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S?bado, 14 de julio de 2007

¡Chicos! Aca traigo otro capítulo. No puedo creerlo, hace casi un año que escribo esta historia, y casi un ao que la siguen leyendo!! ¡¡Muchas gracias!! Muchas gracias a todos los que la leen y me animan a seguir escribiendo... Ahora los dejo con el capítulo...



Había dejado el celular sobre la mesa de luz, y cansado de tanto correr y derrapar durante la noche, no se daba cuenta del escándalo que este estaba haciendo al vibrar y sonar. Unos pasos fuertes resonaron por el corredor, pero el no se percató: sumido en su mundo onírico, soñaba con tenerla en sus brazos, con abrazarla.
- ¡¡Atendé el maldito teléfono!! -le gritó Diego, tras abrir estrepitosamente la puerta. Si bien era muy tranquilo y calmado, cosas como esa le hacían perder la paciencia.
Víctor saltó sobre su cama y se quedó mirando la puerta desde donde su hermano lo miraba con espadas de acero, en lugar de sus habitualmente desganados ojos celestes.
- ¿Vas a atender o no? -preguntó nuevamente.
- Yaaaaaaa... -dijo entre bostezos el rubio mientras tomaba el teléfono. Sin fijarse quien era, atendió- ¿Hooolaaa?
- Víctor, habla Delfina... -dijo la voz al teléfono, pero sin casi emociones perceptibles- Hoy es sábado y el lunes exponemos el trabajo...
- ¿Eh? ¿Y que...
- Es para recordarte que me dijiste que nos juntábamos a repasarlo a las 10 en la biblioteca.
Y cortó. Víctor ya se había acostumbrado. Desde esa noche que la había visto en la discoteca besándose con otro, ya casi nada le importaba: en su mente sólo cabía practicar con su auto, y aprobar las materias de la facultad.
Eran las ocho, y hacía apenas dos horas que se había levantado. Se vistió con parcimonia, se peinó, y se fue a desayunar. Para no perder la costumbre, su hermano se encontraba reclinado sobre la mesa del comedor con la portátil abierta, y la taza de café en su mano. Rápidamente ojeó a Víctor y volvió a lo suyo.
- ¿Te peleaste con el peine?
- Vos siempre tan amable, Dieguito... -masculló el rubio.
Cuando se hizo la hora, se encaminó hacia la facultad. Iba muy tranquilo por el boulevard, ya que a esa hora no había casi nadie circulando la zona, cuando sintió que alguien lo presionaba desde atrás con al auto. Miró por el retrovisor, y se cercioró de que no hubiera nadie. Pisando a fondo el pedal, comenzó a acelerar para tomar la rotonda que permitía el acceso a la avenida de la costanera, cuando un auto empezó a pasarlo por afuera.
Rápidamente miró hacia la derecha para enterarse de que se trataba, nada más y nada menos, del Golf de Delfina Bocaccio, quien no parecía tener intenciones de disminuir la velocidad. Miró el velocímetro: era demasiado, dos segundos más así y saltaría por la baranda para caer al río. No le quedaba otra.
Instintivamente frenó, y ladeó levemente la cola de su Mégane CC, y vio que Delfina había hecho lo mismo, y que a su vez le estaba sacando ventaja. “¿¿¡¡Pero cómo...!!??” maldiciéndose por no haber reaccionado antes, pero al mismo tiempo divirtiéndose por lo que estaba haciendo, aceleró y le siguió el ritmo. A la salida de la rotonda, debía esquivar el ingreso al puente colgante, así que ambos autos se tiraron hacia la izquierda, esquivando los otros coches que venía por la otra mano.
Tal como era de esperarse, el VW Golf le sacó ventaja y llegó primero al estacionamiento de la facultad. Delfina se bajó, y comenzó a juntar sus apuntes, cuando Víctor se bajó del auto.
- ¿Qué te pasa? ¡Derrapaste en media ciudad y a pleno día!
- Ya sé... Y podríamos haber caído al agua... -le contestó con total sequedad.
Víctor se quedó de una pieza. No podía creerlo. Delfina no le tenía ni el más mínimo miedo a matarse corriendo. Tragó en seco al recordar la fea sensación que el había sentido al esquivar la entrada al puente y saltar en el pequeño desnivel, y sin decir nada, se dirigió hacia la biblioteca.
Así pasaron los minutos, las horas... Ambos se querían, pero ambos se habían negado a quererse. Pasaron los días y llegó el lunes. Sentados uno al lado del otro, y casi sin hablarse, Víctor y Delfina esperaron su turno. Pasaron dos horas hasta que los llamaron, y cuando por fin lo hicieron, entraron muy seguros.
Delante de los profesores desplegaron varias láminas, y se pusieron a hablar explicando todo el proyecto, y dejando anonadados a los docentes con el nivel de sus conocimientos y manejo del tema. Al cabo de un rato salió el profesor con las notas y una sonrisa notable.
- Chicos, realmente tengo que felicitarlos -dijo mientras les estrechaba la mano, y hacía que sus palabras interesaran a los presentes- Hablaron muy bien, hacen muy buena pareja para la investigación. Sin embargo... -bajó el volumen de la voz, y se acercó un poco- parecería como si no se quisieran hablar, y eso es muy importante en el trabajo en equipo... -volvió a azar la voz- En fin, no los molesto más... ¡Felicitaciones!
- Gracias... -murmuraron ambos, respondiéndole al docente.
En silencio, se fueron hacia el estacionamiento. Víctor se preguntaba cuándo volvería a verla, porque ahora que habían terminado las clases, y que habían terminado de rendir, ya no tenían motivos para verse. Como seguían en silencio, no se animó a decir nada, y se fue hacia su auto. En eso, la delicada voz de Delfina lo trajo a la realidad.
- ¡Víctor! -lo llamó, y le sonrió como hacía mucho que no hacía- Espero que nos sigamos viendo...
Estaba apoyada sobre el techo de su Golf, mientras lo miraba con sus ojos color miel, tan brillantes y alegres como hacía mucho que no se mostraban. Él la miró sorprendido, anonadado... No supo qué decirle, y ella sin esperar demasiado se subió a su VolksWagen y se fue corriendo, como siempre. “Diego tiene razón...” pensó al quedarse solo. “Soy un idiota...”

