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Jueves, 10 de enero de 2008

Hola chicos!! Aquí otro capítulo de "Just Together" ("Simplemente Juntos", en español), la historia escrita en conjunto por Foxys y por mí. Les prometimos romance, y acá lo tienen... En fin, espero que les guste, y los dejo con la lectura...


Ella también se había dado cuenta de la situación: sus dos mejores amigos, socios, y compañeros de trabajo, la había dejado sola en la oficina... Pero lo que no se esperaba -ni ella, ni nadie- era que ese día iba a ser cualquier cosa, menos normal.
- Solo tengo que soportar hasta esta noche, que vuelven Max y Dana... -suspiró Elis, sentada en su oficina- Se fueron ayer... y volvían cerca de las 11 de esta noche, así que mejor los espero acá, porque seguro que vuelven, y...
Y se iba en sus pensamientos, mientras masticaba el lápiz con motitas. En eso, una entidad que vestía polleras, y cuyo torso no se podía ver ya que traía una caja y varios, muchos... demasiados formularios, apuntes, y archivos, se acercó hacia ella. Al ver bien, se dio cuenta que se trataba de Silvia, su secretaria.
- Elis -dijo con su almendrado tono de voz- Aquí te traigo los papeles que tenés que revisar y firmar... También te aviso que tenés que terminar el sistema de redes...
- ¿Qué? -preguntó anonadada.
- ¡Cierto! ¡Lo olvidaba! -murmuró la mujer, y ofreciéndole su mejor sonrisa, agregó- Tres de nuestros empleados realizaron trabajos... “incompatibles”... creo que esa era la palabra -meneó la cabeza, y agregó- Creo que debería verlos...
Y se fue, dejando a una jovencita desconsolada, y que rogaba que los otros dos volvieran rápido. Pero no... Ella era capaz de arreglar esa situación y de mucho más, así que peleando con su conciencia, se preparó un café, y con suma tranquilidad, salió de la oficina en dirección hacia los tres empleados que estaban discutiendo.

- Dana, es la quinta vez que llamás... ¿Tan preocupada vas a estar?
Max estaba configurando su computadora portátil, mientras la colorada hablaba por teléfono a Rosario. Al escuchar las palabras de su amigo, sonrió falsamente para mostrarle que sus comentarios no tenían el más mínimo efecto, y al terminar la llamada, agradeció y colgó.
- ¿Puedo preguntar algo? -agregó él, sonriendo malévolamente.
- No... -respondió ella, secamente.
- ¿Para qué dejaste el auto en el aeropuerto, si ibas a estar así?
Ambos se miraron, y Dana sonrió vencida: él no se iba a detener con las preguntas hasta que lograra molestarla, o... molestarla. Así que la única solución viable era darle una respuesta con la que se conformara, o con la cual no supiera qué volver a preguntar.
- Porque no quiero tomarme un taxi cuando vuelva... Además, está seguro en el garage del aeropuerto...
- Con tanta charla no van a hacer nada...
La voz que interrumpió la “charla” entre Max y Dana era de cierto rubio de edad cercana a los treinta, cuerpo magro y altura definida, y llamativos ojos verdes, que era considerado por Max, como el peor ser sobre la faz de la tierra.
Con descaro observó a la chica que estaba reclinada en uno de los asientos, y al ver que ella lo estaba asesinando con la mirada, le guiñó un ojo. Esta actitud por parte del rubio no le gustó para nada al morocho, que no dudó en cortar la tensión apoyando fuertemente su mano sobre la mesa, haciendo que la laptop de la chica se moviera.
- Bueno... -murmuró Nick- ¿Están listos para la presentación? -ambos asintieron, y el rubio se dio vuelta- Síganme entonces...
La mañana pasó ajetreada: tras la presentación del proyecto -en la que los dos amigos y socios demostraron su capacidad y preparación en el tema- y un tenso almuerzo de negocios, los socios de StarDust les dijeron que podía volverse, y que en dos días les darían su respuesta, enviando a Nick a Rosario.
Muy a pesar de Max, Nick fue el responsable de llevarlos hacia el aeropuerto, en su bonito descapotable azul marino, hecho que disgustaba bastante al morocho. Tras un profesional despido temporal, los dos abordaron el avión en primera clase, y emprendieron el vuelo. Sin embargo, ni bien la azafata pasó, Max comenzó a tomar mucho alcohol.
- Te recomendaría que no te emborraches a la vuelta de un viaje de negocios... -dijo Dana.
- Precisamente... es la vuelta... -recalcó él, mientras le pedía un vodka a la azafata- Ahora puedo tomar todo lo que quiero.

