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S?bado, 21 de abril de 2007

Hola chicos!!! Perdón por el atraso de un día, pero resulta que mi vena de escritora no afloró el viernes de noche, como suele hacerlo... Así que acá se los traigo... ¡¡Espero que les guste!!!



Al recostarse sobre la cama, su espalda se relajó y lentamente adoptó la forma de la misma. Delfina cerró los ojos, y el zumbido de los motores, la desesperación de no ver, la ansiedad de ganar, todo... todo... Sus ideas y pensamientos inquietos la sumieron en el más profundo sueño, y ahí, acostada a medio desvestir, con el brazo tapándole los ojos se durmió tranquilamente, y comenzó a recordar lo vivido...

El Golf azul cruzó la meta luego de haberle ganado al hombre que nunca había perdido ninguna carrera, mientras los gritos de alegría, aplausos, porras, vitoreas y demás exclamaciones se poblaban el aire. Pero no se detuvo. No tenía intenciones de hacerlo. Quería ir al punto donde había quedado en encontrarse con su amiga Ana y con Ignacio antes que nada.
En eso, un pequeño destello de luces proveniente de los faros del Dodge de Diego le llamaron la atención. Inmediatamente se tiró a la derecha dejándole que la apsara pero él colocó su auto a la par, y bajó la ventanilla. Ella hizo lo mismo y escuchó al morocho que le decía:
- Delfina, me gustará hablar con vos... ¿Puede ser?
- Eh... Sí... -titubeó ella- Seguime...
Y así lo hicieron. Ella cerró la ventanilla, aceleró la marcha y se dirigió al lugar de encuentro con Ana, quien todavía no llegaba. Encendió los intermitentes, se sacó el cinturón de seguridad, apagó el motor, y se bajó. Diego ya estaba al lado del auto esperándola.
Se encaminó hacia donde él estaba, se paró casi a un metro y medio de distancia, y levantó la mirada para verlo: así como ella era alta, el mayor de los Camperetti le sacaba fácilmente unos 15 centímetros, y su porte señorial y orgulloso eran capaces de intimidar hasta al más feroz de los asesinos. Pero a ella no. Se plantó firme, envuelta en su campera de jean, mientras sus rojizos cabellos se movían con el viento.
- Fue una excelente carrera, Delfina -dijo Diego al fin.
- Sí... Manejás muy bien tu auto, Diego... ¿Cómo aprendiste a hacerlo? -preguntó ella.
- Corriendo... Día y noche... Cuando recién aprendía, hasta en sueños corría en las rutas... -hizo una leve pausa- ese no es el motivo de esta charla... Quiero preguntarte... ¿Cómo pudiste correr sin ninguna luz? ¿Conocías el camino de memoria?
- No... Esta fue la tercera vez que corría acá... Simplemente, me guiaba con las luces traseras de tu auto. Si se encendía, era una curva, entonces rebajaba el cambio y derrapaba, sin frenar para no perder la velocidad...
- Ya veo... -sonrió, y Delfina creyó ver a Víctor esbozado esa sonrisa pero pronto volvió a la realidad- Realmente sos digna de conducir tu auto... Nunca dejes de hacerlo... -le tendió la mano, y ella se la estrechó- Delfina Bocaccio, fue un gusto correr con vos...
Diego Camperetti se subió a su Dodge, y justo cuando se iba, Anabella e Ignacio arribaron al lugar. Tras las felicitaciones apropiadas, los saltos, emociones y demás, decidieron que lo mejor era volver a su casa que ya era bastante tarde, y el trayecto muy largo.

