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S?bado, 30 de junio de 2007

¡Hola a todos! Acá traigo otro capítulo más... ¡El 50! ¡Caramba! Nunca pensé que fuera a durar tanto... En fin, espero que les guste, y no es tan triste como el anterior... ¡Dejenme comentarios, plis!


- Creo que lo mejor sería que se sentaran...
Don Lombardi había mascullado la última frase mientras se relajaba en su sillón, y disfrutaba de ver los rostros sorprendidos de las chicas. Éstas hicieron caso, y se sentaron en los dos sillones libres, mientras miraban a Daniel Ledesma, que sonreía como tramando algo.
- ¿Están sorprendidas? -preguntó en su tonito burlón habitual.
- ¡¡Si!! -contestaron al unísono- ¿Profesionales? -preguntó Ana luego.
- Sí les voy a explicar -prosiguió poniéndose serio- Yo soy gerente de un grupo de automotores y, me dijeron que busque corredores jóvenes que puedan hacer “demostraciones” con los autos. En ese momento recordé a Alberto, y me vine para acá, justo cuando me enteré de las callejeras... Las fui a ver, y supe que ustedes iban a ser las personas que andaba buscando -sacó un cigarrillo que el viejo Lombardi no lo dejó encender, y jugando con él entre los dedos, prosiguió- La cuestión es que en el próximo TC que se haga el año que viene, van a hacer muestras de drifting... Están ustedes dos, y seguramente que los otros grupos automotores ya buscaron representantes... ¿Qué dicen?
- ¿Y que tendríamos que hacer? ¿Con qué autos correríamos? -inquirió Ana, mientras Delfina continuaba sonriendo anonada.
- ¡Con el Golf, por supuesto! -y eso si llamó la atención de Delfina- Las dos juntas, va a ser con copilotos, y en el circuito callejero... Donde corrieron contra el Eclipse...
- ¿Cómo sab... -empezó a formular Delfina.
- Yo las fui a ver... Realmente impresionante la resistencia que tuvieron en esa carrera, y lo bien que las presionaron a las otras, hasta que desaceleraron en esa curva... En fin, sigamos... -dejó el cigarrillo en la mesa y continuó- Si ustedes quieren, van a tener que practicar mucho, el grupo está dispuesto a colaborar con dos juegos de cubiertas por mes, y algunos otras cosas en dinero, necesitarán armar el equipo con un mecánico, y sobre todo les pediríamos discreción, y medidas de seguridad en su auto...
- ¿Y? -interrogó el viejo, que hasta el momento se había limitado a observar- ¿Qué van a hacer?
Anabella y Delfina se miraron. Se entendieron. Ya sabían lo que iban a hacer... Las oportunidades se dan una sola vez, y no la iban a desperdiciar. Ambas asintieron sin decir ni una palabra, y Delfina se dirigió hacia Daniel:
- Esta bien, aceptamos... -dijo- Pero vamos a seguir estudiando mientras hacemos esto...
- Por supuesto... Entonces queda hecho el trato...
Y con el trato hecho, en una semana ya habían armado el grupo, con Ignacio como mecánico asesor, y ellas como las locas conductoras.