- ¡Decime que no es verdad! -se quejó Carmen Bocaccio, mientras miraba con cara de asco a su hija.
- Voy a salir, y no me vas a detener. Me quedo a la cena de año nuevo, y después huyo con Anita...
Delfina vestía una pollera de salir negra, sandalias altas al tono, una remera ajustada color bordó de singular escote, y aros del mismo color. Llevaba el colorado cabello suelto, y la forma de estar maquillada le daban un aire misterioso, acentuado por la mirada sin sentimientos que tenía. Su madre continuaba gritando, quejándose, y argumentando porqué no debería salir, pero ella la ignoraba: había llegado a un punto en que esas cosas ya no le importaban.
Llegaron los invitados, sirvieron la cena, y todos comenzaron a charlar amenamente. Delfina se limitaba a sonreír y miraba a sus hermanos pavoneándose de su vida en Buenos Aires, pensando que porqué ella era tan distinta a su familia. Entre tanta gente y familia reunida, la hora pasó rápido, y se hicieron las doce. Todos alegres brindaron, y comenzaron a saludarse.
Sirvieron el postre, y justo cuando la colorada rogaba por salvación, tocaron el timbre. Inmediatamente saludó a todos y salió: era Anabella, buscándola tal como lo habían planeado. Sacó su Golf a la brevedad y, tras las quejas de su madre, salieron para recibir el año nuevo entre amigos.
Para las dos y media pasadas, ya estaban todos reunidos en la costanera, luego de haber llegado haciendo exposición de autos. Ana, Delfina, Roberto, Ignacio, Roxana, Nadia, e incluso Víctor y Diego se les habían unido. A las tres empezaron los fuegos artificiales y todos se quedaron maravillados viéndoles.
En ese momento, Diego le pasó la mano por el hombro a Anabella, y se acercó a su oído susurrándole unas palabras.
- ¿Vamos a caminar a ver los fuegos artificiales?
- Vamos... -dijo ella sonriente, y disimuladamente, se alejaron del grupito.
Cuando terminó el espectáculo, todos se pusieron a hablar, y a discutir sobre a dónde podían ir ya que, además de ser varios, había varios autos de los cuales preocuparse y encontrarles estacionamiento.
Mientras todos hablaban, Víctor se recostó sobre el lado de su auto, y se quedó mirando las estrellas. Delfina giró su rostro y lo observó tranquilamente: tenía una pierna sobre la otra, las manos en el bolsillo del pantalón de salir color gris, una camisa negra finamente arremangada hasta el codo, y el cabello rubio que tan bien le quedaba.
- El cielo se ve hermoso... -le dijo acercándosele.
El joven bajó la mirada un tanto extrañado de que ella le hablara: ya había pasado un tiempo considerable desde lo que él le había dicho esa noche, y las cosas no habían vuelto a como eran antes. Sin embargo, el no perdió tiempo, y la observó bien. Esa remera de salir bordó, y ese escote le quedaban demasiado bien.
Comenzaron a hablar sin percatarse de que hacía un buen tiempo que Diego y Ana habían “desaparecido”, y en un rato se dieron cuenta de que estaban hablando como lo hacían antes de que se encontraran con Pablo.
Como a las tres y media estaban subiéndose todos a los autos para ir a una discoteca, cuando el Vectra se puso en marcha. “¿Cuándo llegó esta?” pensó Delfina el Stealth no tardó demasiado en alzar sus faros ocultos, y todos se fueron juntos a divertirse.
Por ese tiempo, Delfina y Víctor comenzaron a hablarse nuevamente, e Ignacio aprovechó la salida para estar más tiempo con Roxana y charlar con ella. Realmente la pasaba muy bien con la morocha, era la chica ideal, la que no le criticaba nada, se reía de sus chistes malos y era hermosa al mismo tiempo.
La noche transcurrió lentamente, y a la vuelta Víctor se desvió del camino para acompañar a Delfina. Cada uno iba en su auto, pero se miraban por los espejos para cerciorarse que seguían ahí. Al llegar a la casa de la joven, Delfina paró el auto, y pidió que el se detuviera.
Al hacerlo, ella se acercó a la ventana del auto, y le dijo:
- Víctor... -hubo un silencio. Ella iba a decirle algo, iba a hacerlo... pero no se animó- gracias...
- De... nada... -contestó él, tratando de darse fuerzas para decirle algo... pero tampoco podía.
Y así pasó otra noche, otra oportunidad desperdiciada. Ambos se acostaron pensando en “qué hubiera pasado si...” pero ese momento ya había pasado. Tendrían que aprovechar más las futuras oportunidades, sin embargo, ninguno se animaba. No después de lo que había pasado, de lo que se habían dicho... y hecho...
Tendrían que sobrellevarlo, persiguiendo fantasmas de fuego, en la noche oscura del miedo a quedarse solo y a perder lo que más querían en el mundo.

