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Viernes, 08 de febrero de 2008

Hola chicos!! Al parecer, mi musa inspiradora se ha volado demasiado lejos, y no quiere volver, así que les pido perdón si esta capítulo está falto de descripciones, la verdad que lo escribí para no dejar a nadie sin lectura. Prometo cazar a mi musa y traerla de vuelta me cueste lo que me cueste...


Esa noche iba a ser diferente, las Estrellas Fugaces se disponían a atacar a los Ángeles Negros, y Juno estaba dispuesta a matarlos a todos si era necesario: la traición y la ofensa contra su persona, la mayor divinidad, era lo peor para ella.
Como todas las noches, continuaba cargándose las armas, los cuchillos y demás, mientras miraba como Diana terminaba de explicarle a Victoria sobre todas las armas y secretos que tenían las motos que ellas usaban. Minerva -que había estado hablando con Venus- la dejó a esta última y comenzó a aprovisionarse de sus armas al lado de Juno.
- Raro en ti, tantas armas… -inquirió la mayor al ver como Minerva se calzaba dos ballestas y varias pistolas.
- Soy la diosa de la guerra, debe tomar precauciones… -Se dio vuelta, y con la sola postura enfrentó a su diosa- ¿Podemos hablar… en privado?
Juno no respondió. La confrontó con la postura, y luego se encaminó hacia las otras diosas. Indicó a todas que salieran a sus respectivos puestos, y a Victoria y Venus les pidió que la esperaran junto con el quipo que se quedaba guardando el hangar, y que salvo llegaran los nórdicos, que no las molestaran.
Sin siquiera mirar a Minerva, se encaminó a la sala privada.
- ¿Qué es lo que te preocupa?
Cuando la diosa de la guerra y la sabiduría entró, se quedó mirando como Juno estaba apoyada sobre el escritorio dándole la espalda, y suspiró: lo más probable era que estuviera tramando alguna venganza demasiado cruel, porque si algo le encantaba a la reina de los dioses, era acabar con todos aquellos que osaran oponérsele.
- ¿No te percataste que sólo nos atacan los de las escuelas del lado Este? -Juno acomodó sus manos hacia atrás, y se sentó en el escritorio- Solo las de nuestro lado se revelan…
- Es cierto… Pero creo que alguien los está incitando a hacerlo…
- El imbécil ese… -agregó, penando en el dios romano que había aparecido.
- El imbécil ese tiene más rango que vos… -aclaró Minerva.
- Lo tuvo… -recalcó- Ahora yo estoy al mando, y acá se hace mi voluntad.
Minerva suspiró. Al decidir bajar a la tierra, los mismos dioses decidieron que lucharían sin nunca revelar su identidad humana ni siquiera a sus compañeros divinos, para no afectar su trato al verse obligados a vivir como humanos. Sin embargo, Minerva y Juno estaban lado a lado cuando despertaron de su letargo.
Con suavidad, se sacó el casco, y lo dejó sobre el escritorio, para luego mover levemente lado a lado la cabeza, para que su cuidado cabello se acomodara solo. Después, se encaminó hasta quedar de frente a la reina de los dioses, y le desprendió el casco con sus suaves dedos.
Lentamente, y sin levantar la visera, le sacó el casco, mientras Juno se dejaba hacer tranquilamente: Minerva era la única que conocía su rostro, y a pesar de eso -y de que en la era del mito no se llevaban de lo mejor- su pasado humano, antes de que despertaran de su letargo, les había hecho ser amigas.
Cuando la otra le saco el casco, lo tomó entre sus manos, y meneó al cabeza para acomodar también su largo cabello. Rápidamente, ojos claros, rostros de piel blanca, y dos miradas familiares se cruzaron.
- Esto parece aquella tarde de verano… -murmuró Juno, y Minerva entendió.