Los días comenzaron a pasar y Delfina, quien debería estar contenta por haber logrado lo que quería, iba de mal en peor. Cada vez más cerrada sobre sí misma y su auto, comenzó a preocupar a Anabella. Esa noche, la rubia se cercioró de poner el despertador temprano para llegar temprano a la universidad, y hablar con quien creía que era la fuente del problema.
Y así lo hizo.
Siete en punto de una mañana de octubre, el reluciente Chevrolet Vectra color aguamarina descansaba en el estacionamiento de la facultada, con una rubia recostada en su lado. Se había cerciorado de dejar su auto al lado del lugar que Víctor siempre usaba, y al llegar, se limitó a esperar.
Pero no tuvo que esperar demasiado, ya que dos minutos después de que ella llegara, un Renault Mégane II CC, aparcó al lado de ella, y el joven Camperetti se bajaba con una cara de pocos amigos al verla. Lo que más le molestaba de la rubia, era que a su hermano le gustaba, y a él nadie se lo tocaba.
- Buenas, Víctor... -saludó Ana, sarcásticamente. Al no obtener respuesta y ver que el rubio trataba de irse, lo tomó por el brazo, y con una fuerza inusual lo obligó a darse vuelta- Quieras o no te vas a quedar, porque yo tengo que decirte algo...
- ¿Y se puede saber sobre qué es? -contestó, mientras movía su brazo alejando la mano de Ana.
- Si, sobre que sos un idiota -le contestó con firmeza.
Víctor se limitó a mirarla con su peor cara. “¡Lo que faltaba! ¡Ahora veo porqué le gusta a mi hermano! Tiene ese mismo carácter de...” pensaba, mientras la otra adoptaba su peor carácter, y se disponía a atacar con toda.
- Hace unas semanas le dijiste a Delfina que se mantuviera alejada de vos...
- ¡Hey! Yo no dij...
- ¡Te callás! ¡Estoy hablando yo! -le gritó, y por momentos parecía que dos espadas de hielo saldrían de los celestes ojos de Anabella, para matar al chico- No creo que sepas esto, pero te lo voy a contar, para que veas el error que cometiste: antes de conocerte, Delfina vivía para las carreras, y para su auto: era de lo único que hablaba, pero cuando te conoció... Sus prioridades comenzaron a cambiar. Dejó de ser esa chica tan... -sus ojos se humedecieron de lágrimas, pero se contuvo- tan cerrada que era, y comenzó a ser feliz. Era feliz sólo con verte, y su forma de ver la vida cambió. Ya no le importaban los autos no más, había comenzado a abrirse... Pero ahora está peor que antes -Víctor palideció- No se con certeza lo que le dijiste, o porqué lo hiciste, pero desde ese entonces, corre para matarse. Derrapa a 160km/h, acelera como un demonio y hace locuras que había dejado de hacer, sólo porque creía que había un chico que la quería...
Víctor miró hacia el costado, y se vio la cicatriz que tenía en la mano derecha. Sí... esa marca iba a quedar ahí, como recuerdo del peor error de su vida.
- Yo... no sabía que iba a ser para tanto...
- ¿Por qué lo hiciste?
- Porque ella ya pasó por demasiadas cosas como para preocuparse por mí también... Esa noche, cuando comenzó a llorar porque Pablo casi me pega... No lo pude soportar, no quería que llorara, no por mí...
- Entonces, no la querés, y mucho menos la amás -sentenció Ana, y los ojos miel de Víctor se clavaron en los suyos- Amar, querer, como quieras decirle, no es vivir la vida color de rosas. Pasás por cosas buenas y malas, sufrís por el otro, y sos felíz cuando el otro está bien... Lo que hiciste no fue más que un acto de egoísmo... Víctor, no sos más que un nene de plata que no conoce nada de la vida... Me das asco...
Le pasó por al lado, y lo empujó con el hombro, abriéndose paso. Si bien no era demasiado alta, en ese momento Víctor se sentía peor que una cucaracha, y había sentido ese empujoncito -y esas palabras- como un pisotón y frías dagas enterrándose en su corazón. Había sido un tonto. Ahora lo sabía, pero era demasiado tarde: el error se había cometido, y tardaría bastante en recuperar la confianza de Delfina... o... en darse cuenta de lo que verdaderamente sentía.

