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![]() - Yo te diría que vuelvas a tu casa... -murmuró la voz. - ¿¿¡¡Y por qué debería hacerte caso!!?? -preguntó Sergio, bastante sacado de sus casillas. - Porque yo siempre tengo la razón... - ¿¿”Tu”?? - Si, yo.... Sin decir ni una palabra más, Petrelli frenó en seco, y se dirigió de vuelta hacia su casa. Al llegar, volvió a dejar el auto frente al garage, y entró precipitadamente. Recorrió todas las habitaciones escudriñándolas, hasta que por fin se detuvo en el garage, donde vio que ni siquiera quedaba rastro del Corvette negro de su hijo. En eso, tocaron el timbre. Al estar sumido en su mundo, el sonido logró asustarlo, y sin pensarlo dos veces, se asomó por las ventanas del portón del garage, y vio un camión de mudanzas que estaba estacionado frente a su casa. Lentamente, se dirigió a la puerta de entrada, y con sospechas, atendió. - ¿Si? -preguntó frío, y a modo de saludo. - ¿Señor Petrelli? -preguntó uno de los jóvenes, el cual sostenía una planilla y una birome en su mano- ¿Usted es el esposo de Carla Petrelli? - Si -respondió seco- ¿Qué pasa? - Traemos el sofá que encargó hace dos semanas. Firme aquí por favor... -y le tendió la planilla. Sergio se quedó pensando mientras simulaba leer la planilla, y recordó que su esposa había comprado un sofá hacía un tiempo. Sin oponer más resistencia, y llorando por dentro por haberla perdido, dejó que los jóvenes entraran el sofá. Cuando estos se fueron, le quitó el plástico, y se recostó en él. - Disfruta esta comodidad, porque dudo que vuelvas a sentirla... -susurró la voz molesta. - ¿Por qué lo dices? -preguntó el detective, ya resignado a escucharla. - Esa manía de preguntar “por qué”. JFK dijo una vez que “mientras algunos preguntan ‘¿Por qué?’, yo prefiero preguntar ‘¿Por qué no?’... Deberías implementarlo... -dijo sarcástica. - Bueno... ¿Por qué no podré disfrutar mucho más esta comodidad? -realmente estaba resignado. - Porque yo que tú, miraría lo que hay debajo del sofá. Rápidamente, se levantó de un salto, y miró los amplios almohadones color beige oscuro del sofá, palmó su tela, analizó la situación, y en una arranque de nerviosismo, comenzó a levantar los almohadones, dejándolos a un lado, sólo para darse cuenta de que había grandes manchas de sangre en el tapizado. Más desesperado aún, buscó una tijera, y comenzó a cortar la tela, dejando hilachas por doquier. Segundos después, sintió algo dure entre el relleno del sillón, y comenzó a despedazarlo con las manos, hasta que sacó una bolsa de plástico con algo adentro, y atada con hilos. Cortó el hilo tan nerviosamente, que la tijera también cortó sus dedos, y dejó una pequeña marca de sangre sobre el sofá. Se sentó en el piso, apoyó sus espaldas sobre lo que quedaba del sillón beige, y comenzó a abrir el sobre de plástico. Dentro, encontró cartas. - ¡No puede ser! -exclamó- Estas cartas son... - Si... así es... -le confirmó la voz. - ¿Y cómo es que...? El celular comenzó a sonar, y sin soltar las cartas, atendió. - ¿Si? ¡Sonia! ¿Qué pasó? - Tengo malas noticias, Sergio... -respondió ella, con un tono de voz bastante triste. - Max dirigió el grupo a la redada del último sospechoso, pero encontraron al hombre en su casa, desangrándose sobre su sofá beige. Los del grupo continuaron investigando, pero al retornar a la habitación, el sofá había desaparecido... -un momento de silencio aconteció, y como él no contestaba, Sonia inquirió- Sergio... ¿Estás escuchando? - Sí, si, lo siento... -murmuró- Estaba sacando conclusiones... ¿Algo más? - Si, lo peor... - ¿Qué pasó? -volvió a desesperarse. - Max... ha sido herido... Está en el hospital de la cuarta avenida, ve a verlo, yo te cubro en la Estación. Sin pensarlo dos veces, y tras guardar las cartas en la bolsa de plástico, y asegurarlas bajo llave en la guantera de su coche, encendió el motor, y salió hacia el Hospital. Al llegar, se detuvo en la zona de estacionamiento de emergencia, y entró rápidamente. Preguntó en la entrada dónde se encontraba Max, y una enfermera lo guió rápidamente hacia Terapia Intensiva. Tras mostrarles la placa a los médicos, lo dejaron entrar. Al acerarse, pudo notar que Sorgber tenía la mitad de la cara vendada cubriéndole un ojo, el hombro derecho vendado por una herida de bala, al igual que la pierna izquierda, a a altura del muslo. Al sentir ruidos, lentamente abrió el ojo que le quedaba libre. - Sergio... -murmuró casi sin fuerzas... - Guarda silencio, Max... Tienes que soportar, ya mejorarás... - No mientas... Quedas a cargo de la estación... Una pequeña alarma sonó, y las enfermeras acudieron rápidamente. Quitaron a Sergio del lugar, y comenzaron a buscar la desfibriladora... Después de eso... Los recuerdos del detective fueron demasiado borrosos... Esto ha sido todo por hoy. ¡Nos vemos en el próximo artículo! ¡Éxitos! Tags: literatura, argentina, novela, suspenso, terror, thriller Autor: Aldair_88
sábado, 20 de octubre de 2007 | 6:31
Autor: Kamus_99
sábado, 20 de octubre de 2007 | 6:55
Autor: BlueBrain
lunes, 22 de octubre de 2007 | 6:21
Autor: Niisan-Otaku
lunes, 22 de octubre de 2007 | 17:27
Autor: ThunderGirl_vw
lunes, 22 de octubre de 2007 | 22:33
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vol 4.34 "Passionate Literature" - by ThunderGirl
2009 - Santa Fe, Argentina