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S?bado, 16 de febrero de 2008

Hola a todos!! Aquí, antes que nada, les pido disculpas por haber anunciado en el tagboard que no iba a publicar el capítulo, y luego hacerlo... El motivo es que mi musa se dio por aludida y se le ocurrió venir a inspirarme, y bueno... aquí pude continuar las andanzas de Juno y los demás dioses. Espero que me dejen comentarios, ya que siento que este capítulo no me salió tan patético como el anterior.


- Juno, es peligroso…
    Minerva trató de advertirte vanamente. La verdad, es que no sé porque lo hace: siendo la diosa de la sabiduría, debería de conocer que tú no eres alguien que dócilmente cambia de parecer… Y menos si estás sosteniendo una posición que tu crees correcta.
    Tras unos segundos de silencio, ella volvió a insistirte.
    - Es una posición peligrosa, mi diosa… -te dijo, para vanamente tratar de convencerte.
    - Es cierto: es una posición peligrosa… -admitiste para su sorpresa-  Pero yo voy a ganarles…
    - ¿Por qué estás tan segura? ¿Por qué Victoria está de nuestro lado?
    - No -tu respuesta fue seca, y segura, al tiempo que detenías tu moto- Porque conozco mis capacidades, y soy capaz de hacer esto…

***

    La comitiva de dioses nórdicos, encabezada por Thor y seguida por Balder, Frey, Tyr, Loki y Heimdall se dirigía en sus motos hacia el hangar que las Estrellas Fugaces utilizaban como centro de reuniones, sin saben que ustedes no se reunían más ahí, porque tú, Juno, te habías encargado personalmente de que el dios nórdico del trueno no se enterara de eso.
    Las seis motos iban cargadas de armas por doquier, al igual que sus conductores, y sólo las alas plateadas en los tanques de nafta brillaban por sobre el negro de la pintura, que se perdía en la oscuridad de la ciudad.
    Bastante lejos del mismo aparcaron sus motos, y se cargaron con todas las armas, para luego dirigirse entre las sombras hacia el hangar, para emboscar a las diosas romanas, tal como lo había planeado desde esa vez que filmaron su forma de atacar, y la estudiaron.
    Pero tú, Juno, eres mucho más inteligente.
    Cerca de unas matas corrieron los matojos y levantaron una tapa de hierro, que estaba escondida entre el suelo arenoso del lugar. Se introdujeron silenciosos, y se encaminaron por los pasillos subterráneos.
    Unos metros más adelante, se encontraron con la escalerilla que permitía subir al salón principal del hangar -donde guardaban los coches- y rápidamente se escabulleron sigilosamente.
    Al entrar en el salón principal, vieron que todo estaba a oscuras, como cuado tú y tus las Estrellas Fugaces salían a atacar. Thor atinó a dar unos pasos, y se encontró con que había una figura recortada en el medio del salón, apenas iluminada con la luz de la luna que entraba por una de las puertas que permanecía abierta.
    Rápidamente, y aprovechando la linterna de largo alcance que traía sobre el rifle que había estado cargando, el dios nórdico del trueno la encendió, y la apuntó hacia esa figura sólo para darse cuenta que… eras tú.
    - Estas rodeada, Juno…
    Su voz sonó poderosa, retumbando en cada rincón del lugar, al tiempo que los cinco dioses que lo acompañaban levantaron sus linternas y te apuntaron. Tú estabas muy tranquila apoyándote sobre tu moto, con una mano visiblemente al lado de tu pierna, y la derecha detrás de tu torso, apoyado en el asiento de la moto.
    ¿En qué estabas pensando, Juno?
    Por una vez te quedaste callada, y agradeciste tener que usar ese casco, para que no pudieran ver la sonrisa que había en tu rostro, ya que estabas disfrutando de la masacre que tenías intenciones de cometer.
    - Será mejor que no intentes nada, Juno… -volvió a amenazarte Thor- Todas las armas que tienes colgadas no te servirán de nada, porque nosotros te atacaríamos primero… ¡Así que ríndete!
    La última palabra sacudió todo el hangar resonando cruelmente, y haciendo temblar hasta al más poderoso de los dioses… Pero no a ti. Tú te mantuviste firme, y no te moviste ni un ápice.
    Con un aplomo espantoso, y una aplastante seguridad en ti misma, enderezaste la postura de tu cuerpo, dejando de reposar a medias, el peso sobre la moto. Te incorporaste con lentitud, pero haciendo que todas las miras de las armas se centraran en ti.
    - Dispárame…
    Tus inesperadas palabras hicieron que Thor tirara hacia atrás uno de sus pies, temeroso de la seguridad inconmensurable de tus palabras y de tu postura. Desde donde tú estabas parada, con la luz de la luna entrando a tus espaldas, tus curvas sinuosas se realzaban, recalcando también la cantidad asombrosa de armas que cargabas contigo.
    - ¿Tanto miedo tienes que intentas apresurar tu muerte? –las palabras de Thor sonaron seguras, si bien él no lo estaba.
    Guardaste silencio, y te alejaste dos pasos de tu moto.
    - No… -respondiste- No es eso…
    - ¿Entonces? -preguntó él.
    - Estaba tratando de ver si aún queda algo de agallas en ti…
    - ¿¡Qué!? ¿¡Cómo te atreves!?
    - ¡¡SILENCIO!! -tu grito resonó aún más fuerte que las palabras de Thor, y todos acataron tus palabras- ¡Soy la Reina de los Dioses, deberías guardarme respeto! ¡Ésta es una insubordinación grave en contra de la voluntad divina, y ni aunque tú seas un dios de jerarquía, vas a poder evitarla!
    - ¡Basta! -él intentó imitar la fuerza de tu voz, pero no lo logró- ¡Nosotros vinimos al mundo humano para volver a encarrilar a los humanos, y sacarlos de las guerras, pero tú asesinas sin piedad! ¿Cómo pretendes cambiar este desastre, generando crímenes injustos?
    - Haciendo acatar mi voluntad…
    - ¿Por la fuerza? ¡Vamos, Juno! ¡Ni tu misma crees tus palabras!
    Y como tú no eres precisamente la sabiduría divinizada, esas palabras fueron la gota que terminó por derramar el ánfora.
    - Los humanos son criaturas toscas, absurdas y por demás de contradictorias -dijiste secamente, imponiendo tu postura sólo con el sonido de tu voz-  Y la única forma en que entienden, es demostrándoles que los dioses somos realmente las divinidades todopoderosas… Pero eso no importa ahora…
    - ¿Qué? -las palabras del nórdico se perdieron en la oscuridad.
    - Eso no importa ahora…
    Ni bien pronunciaste esas palabras, levantaste tu mano izquierda, e hiciste un chasquido con los dedos. Inmediatamente, las luces internas del hangar se encendieron, y de los jeeps y camionetas que había en el lugar salieron las tres diosas que te acompañaban, seguidas de las Horas.
    Los seis dioses nórdicos estaban rodeados, y tenían armas apuntándoles incluso a sus espaldas: después de todo, tu táctica había funcionado, y los Ángeles Negros había mordido su propio anzuelo.
    - ¿Es que acaso pensabas que yo era una presa tan fácil como Ops? -preguntaste, divertida, para luego gritar- ¡Yo no soy así! ¡Que te quede claro, traidor, que yo no soy la presa de nadie, ni de Odín, ni de Júpiter y mucho menos tuya! ¡A mí no me ibas a engañar de la misma manera en que Odín engañó a Ops!
    Hiciste una señal, y las Horas despojaron de sus armas a Thor y compañía, y los empujaron a caminar hacia el centro, donde tú estabas. Moviste el brazo derecho que habías mantenido a tus espaldas todo este tiempo, y los apuntaste con la ballesta semi-automática que Diana te había preparado días atrás… y que seguramente tenías deseos de probar en algún espécimen.
    - Que te quede claro algo, diosito… -dijiste con ironía- Desde ahora, eres un traidor a la voluntad divina, y sólo si me juras fidelidad y te arrodillas ante mí… Solo entonces… voy a considerar -recalcaste la última palabra- perdonarte esta inútil existencia como humano que has tenido.
    - ¿Y si me rehúso? –te desafió.
    - Entonces serás el blanco con el que estrene mi nueva ballesta…
    Pasaron unos segundos y ninguno atinaba a moverse. Otro gesto tuyo hizo que todas las diosas apuntaran a los nórdicos, y que estuvieran a punto de disparan.
    En ese momento, una loca idea cruzó por tu cabeza. Dejaste ir a Thor y compañía, y les prohibiste pisar el suelo Este de la ciudad, ya que si lo hacían los matarías sin piedad. Cuando se fueron, Minerva te preguntó:
    - ¿Por qué los dejaste ir?
    - Porque si los mataba, y los humanos se daban cuenta de las rencillas entre los dioses… iban a perder la fe en nosotros.
    Minerva asintió, y se encaminó hacia su moto. Sin embargo, tú te quedaste estática, y disparaste tu ballesta hacia un punto en las sombras… Todo este tiempo, supiste a donde yo estaba, pero eso no te perturbó. Increíble.
    Lástima que esquivé esa flecha… ya… otro día nos enfrentaríamos.
    Por ahora, Juno… continúa disparando, pero nunca olvides.