Ana se dirigía a clases, cuando una mano varonil tomó la suya. Sorprendida, se dio vuelta ágilmente, para darse cuenta de que se trataba, nada más y nada menos, que de Diego, su amor platónico. Lo único malo era que no traía una mirada demasiado alegre.
Le soltó la mano y le acomodó un mechón de cabello, haciendo que ella pasara de una depresión, a estar en el séptimo cielo. Luego, mirando para ambos lados, la empujó un poquito para que continuara caminando.
- ¿Le dijiste algo a mi hermano? -preguntó, cuando se cercioró de que nadie importante les escuchaba.
- Si, que es un idiota -contestó firme, mientras la sonrisa se borraba de su rostro.
- O sea, la verdad -secundó el morocho, mientras le abría una puerta y le indicaba que pasara- ¿Y cómo se lo tomó?
- Como una puñalada al corazón...
Silencio. Se subieron al ascensor para ir al último piso, y al cerrarse la puerta Diego tomó la iniciativa para hablar.
- Tengo que decirte algo, Ana -ella se quedó muda- Unos tipos de la GMC nos llamaron, para que corramos en una muestra de drifting como profesionales...
Ya. Viniendo de ese pedazo de hielo con forma humana, nada tierno, romántico, o simplemente lindo para una chica, podía salir de su boca. Ana se reprochó a sí misma por fantasear despierta, y cayó en la cuenta de las palabras de Diego. En unos meses, volverían a correr contra ellos.
- Diego... A nosotras también nos buscaron, pero de otro grupo...
- Bien -sus fríos ojos celestes parecieron cobrar vida al mirar a Ana por unos segundos- Eso quiere decir que vamos a correr juntos dijo.
En eso, el ascensor paró, la puerta se abrió, y Diego Camperetti salió caminando como si nada, dejando a una jovencita bastante confundida, que justo antes de que se cerrara la puerta del ascensor, recordó que se bajaba en ese piso.

Un día especialmente particular llegó a su fin, y Delfina decidió salir a correr, porque había estado todo el día estudiando, sin ir a clases, y era hora de relajarse. Encendió su auto, y el portón eléctrico comenzó a abrirse. Al salir vio que, a pesar de estar en primavera, una neblina estaba bajando sobre la ciudad.
Sin importarle demasiado, salió tranquila encarando hacia la S. Prendió la radio y comenzó a escuchar “...jó una neblina. Se recomienda no conducir porque la visibilidad de sólo cien met...” el incógnito narrador fue censurado por un CD de música colocado en el reproductor, que automáticamente anuló la radio, y comenzó a sonar. Se detuvo en el semáforo, y su celular comenzó a sonar. No prestó atención a quien era, y apagó el teléfono, para que no la molestaran. El semáforo se puse en verde, y arrancó dejando el aparato en el asiento.
Llegada a la ruta, la visibilidad era muy escasa y, a pesar de los faros antiniebla y los de profundidad que tenía el Golf, no se veía casi nada. En eso, la colorada prestó atención a la música que corría: “look up, the sky is falling, falling...” se escuchaba.
- ¡Que oportuno! -masculló, subiendo el volumen- “The sky is falling”, “el cielo se está cayendo”... realmente oportuno.
Y aumentó la velocidad.
Últimamente, eso no le servía. Por más que corría, y corría, no podía concentrarse, la imagen de Víctor y su CC rojo Tijuana, la perseguían como un fantasma que acecha en la noche. Estaba corriendo contra ese fantasma, y sabía que no iba a poder ganar, sabía que... no lo iba a olvidar. La neblina era cada vez más espesa, pero parecía no importarle.
Mientras, en el otro lado de la ciudad, y cansada de que una contestadota le atendiera las llamadas, Anabella sacó su Vectra, y se dirigió al único lugar donde podía estar su amiga: la S. “Por favor, ya se que debe estar corriendo... ¡Pero que no le haya pasado nada malo!”

Esto ha sido todo por hoy. ¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Tags: literatura, argentina, coches, carreras

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Autor: Kamus_99
S?bado, 30 de junio de 2007 | 15:13
me dio gusto ke Ana le abriera los ojos al tonto de Victor, ojal? y haga algo. Muy bueno el cap. :f)
Autor: Foxys
S?bado, 30 de junio de 2007 | 16:19
ojojo parese que si me salio bie el test entonces XD XD, me gusto el cap! muxo muxo! espero el 51???? >.< .. y tambien 4ever childs!!! :P

>.<
Autor: BlueBrain
Lunes, 02 de julio de 2007 | 6:28
Muy buen cap?tulo, la intriga que creas en derredor de Victor y Delfina es atrapante!!!
Lunes, 02 de julio de 2007 | 15:59
?Qu? buen cap?tulo!!! te felicito estuvo muy bueno y espero que se arreglen victor y delfina :-]

 

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