¿Gustó? Espero que sí... Espero que me dejen sus comentarios, y nos vemos en el próximo capítulo!!!

Tags: literatura, argentina, novela, suspenso, acción

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: AlmaWeb
S?bado, 14 de julio de 2007 | 1:04
Pero que bien escribes, que bonita historia pero mira a ver si le achuchas mas a Delfina que la pobre est? ya hartita de dormir sola, ajjaja, en serio cielo, me encanta la historia es muy buena y de veras escribes re bien como decis vosotros :p)
Un besote!!!
Autor: Kamus_99
S?bado, 14 de julio de 2007 | 6:45
genial el cap., Si est?n muertos el uno por el otro...
se ha puesto cada vez mejor esta novela, te felicito
Autor: Aldair_88
S?bado, 14 de julio de 2007 | 6:58
GRRRRR!!! Pero ke tontos esos dos, si se aman,... me hacen poner nerviosa...
Trueno, muy bueno el cap.
S?bado, 14 de julio de 2007 | 19:58
?pero que buen cap?tulo! cada vez escribes mejor y le pones m?s suspensi, si es que se puede. Te felicito, muy pero muy atratante este cap?tulo
Autor: BlueBrain
Domingo, 15 de julio de 2007 | 10:29
que buen cap?tulo y que real, cuantas vece he visto que por no decir lo que se siente, se pierden oportunidades ?nicas. Te felicito, excelente el cap.
Autor: Foxys
Domingo, 15 de julio de 2007 | 21:01
truenoooo!!!! que weeennn caaappppp muy wenoooo quero maaasss :-/
Domingo, 15 de julio de 2007 | 21:13
??Gracias!! Me alegro que les haya gustado, ya ver?n que les va a encantar como termina esta historiaza que me mand? :P)

 

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