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S?bado, 19 de mayo de 2007

Pipol! Ya se, ya se... con un título como ese seguramente que están todos recontra impacientes de ver (o leer) qué pasa con estos dos tortolitos... los dejo tranquilitos que lean, ya llenaré una nota al pie con mis comentarios ajenos al caso... ;)



Parecía un fantasma, algo irreal... La forma suicida de aumentar la velocidad a la salida de la curva hacía que las manos de Víctor Camperetti temblaran sobre el volante. Se le hacía imposible continuar al paso del Golf... Parecía un monstruo, una sombra... un trueno...
Cada curva incrementaba la velocidad. Rozando los 190km/h, el Golf se encaminó por la única recta tan larga de la ruta. Rápidamente el CC rojo Tijuana de Víctor salió tras ella y acelerando logró mantenerle el paso. El joven miró el velocímetro “¡Imposible! ¿Cómo puede ser? El Golf no tenía esta fuerza... A no ser... ¿Le habrá cambiado el motor? ¡No importa ahora! Tengo que detenerla antes de que se mate”.
Unas luces brillaron en el retrovisor, y Delfina alzó la vista para ver al Mégane II CC de víctor haciéndole señas con las luces. “¡No puede ser! ¿Es Víctor?” Algo le decía que bajara la velocidad, pero la ruta al frente, y el poder renovado del Golf la llevaban a desear recorrer todo ese camino que se veía por delante. La ira que todavía sentía la dominaba, y le hacía dejar de lado los deseos de estar con él.
Una curva se aproximaba, y Delfina no bajaba la velocidad. Rebajó los cambios, pero... fue tarde. “¡Se va! ¡Se va a la banquina!” El Golf comenzó a ladearse en el derrape, y en lugar de cerrarse, comenzó a abrirse en la curva. Las ruedas traseras bajaron a la banquina levantando una gran estela detrás de sí. Víctor redujo la velocidad lo más que pudo para no rebasarla, pero...
El VW salió de la curva todavía con las ruedas traseras en la banquina, y comenzó a enderezarse, sin embargo, las cubiertas del lado izquierdo iban por la tierra. El joven Camperetti se tiró a la derecha para esquivar la estela de polvo, justo cuando el Golf volvía a estar sobre la carretera. Volvió a aumentar la velocidad, y comenzó a derrapar en una curva, cuando...
“¿Intermitentes? ¡Ya entiendo! Espero que sea eso” Víctor vio que el VW encendía sus intermitentes y tomó distancia al derrapar en la curva ni bien comenzaba el próximo tramo recto, Delfina volanteó para el otro lado, y con un derrape de inercia entró el auto en una calle perpendicular a la ruta. Víctor la siguió de la misma forma, y entró en esa callejuela.
Levantó el freno de mano y el auto giró y se clavó en donde estaba. Miró por la ventanilla y vio a Golf detenido en un estacionamiento abandonado, con los faros encendidos iluminando la noche, y las ruedas giradas totalmente hacia la derecha, dándole un aspecto imponente. Pero ese no era el auto de siempre. Las llantas eran diferentes y dejaban ver los discos de freno, tenía un alerón muy aerodinámico, y el motor parecía no ser el mismo. Rápidamente se desabrochó el cinturón y se bajó del auto, esperando que Delfina también lo hiciera.
Pero ella estaba en otro mundo. Dentro del Golf lloraba. Lloraba como nunca lo había hecho, y golpeaba con fuerzas el volante, hasta que por fin apoyó la cabeza contra él, como abrazándolo, y comenzó a murmurar “Perdoname Trueno...” Unos minutos después, las puertas se destrabaron, y Víctor pudo ver a l colorada bajarse del auto. Ella cerró la puerta y se quedó parada ahí. Llevaba el cabello suelto, y el flequillo a la moda le cubría parte del rostro, dejando el resto en penumbras.
- Es... Increíble como un auto puede despertar tantas emociones en una persona, ser a la vez tan liberador, tan atrayente... y tan peligroso -dijo, y Víctor se quedó mirándola, algo no andaba bien- Esa sensación que recorre mi cuerpo cuando veo la ruta girar hacia la ventanilla en un derrape, el sentir las cubiertas correr, y el sonido del motor gritar como si fuese la voz que yo no puedo alzar... ¿Por qué? -una lágrima comenzó a rodar por su mejilla.
- Del, yo...
- ¿Por qué nadie entiende esa sensación de un camino vacío y la necesidad de recorrerlo? Saber que mi auto es mi frontera y que mi límite es el horizonte es todo lo que siento... ¿Entonces porqué no pueden dejarme ser feliz? ¿Porqué nadie entiende que al volantear un derrape mi mundo cambia? ¿Por qué? -Delfina comenzó a llorar, pero recobró la voz, y continuó diciendo- ¿Cómo pude ser tan tonta de destruir lo que más me libera? ¿Cómo pude ser capaz de...
Mas no pudo terminar la frase. Las lágrimas comenzaron a caer sin poder detenerse, e inclinó la cabeza hacia delante para que él no la viera llorar, pero... Esos brazos tan perfectos, tan protectores, tan masculinos la abrazaron. Víctor la apretó contra su pecho, y la abrazó fuertemente, mientras ella continuaba llorando.
Se sentía extraño de ser sentir dos cosas tan diferentes: por un lado, no quería que ella estuviera mal, no quería que llorara, quería ser capaz de hacer que todo el mundo fuera perfecto para Delfina. Pero al mismo tiempo deseaba que llorara, porque sentirla así contra su pecho, sentir los pequeños hipos que tenía por el llanto lo volvían loco, loco... No sabía cómo era capaz de gustarle tanto... cómo era capaz de quererla de esa forma.
Con gran cariño le acomodó el cabello mientras le decía que no se preocupara, que todo estaría bien... Él quería besarla. Quería hacer suyos esos labios, y probar esas lágrimas saladas que hacían que su blanca piel brillara bajo la luz de la luna. Pero no podía. Lo que menos deseaba era que ella pensaba que él quería aprovecharse.
- Víc...
Delfina se separó un poco de él, y lo miró a los ojos. Víctor le acarició el rostro suavemente y, sin dejar de abrazarla, le dijo:
- No es justo que una chica tan linda como vos llore. Vos una vez me dijiste que olvidara mis miedos y corriera... No quisiera ver a la chica fuerte que conozco rendirse tan fácilmente... Si algo pasa es por algo...
- Sí, lo sé... pero...
- Nada de peros, Del... Tenés gente que te quiere, Ana... tus amigas...
Quería decirle que él hubiera hecho lo que fuera por ella, y que si encontraba al monstruo que la había lastimado tanto le daría su merecido, pero no podía. No era el momento, y por lo visto, nunca lo sería...
- Ahora volvamos... Que mañana hay clases...
Delfina se esforzó por sonreir, y él le secó una lágrima con sus manos. Esperó a que ella se subiera en el auto, y salieron a toda marcha. Un rato después, luego de tomar caminos separados, Delfina fue a recargar combustible, cuando vio que tenía muchas llamadas perdidas en el celular, todas de Ana. “Mejor la llamo”
- ¡¡Del!!
- ¡Anita! -la saludó.
- ¿¿Qué te pasó?? ¡¡Te llamé un millón de veces!! ¡Me estabas preocupando!
- Es que... como que me enojé y tuve que salir a correr... Hey, Ana... -hizo una pausa- ¿Me puedo ir a dormir a tu casa?
- ¿Pasó algo? -la falta de respuesta le confirmó- Dale, sabés que mi casa es la tuya, te espero.
Un rato después Delfina arribó a la casa de su amiga, y guardó su VolksWagen Golf en el enorme garage. Sin decir nada fueron a la cocina, comieron algo, y se dirigieron al dormitorio. Anabella le había preparado uno de sus pijamas y la cama de invitados, y se acostaron a dormir, luego de que la colorada le contara a su amiga de lo acontecido en su casa, y con Víctor.