- Bueno, en este caso, creo que vamos a llegar a una pronta solución... ¿No creen?
Elis estaba reclinada en el sillón de su oficina, con los dedos entrelazados y una mirada penetrante en sus -a veces- infantiles ojos celestes. Frente a ella, tres empleados asustados esperaban la sentencia de su jefa.
- Es que yo no entiendo... -dijo la rubia parándose de golpe, y asesinando a cada uno con la mirada- ¿Cómo puede ser que hagan partes para un programa... y que sean incompatibles? -los empleados aguardaban en silencio- Vamos a hacer esto... Tienes hasta las 22 de esta noche para arreglar eso, de lo contrario serán despedidos. ¿Entendido?
- ¡Si, jefa! -dijeron los tres, casi al unísono.
- Ahora vayan, y más les conviene que arreglen eso...
Cansada y agotada por al situación, Elis se volvió a sentar, y ablandó su postura. Suspiró tranquila, miró el inminente atardecer, y se dispuso a terminar con los formularios. Por lo visto esa sería una tarde muy larga.
Sin embargo, para rematar la situación, un mensaje de texto llegó a su teléfono móvil. Al mirarlo, la rubia sostuvo su frente, y volvió a suspirar. “Elis, volvemos más tarde, tenemos que buscar unas cosas antes. Éxitos” el mensaje era de Dana. Definitivamente esa sería una tarde muy larga...

Tras pasar su mirada por cada centímetro de su preciado coche, y cerciorarse de que estuviera en perfectas condiciones, Dana Cross le pagó al encargado del estacionamiento del aeropuerto, y tras dejar las cosas en el baúl, subió con Max quien, al subirse al auto, no pudo evitar ver los interiores de cuero negro, y el elevado perfume de mujer que poblaba el lugar.
- ¿Vamos a la oficina vieja? -preguntó.
- Sabés que sí... Tenemos que buscar los archivos que pidieron...
Y el resto del trayecto fue en silencio.
Mientras Dana manejaba, Max comenzó a recordar como hacía seis meses atrás se había podido trasladar al piso más alto de un prestigioso edificio. Sin embargo, muchos expedientes, archivos y materiales, no habían sido trasladados, ya que continuaban usando su anterior oficina, en el otro extremo de la ciudad, para esos motivos.
Media hora después, la coupé negra deportiva de faros ocultos, predominante alerón trasero, y chapa impecablemente encerada, se había estacionado frente a la oficina. No tardó demasiado para que ambos jóvenes estuvieran en la sala principal, dejando las dos computadoras portátiles sobre la mesa, y revisando los archivos.
- ¿Querés un vodka? -dijo Max.
- Ya tomaste demasiado... -respondió Dana- Y necesitamos hacer esto...
- Ajá...
Y no hablaron más del tema. El morocho se dirigió hacia el pequeño bar que aún conservaba el lugar, se preparó varias bebidas para tomar, y luego se acercó a la mesa, y sentándose frente al ordenador, comenzó a trabajar cuanto el alcohol que iba ingiriendo le permitía.
Un rato después, Dana lo había relevado, y él estaba con el brazo derecho doblado sobre la mesa, la cabeza encima y la mirada clavada en la colorada. El alcohol y su maldito efecto. Él y su maldita debilidad. Dejó el vaso que tenía en la mano izquierda, y se enderezó sin dejar de mirar a la chica.
- Te ves linda cuando trabajás...
Dana giró un poco su silla, y se quedó mirándolo anonadada. ¿Max? ¿Él le había dicho que se veía linda? Seguramente era el efecto del alcohol... Él no le diría eso...
- Tomaste mucho...
- Si... ya se...
La respuesta fue acompañada por una de esas sonrisas que desarmaban a la chica, y una mirada fija. Pero no una mirada como las de siempre...ésta estaba llena de brillo en los grisáceos ojos masculinos, era particular... totalmente dedicada a Dana.
Sin decir ni una palabra, estiró la mano izquierda, y tomó la muñeca derecha de ella, que descasaba en el apoyabrazos del sillón, para empujarla suavemente, y hacer que se moviera hacia él. Cuando estuvo cerca, le rozó la mejilla derecha con dos dedos de la otra mano, y suavemente comenzó a bajar hacia sus dedos, para entrelazarlos con los de él.
- Max... -susurró ella.
- Shhh....
Esa sonrisa, esa boca... esas filas de perlas blanquecinas bajo esos labios tan masculinos y tentadores... Esos ojos, esa mirada... esos cabellos del color del fuego que le hacían desear conocer a la ardiente mujer que se ocultaba tras ellos...
Con otro leve movimiento de la mano derecha, la acercó aún más hacia él, y con pasarle la otra mano hacia la escueta cintura, logró moverla con facilidad y dejarla encerrada en sus brazos. Acercó su rostro hacia el cuello femenino, y el delicado perfume volvió a embriagarlo con su ternura.
Con suavidad, y disfrutando de las sensaciones a cada instante, le dio un beso en el cuello, mientras la dejaba en contra del escritorio, obligándola tiernamente a sentarse en él.
No podía... no podía resistirse. Ese toque, esos besos... ese sentimiento de estar presa, rodeada por un pecho tan protector, y por esos brazos tan fornidos... Cerrando los ojos y dejándose llevar por el momento, lo atrajo hacia sí con un abrazo, y estirando la mano derecha, tanteó el control remoto de las luces, y las apagó.
Ahora sólo el reflejo de la laptop iluminaría el recuerdo de esa noche.

