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![]() Luego de leer los expedientes que Sergio le había llevado, el capitán Max Sorgber se reclinó en su sillón, y con parcimonia depositó los papeles en el escritorio. El detective los miró de reojo, y escudriñó el gesto de su jefe: no le gustaba en lo absoluto. - Creo... -comenzó a decir Max, y prontamente guardó silencio por unos interminables segundos- Creo que deberíamos tratar de apresarla de la forma más tranquila posible, para no levantar revuelo entre sus ‘camaradas’... ¿Tu qué crees? - Encuentro tu solución bastante acertada, Max... -respondió el aludido, metódicamente. - Bien, entonces eso haremos... Voy a mandar un escuadrón, y espero que estés listo para la reunión. - ¡Sí, Señor! Para las seis de la tarde, todo un escuadrón de tácticas de la estación se estaba preparando para la redada, esperando poder capturar a la sospechosa. Tras dar un informe de lo averiguado, y con las órdenes ya impartidas, el escuadrón partió raudamente, dejando al detective Petrelli en la estación, bajo órdenes de Sorgber. - ¿Por qué quieres que me quede? -le preguntó Sergio. - Porque vos capturaste a su jefe, por eso... Y no quiero arriesgarme a perder a mi mejor detective -sin dudar dos minutos, miró para su oficina, y vio que el sofá estaba despejado- El sofá de mi oficina está libre, anda a dormir un rato, lo necesitas... - Gracias... -fue la respuesta, tras un rato de duda. Sin dudarlo demasiado, fue directamente a la oficina. Ni siquiera se preocupó por cerrar la puerta, o bajar las persianas. Simplemente se aflojó un poco el cinto del pantalón, acomodó los almohadones, se acostó, y cerró los ojos. Muy pronto, se durmió plácidamente. El sol estaba bajando lentamente llenando el cielo de tonos cobrizos, rojos y naranjas, iluminando en esa gama la calle grisáceamente asfaltada, por la que el detective Sergio Petrelli caminaba. Muy tranquilo, y con las manos en los bolsillos, se procuraba un paseo por las hermosas calles de su ciudad, cuando un mal sentimiento comenzó a acosarlo. Como reflejo automático, escudriñó las vidrieras de alrededor, y nada parecía fuera de lugar: la gente paseaba, caminaba tranquilos, jovencitas con uniforme de escuela se reían frente a una tienda de ropas de novia, dos muchachos soñaban frente a otra de repuestos de automóviles... Todo parecía demasiado normal y tranquilo. En eso, la misma furgoneta negra de la otra vez paró en la calle, pero nadie pareció percatarse de su existencia. Petrelli desenfundó su arma, y los apuntó, gritándoles, pero nada pasó: era como si él no estuviera en ese lugar... como si fuera un fantasma. Un tanto sorprendido, se acercó y miró la escena: cinco hombres vestidos con ropas de cuero y grandes armas entraron en un local de comercio de multimedia, y robaron un equipo de audio, luego de asesinar al empleado, y destruir la vidriera a balazos. Salieron corriendo de la tienda, y se subieron a la furgoneta, que salió disparada hacia otro lugar. Sin embargo, ninguno de los peatones, ni los compradores que estaban en la tienda, parecían darse cuenta de la situación: por el contrario, continuaban caminando y comprando, sin percatarse del rastro de sangre que se expandía debajo del mostrador del local, y de los vidrios esparcidos en torno a la vidriera. - ¡¡Sergio!! Una mujer de aproximadamente treinta años, sonrisa cansina y mirada preocupada, estaba arrodillada al lado del sofá donde él estaba, y procuraba despertarlo. - Sergio, Max quiere verte, atraparon a la mujer... -decía mientras le movía leemente el hombro. - ¿A la mujer...? ¡La sospechosa! -murmuró, para luego despertarse- Gracias Sonia, ya voy enseguida... Sonia era la secretaria personal de Max, quien se encargaba de avisarle de las reuniones con la prensa, y de las demás comunicaciones que llegaban a la estación. Como Sergio se había olvidado de cerrar la puerta, ella había podido verlo dormir durante dos largas horas. Luego de acomodarse la ropa, y de pasarse rápida y velozmente por el baño, Petrelli se dirigió a donde sabía que encontaría a su jefe: la sala de interrogatorios. Entró por la puerta de oficiales, y se encontró con Max, quien miraba a través de la pared espejada, el interrogatorio que le hacía a la mujer. Sergio miró la hora: las 20:30, seguramente, estaría anocheciendo. - Se llama Aurora Ganx... -dijo Sorgber, extendiéndole un pasaporte falso- También es Alma Torren, Florencia Vidaz, y varios nombres más... - Por eso no podíamos encontrarla... - En efecto... el nombre que Fernando encontró y te pasó fue el último, que ha estado usando desde hace cinco años... - Pe... Sergio se disponía a hablar, cuando la alarma de emergencia interrumpió la situación. Ambos salieron disparados hacia la oficina principal, manteniendo sus manos cerca de sus arma, por cualquier emergencia. - ¿Qué pasó? -pregunto Max, al ver un patrullero que salía, y a varios agentes preparándose. - Atracaron una tienda de multimedia y asesinaron al dependiente -explicó Sonia colgando el teléfono- Dos de nuestras patrullas van en camino. - ¿Una tienda multimedia? -preguntó Sergio- ¿Sospechosos? - Cinco hombres vestidos con cuero negro, en una furgoneta vieja. - ¡¡Vamos!! -le ordenó Max, y ambos salieron en otro patrullero. Eso ha sido todo por hoy... Espero que les haya gustado, que dejen cmentarios, y que voten en la encuesta que está más abajo... Los dejo por el momento, y nos vemos en el próximo artículo!! Éxitos!! Tags: literatura, argentina, novela, suspenso, terror, thriller Autor: BlueBrain
sábado, 25 de agosto de 2007 | 6:34
Autor: Kamus_99
sábado, 25 de agosto de 2007 | 6:43
Autor: Niisan-Otaku
sábado, 25 de agosto de 2007 | 20:21
Autor: Aldair_88
domingo, 26 de agosto de 2007 | 10:30
Autor: Aldair_88
domingo, 26 de agosto de 2007 | 10:33
Autor: ThunderGirl_vw
domingo, 26 de agosto de 2007 | 20:23
Autor: Foxys
lunes, 01 de octubre de 2007 | 0:17
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vol 4.34 "Passionate Literature" - by ThunderGirl
2009 - Santa Fe, Argentina