***

Eran sólo dos niñas de diez años, pero eso no las había detenido de robarle la pelota de fútbol al chico malo de su curso, e irse a jugar con ella luego de las clases. Habían estado corriendo toda la tarde por la calle cercana al acantilado Este, hasta que, cansadas, decidieron sentarse en una banca.
- ¡Hace calor! ¿Eh?
Una de las niñas se había tirado de espaldas sobre el banco, de forma descuidada, y casi sin importarle esa postura tan poco femenina. Sin embargo, la otra mantenía una pose firme y decidida, a pesar de ser más bajita que la otra, sentada en la punta del banquito.
- ¡Corrimos todo el día, amiga! Por eso tienes calor…
- Puede ser… -hizo un silencio para estirarse, pero sus ojos se posaron en el sol, que estaba siendo eclipsado por la luna- ¡Mira! ¡Un eclipse!
Ambas amigas se pararon sobre el banco para tratar de ver mejor el eclipse que estaba aconteciendo, ya que rápidamente, la luna comenzó a cubrir el sol… pero la oscuridad les pareció eterna.
En la oscuridad, en el vacío, en esa gran vacuidad, fue como si su personalidad se desdoblara, como si les quitaran las vendas de los ojos, como si miles de recuerdos, y miles de sentimientos se cargaran en sus cuerpos, modificando incluso hasta su personalidad… pero sin olvidar esos diez años de humana vida.
Cuando el sol se corrió, la más alta continuaba parada sobre el banco, y estaba con el rostro hacia arriba como si mirara el sol, pero con los ojos cerrados. Su postura era segura, confiada, pero al mismo tiempo con porte, como si fuera la reina.
La otra, la más baja, estaba sentada en el banco, con una postura más relajada, pero el rostro inclinado hacia delante. Sonrió levemente, intentando simular que nada había cambiado, pero al levantar su mirada y encontrarse con la de su amiga humana… se dio cuenta de todo.
- Juno… -dijo con sorpresa, e inclinó levemente la cabeza, como saludo.
- Minerva… que oportuna… -la chica la miraba desde arriba del banco, lo que resaltaba su porte a pesar de tener sólo diez años.

***


Y sí. Quizás su primer encuentro como diosas no había sido de lo más productivo, ni lo más emotivo, pero les había permitido construir algo que como diosas en la época del mito no lo había logrado: amistad.
- Demasiada pérdida de tiempo… -aclaró Juno con su habitual voz de mando, y recogiendo su cabello, se colocó el casco- Vamos a atacar a ese insoportable dios del trueno nórdico…
Minerva sonrió, y comenzó a colocarse su casco. Después de todo, a Juno continuaba gustándole la venganza… “el más dulce placer”, como la reina de los dioses le decía.


Todo por hoy, poco para mi gusto, mucho para mi ionspiración del dia. Espero que me dejen comentarios y nos vemos en el próximo artículo!!

Tags: literatura, novela, acción mitología

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 09 de febrero de 2008 | 13:50
?Que buen cap?tulo! Ahora estoy intrigado, Juno me recuerda a Jana pero minerva...., si fueran los chicos encarnaci?n de los Dioses dir?a que Milo es Zeus por lo mujeriego y poco comprometido jejejeje
Autor: Kamus_99
S?bado, 09 de febrero de 2008 | 14:05
?Me encanta esta novela! Cada cap?tulo me desconcierta m?s si Blue tiene raz?n Minerva ser?a la dormilona!!!!
Ke embrollada la trama, me encanta. Pero si s?lo los de su propia escuela se rebelan es alguno de los Dioses opositores, creo ke Milo ser?a el m?s apto para sembrador de cisa?a
S?bado, 09 de febrero de 2008 | 17:08
Me gusta mucho la novela pero no me animo a conjeturar quien es quien. Excelente cap?tulo, menos mal que estas sin inspiraci?n, que sino quedo sin dormir esta noche pensando en la novela
Autor: Aldair_88
Domingo, 10 de febrero de 2008 | 8:01
esto se pone mejor en cada cap.!!!
?Te dije Trueno ke me encanta como escribes? Ahora s? ke me dejaste pensando, discutimos con Blue porke yo no estoy de acuerdo con ke los chicos de la escuela sean los dioses. Veremos cual de los dos gana.
Domingo, 10 de febrero de 2008 | 21:10
??Que bueno que les haya gustado!! Prometo escribir algo decente la pr?xima, que hoy estuve sin inspiraci?n T_T. Nos estamos viendo! Gracias por leerlo!!
Autor: Foxys
Jueves, 14 de febrero de 2008 | 17:10
ah!!! que buen cappp!!! me gust? mucho! siguela siguela (foxy pica con un palito a trueno)

 

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