 

¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado el capítulo, y que me dejen algunos comentarios. Éxitos y nos vemos en el próximo artículo.


Tags: literatura, novela, acción, ciencia, ficción, mitología

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
S?bado, 16 de febrero de 2008 | 4:20
Excelente!! Siempre pens? lo raros ke eran estos dioses por su caracter tan irritable y vengativo
Autor: BlueBrain
S?bado, 16 de febrero de 2008 | 4:35
Muy buen cap?tulo! Juno siempre consigue lo que quiere por grado o por la fuerza, por eso es la reina de los dioses
Autor: Kamus_99
S?bado, 16 de febrero de 2008 | 4:46
Muy bueno!! PEro a?n no descubro kien es el ke habla con Juno. Pero me gusta como describes las escenas, me parece verlo
S?bado, 16 de febrero de 2008 | 18:51
Muy buen cap?tulo!! cada vez m?s intriga sobre la personalidad de los dioses ?porque se ocultan los rostros con los cascos? que buena la trama, siempre quedo al borde del sill?n
Domingo, 17 de febrero de 2008 | 21:07
Gracias a todos por leerlo!! Me alegro que les haya gustado, y ya vendr? el pr?ximo cap?tulo. ??xitos! Gracais por leerme, me ahce muy feliz eso!!
Autor: Foxys
Lunes, 18 de febrero de 2008 | 22:51
Se pone mas y mas interesante... este capitulo me a gustado mucho xok
Autor: Foxys
Lunes, 18 de febrero de 2008 | 22:52
Se pone mas y mas interesante... este capitulo me a gustado mucho xok

 

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