Estacionó el Mazda, y con suavidad apagó el motor, sólo para girar su rostro y embelezarse al verlo dormir junto a ella, con ese gesto tan propio de un nene chiquito que él tenía. Dana se aseguró que Max estuviera dormido y, acariciándole el rostro con los dedos, se permitió perder un segundo más mirándolo dormir.
Tratando de dejar de lado las locas ideas que vinieron a su mente, se bajó del coche, y se fue hacia la puerta del acompañante, la cual abrió con cuidado de no despertar a ese chico al que... no... esos sentimientos los había dejado atrás hacía mucho tiempo ya.
La colorada movió el rostro con delicadeza negando sus propios pensamientos, y procedió a quitarle el cinturón de seguridad, para después agacharse, y bajarle los pies del auto: realmente ese día Max había tomado demasiado.
Se inclinó sobre él, y pasándose la mano derecha del joven por su cuello, lo tomó con su brazo izquierdo por la cintura, y lo bajó del auto, dejándolo apoyado al lado de la puerta, la cual cerró con suavidad.
Esta vez lo tomó por el otro lado, y comenzó a caminar. Cuando llegó al ascensor, agradeció que no tuvo que esperar mucho, porque cargarlo a Max le resultaba demasiado pesado: siendo quince centímetros más baja que él, Dana no era tan fuerte como para cargarlo, y el morocho iba bastante encorvado.
La puerta se abrió en un solitario último piso, cuando sólo la luz de la luna reflejaba en la oficina central de los tres socios: la de Max. Caminando como podía, Dana se acercó a la puerta de vidrio que estaba cerrada, y empujándola con la espalda, se las arregló como pudo para cargar a su amigo.
Sin embargo, el piso no estaba solo. Al escuchar el ruido de pasos, Elis -que dormía en el sofá de su oficina- despertó, y pudo ver a la colorada cargando a Max como podía. Cuando lo estuvo acostando en el sofá, la rubia se dirigió hacia la oficina.
- Como en los viejos tiempos... -murmuró Dana mientras terminaba de acostarlo, y Elis la escuchó.
- ¿No era que no te acordabas de nada? -preguntó.
- No se de qué me hablás...
Sin decirse ni una palabra más, se dirigieron al ascensor.
Mientras bajaban, Elis se quedó mirando a su amiga que, recostada contra la pared, había inclinado su rostro hacia la izquierda, por lo que sus rojizos cabellos le cubrían la triste expresión de sus ojos.
En ese momento, mientras los pisos se sucedían -y al sentir el exquisito perfume de hombre, típico de Max, que Dana irradiaba, la rubia sintió algo que nunca había sentido hacia su amiga. ¿Qué era? Eran... eran... celos... ¿Celos?
Sí, en ese momento hubiera deseado ser Dana para haber pasado la noche con Max, y... meneando la cabeza evitó pensar en eso. No podía. No sabiendo lo que una vez había pasado entre Dana y Max.

Bueno, esto ha sido todo por hoy, y espero que les guste... ¿Dejan comentarios? Nos vemos en el próximo artículo!! Disfruntelo!!

Tags: literatura, novela, suspenso, romace, amigos, empresas

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Kamus_99
Jueves, 10 de enero de 2008 | 4:44
Muy, Muy bueno el cap?tulo!!!
As? ke entre Dana y Maz hay una historia y Elis la desconoce y tambi?n siente atracci?n hacia el tipo. Muy bueno, no veo la hora de continuar con el pr?ximo cap.
Autor: BlueBrain
Viernes, 11 de enero de 2008 | 4:53
Excelente!!! ya empiezan a enredarse las cosas! Ya me imaginaba que las chicas iban a competir por Max. Estupendo cap. Escribir de a dos debe ser muy complicado pero ustedes lo hacen muy bien
Viernes, 11 de enero de 2008 | 19:22
Hola chicos!! Gracias por continuar leyendo!! Les prometo que en el pr?ximo cap?tulo habr? un dibujo por parte de Foxys...
Gracias por leer y por comentar!! Nos vemos en el pr?ximo art?culo!! xwrite
Autor: Aldair_88
S?bado, 12 de enero de 2008 | 4:50
Ke bien describen los hechos, Dana y Max son pareja "eventual" por lo ke parece y Ellis no sabe nada, ked? shokeada cuando le? este cap.
Muy bueno, las felicito!
S?bado, 12 de enero de 2008 | 16:43
Genial el capitulo!!!!!!!!!!! Me gust? mucho como describen la parte de la "borrachera", es muy dulce y sugestiva. Pobre Ellis, me parece que Dana ya le sac? ventaja con Max

 

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