La mañana siguiente transcurrió normalmente y, por alguna extraña casualidad, Delfina no vio a Víctor en todo el día. Quería agradecerle lo de la noche anterior, pero no se animaba a mandarle un mensaje de texto, así que se limitó a lamentarse.
En el otro lado de la ciudad, Diego Camperetti libraba una batalla mental contra si mismo para tratar de entender la enredada psicología de su hermano menor. Tranquilamente, dejó la tacita de café en la mesa, se recostó contra el sillón, y mirando a Víctor, razonó:
- A ver si entiendo: te gusta, te vuelve loco, se besaron... ¿Y todavía no le querés decir nada? -suspiro- Creo que eso de “rubio igual hueco” vos te lo tomaste demasiado en serio...
- Y yo creo que vos deberías llamarte “Ácido sulfúrico” en lugar de “Diego Camperetti”, hermanito... -suspiró, y sacándole la taza de café a su hermano, se la bebió de un sorbo- No es tan fácil... Ella no está en el mejor momento, y no quiero alejarla, si me dice que no...
- Tengo que reconocer que esta vez usaste tu cerebro... -agregó Diego recuperando su taza vacía.
No hubo más palabras. Ambos se quedaron sentados mirando el vacío con los ojos perdidos en la nada, analizando la vida, que tan extraña solía ser.

Mientras tanto, en un lugar perdido de Santa Fe, un Toyota Supra estaba recibiendo atención mecánica. “Vas a quedar como nuevo, nena... y con esto, seguro que venceremos a esa presumida que conduce el Golf...”

Ezzzzzzzzo'a sido to'o por hoy, jajajajajaj... Y lo de siempre espero sus comentarios, y si quieren votar en la encuentra de abajo sobre la pareja principl de RH, con mucho gusto los acepto!! Nos vmos en el próximo artículo!!!

Tags: literatura, novela, argentina, autos, drifting

<@[email protected]> Comentarios:

S?bado, 19 de mayo de 2007 | 10:53
no sabr?a como definir este cap?tulo, a ver... tal vez te dir?a
G E N I A L ! ! !
Sos una excelente escritora, te felicito
Autor: Aldair_88
S?bado, 19 de mayo de 2007 | 11:07
AHHHH!!!! Casi me kedo sin aliento!!! ?porke yo no puedo enamorar a un chavo como ese!!!! Ke divino, ke enamorado est?, me gust? horrores este cap?tulo!!!
Autor: Kamus_99
Domingo, 20 de mayo de 2007 | 9:32
muy buen cap?tulo!!! me encanta como describes las escenas, parece ke uno los estuviera viendo, ojal? y alguno de los dos se anime a decirle al otro lo ke siente
Autor: BlueBrain
Domingo, 20 de mayo de 2007 | 9:46
muy bueno, muy bueno, eres una escritora de primera :-/
Lunes, 21 de mayo de 2007 | 22:05
Es cierto!!! Yo tambi?n quiero un chico tan enamorado de mi como V?ctor de Delfina!!! :8}:8}

 

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