba de darle las órdenes a las Horas: iba a comenzar su plan de venganza, ya que esto había sido más de lo que cualquiera hubiera podido esperar… La guerra se avecinaba, y estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario.
   
***

    Amber caminaba muy descuidadamente hacia la escuela, sin siquiera preocuparse porque iba a llegar, nuevamente, quince minutos tarde. Agachó su rostro, y mirando con precisión el suelo para no caerse, no se percató de que había llegado a la escuela, y que acababa de chocarse con una chica de su curso.
    - ¡Amber Soele! -la reprimió más la chica- ¡Ten más cuidado!
    La rubia, casi sin entender las palabras de la otra, levantó la vista para encontrarse con una multitud de alumnos parados frente al portón de la escuela, que permanecía cerrado. Intentó mirar, pero una mano en su hombro la detuvo.
    - ¿Amber?
    Al sentir esa voz familiar, la aludida miró hacia el lado, para encontrarse con la morocha de rulos perfectos, que tenía una preocupada mirada jade, que la atravesaba como si fueran dos espadas esmeraldinas.
    - ¿Qué pasó? –inquirió Amber.
    - La escuela cerró de emergencia hoy… -dijo preocupada Jana- No sé que pasó…
    - Parece que el director tuvo una “visita imprevista”…
    Milo apareció detrás de Jana, para hacer el comentario de forma despreocupada y muy suelta, y luego irse entre juegos y bromas con Seth y los demás miembros de ese grupo de amigos.
    - ¿Visita imprevista?
   
    Mientras tanto, Schneider estaba acorralado en una esquina de su despacho, tirado en el suelo, despeinado, desesperado, histérico… La vicedirectora lo sujetaba por los hombros, y varios docentes más trataban de hablar y razonar, para llegar a alguna solución posible. Uno de los hombres levantó la vista, y la clavó en la oficina del hombre.
    - Es horroroso… -masculló, y todos permanecieron en silencio.
    En las paredes de la oficina de Roberto Schneider, siete hombres habían sido clavados a las paredes, empapelando las mismas con los rastros de sangre que había en sus cuerpos, completamente cubiertos de heridas, quemaduras y golpes.
    “Nunca debiste traicionarnos… Has cometido el peor error” aparecía escrito con la sangre de los mismos hombres.


Bueno gente, esto ha sido todo por hoy. Espero que les haya gustado, y que saquen conclusiones, muahahah... ¡Nos vemos en el próximo artículo!


Tags: literatura, novela, mitología, dioses, romanos nórdicos

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Autor: BlueBrain
S?bado, 05 de abril de 2008 | 6:31
xbad ?para arrancarse los pelos este cap?tulo!!! me has dejado tendido!!! excelente manejo de la descripci?n, muy bueno!!
Autor: Aldair_88
S?bado, 05 de abril de 2008 | 6:48
?ke s?dicas las diosas! me dio timo este cap. Pobre el dire, casi ke tiene los pies metidos en una trampa de hierro!!! Muy bueno el cap. Era lo ke menos me esperaba, torturas!!
S?bado, 05 de abril de 2008 | 19:50
excelente cap!! pero me confundi? un poco, espero el proximo con ansiedad xemotion
Domingo, 06 de abril de 2008 | 18:29
?Gracias por leer! Perd?n por haber hecho un cap?tulo tan confuso, prometo que las dudas se van a ir disipando de a poco.

 

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