![]() |
||||||
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
|
Lentamente estiró su mano izquierda, y rozó el lado opuesto de su cama, buscando sentir el cuerpo de su mujer. Al no tocar nada, Sergio se despertó sobresaltado, transpirado y cansado: había estado soñando toda la noche con la voz que le hablaba, le decía cosas... Cosas que no era demasiado buenas. Haciendo su mayor esfuerzo, se levantó de la cama, y rápidamente se dio una ducha para higienizarse. Se vistió, juntó su placa y su arma, y se dirigió a la cocina, en busca de su mujer. Para su sorpresa, ella lo estaba esperando con el desayuno y, aunque muy dentro de él quería abrazarla y besarla hasta dejarla sin aliento, algo hizo que la tratara secamente, casi sin dirigirle palabra. - Sergio, mi vida... ¿Qué tienes? Desde anoche estás muy raro... -preguntó acercándose, mientras le acariciaba el brazo. - Estoy cansado -respondió él, en un gruñido. - Ya lo se... -dijo ella- Pero cuando estabas con el caso de Bonetti, y te estabas poniendo igual que ahora, me prometiste algo... -como no hubo respuesta, Carla continuó hablándole, mientras se apegaba más a su brazo- Me prometiste que te ibas a ver con alguien... - ¿¡Con quién!? -se exasperó Petrelli. - Me dijiste que ibas a hablar con el psicólogo de la Estación, mi amor... -trataba de usar todos sus encantos femeninos, pero nada parecía importar- Ese último caso fue muy traumático, y yo entiendo que estés así, pero esto ya no... El hombre no la dejó terminar de hablar, ya que se levantó raudamente, y cruzando la casa como un fuego se subió en su Mondeo, y se desapareció en camino a la Estación. En eso, Alejandro, su hijo, bajó asustado las escaleras tras sentir el golpe de una silla, y vio a su madre llorando en la cocina. - Te dije que es una inútil... Quiere convencerte de que hagas lo que ella quiere... - ¡Cállate! ¡No quiero escucharte! Petrelli iba conduciendo cada vez más desesperado, ya que esa voz no se calmaba, no se callaba, y a cada momento comenzaba a decirle que le hiciera cosas horribles a su esposa, y a su hijo. Nervioso por la situación, subió el volumen de la radio del auto, y continuó dirigiéndose a su trabajo. Al llegar, fichó su horario de entrada -bastante más temprano de lo normal-, y se dirigió hacia la computadora de Fernando, justo para encontrarlo a él ya sentado, investigando. - ¿Encontraste algo? - Nada, jefe... Parecería que estas personas no tuvieran identidad -respondió. - ¿Y Max? ¿Sabes donde está? - Está mirando el interrogatorio de la mujer... Todavía no han terminado. Sin decir nada más buscó un café, y cruzando el pasillo, dobló a la derecha, y entró a la pieza oculta tras el gran espejo de la sala de interrogación. Al ver a Max inclinó la cabeza, y le ofreció el café. - Aún no dice nada... Ni siquiera quiso aceptar los tratos que le ofrecimos... Ni siquiera quiso llamar a un abogado... Nada... -Sorgber parecía anonadado. - ¿Y los tratos de libertad condicional? - Simplemente dijo: “Esto es Por Pedro Bonetti”, y nada más... Ambos guardaron silencio. Decidieron volverla a su celda, y continuar con el interrogatorio más tarde, porque en ese momento carecía de sentido. Salieron del lugar y se dirigieron a la oficina de Max, cuando en ese momento, una ráfaga de viento atravesó la Estación, llevando consigo una voz que sólo Sergio pudo escuchar. - ¿Sabes? Ahora mismo están atracando una concesionaria de coches.... - ¿Qué? -preguntó en voz alta el detective, justo cuando se dio cuenta que era el único que había escuchado esa voz. - ¿Qué ocurre, Sergio? -le preguntó Max preocupado por el gesto de su compañero de trabajo. - Nada, lo siento... -dudó el aludido- Solo razonaba en voz alta los hechos... - De acuerdo... Justo cuando ambos iban a retornar su camino hacia la oficina de Sorgber, la alarma de emergencia empezó a sonar por todo el lugar, y Sonia atendió el llamado de urgencia. Su gesto se desfiguró al escuchar unas palabras al teléfono, y cuando colgó, inmediatamente dijo: - ¡Jefe! ¡Atracaron a una concesionaria de coches, y robaron un vehículo.... Parece que hubo asesinatos! - ¡Emergencia! -gritó Max, mientras encendía la otra alarma- ¡Quiero a los escuadrones en el lugar ahora mismo! ¡Sergio tu vienes con nosotros! ¡Y equipado! Los coches policíacos, las unidades de emergencias, y dos camiones con miembros del escuadrón táctico cruzaron la ciudad a máxima velocidad, dirigiéndose hacia la concesionaria afectada. Cuando llegaron, y luego de hacer el reconocimiento táctico de protocolo y seguridad, el equipo de investigadores y médicos entraron a la escena, pero no encontraron a nadie a quien salvar: los cinco empleados que estaban de turno, habían sido asesinados brutalmente, y atados a los volantes de los coches que estaban a la venta. En el lugar donde faltaba uno de los autos, había marcada una silueta en el piso como si se tratara de un cadáver, nada más que estaba hecha en sangre, y en el medio había un papel que decía “Por Pedro Bonetti”. Eso a sido todo por hoy. Espero que les haya gustado, y nos vemos en el próximo artículo!!! ¡Éxitos! Tags: literatura, argentina, novela, suspenso, terror, policíaco Autor: Niisan-Otaku
sábado, 22 de septiembre de 2007 | 19:37
Autor: Kamus_99
domingo, 23 de septiembre de 2007 | 12:06
Autor: Aldair_88
domingo, 23 de septiembre de 2007 | 12:12
Autor: BlueBrain
lunes, 24 de septiembre de 2007 | 6:45
Autor: ThunderGirl_vw
lunes, 24 de septiembre de 2007 | 13:25
Autor: Foxys
lunes, 01 de octubre de 2007 | 0:42
HTML permitido: <strong>, <s>, <em>, <u>, <a>, <img>
|
||||||
![]() |
||||||
design & stories copyright by truenoazul_vw
+2011+