La noche pasó, la mañana pasó, llegó el mediodía, y el gruñir de su estómago despertó hambrienta a la colorada que, tras saquear su refrigerador en busca de saciar su hambre, recordó que debía estudiar para los no tan amenos parciales y finales, y se volvió a encerrar en su cuarto para estudiar.
Terminado el estudio cerca de las ocho de la noche, Delfina recibió un mensaje de Ana. “Eu, las chicas están en casa, querés venirte” decía. “Estoy estudiando... Pero dale, me falta un respiro. Nos vemos en madia hora” Dicho y hecho, en media hora había cruzado la ciudad y estaba en casa de su amiga.
Cuando llegó las chicas había preparado pizza y se disponían a comer. Como Delfina había llevado sus libros, comenzaron a repasar juntas, la única materia que tenían en común. En el medio de ecuaciones matemáticas, números, calculadoras y demás, Roxana dijo:
- ¡¡Del corriste espectacular anoche!!
Como consecuencia de la importunación, Delfina se ahogó con el jugo que estaba bebiendo. Anabella fue a ayudarla, mientras Nadia le fulminaba una mirada asesina a su amiga, y aclaraba la situación.
- ¿Cómo se enteraron? -preguntó sorprendida la joven Bocaccio.
- Es que como ustedes corren... Quisimos ir a verlas y... este... las seguimos... y bueno -Nadia titubeaba porque veía que Delfina y Ana estaban cada vez más pálidas- Nos quedamos en la C, pero como no sabíamos lo de los celulares, bueno, no sabíamos que ibas con las luces apagadas...
- Realmente nos sorprendió... -agregó Roxana, mientras las otras dos recobraban el rubor de sus mejillas- Corriste muy bien, pero fue suicida apagar las luces...
Mientras tanto, Ana no decía nada porque ya había reprendido a su amiga cuando se encontraron luego de la carrera.
- No tanto... -respondió Del- yo siempre pude ver porque las luces traseras del Stealth me decían como era el camino. Si se movía a la izquierda, yo iba a la izquierda, si se encendían más fuerte era una curva, derrapaba... No fue tan difícil, pero reconozco que algo de miedo me dio...
- Ya mucha charla... -cortó la rubia- Continuemos estudiando...

Y así, lentamente se pasó el tiempo. No sólo el tiempo de estudio, sino también los días, los parciales, las notas, las prácticas a la noche (a las cuales ahora solían ir Nadia y Roxana a ver los perfectos derrapes del Vectra y del Golf), los trabajos y demás. Paso el tiempo, comenzó Agosto, y con él, el crudo (pero no por eso menos húmedo) invierno santafesino.

Una de esas tardes, el dúo dinámico -como Ignacio insistía en llamarles a Delfina y Anabella- estaba trabajando en el Drifting Zone, cuando un Renault Mégane II CC arribó al taller. Tras la sorpresa inicial de la llegada de Vítor Camperetti, Ignacio fue a atenderlo.
- Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlo? -preguntó, no sin enviarle una mirada fría al rubio.
- Estoy buscando a Delfina, ¿está? -contestó.
Ambos se miraron. Sentían como si cada uno dijera sus diálogos con palabras talladas en hielo. Había rivalidad, se notaba. Pero aparentemente desconocían la causa. No así internamente.
- Un momento -dijo al fin Nacho, y se fue a buscarla.
Al cabo de unos minutos, apareció Delfina, envuelta en una campera que le quedaba demasiado grande, con una pequeña manchita de grasa en la mejilla, y el cabello recogido.
- Hola, Víctor... ¿Qué te anda pasando?
- Hola... -él se quedó mirando la campera excesiva e tamaño para alguien de las medidas de la chica- ¿Y esa campera?
- ¿Esta? De Ignacio, fue la primera que manoteé del perchero, hacía mucho frío...
- Claro... -pausó, y su gesto cambió- Del, en dos semanas tenemos que presentar el trabajo que estamos haciendo. Como hay muchas láminas y demás cosas que hacer, venía a preguntarte si te parece que vayamos a mi casa, en lugar de a la biblioteca.
Reacción: Delfina con los ojos como platos, y Ana, los mecánicos e incluso Alberto Lombardi, burdamente escondidos del otro lado, tratando de escuchar la respuesta. En eso, un pequeño estornudo comenzó a rondar por las narices de Anita y todos, mientras trataban de intentar evitarlo, intentaban escuchar la conversación...
Conversación que se había convertido en un estudio ocular entre Víctor y Delfina, una tratando de ver el motivo oculto de la propuesta, y otro tratándole de demostrarle que lo que pretendía era simplemente lo que decía: hacer el trabajo.
Lentamente, Víctor sacó las manos de bolsillo, y estirando la derecha, le sacó la manchita de grasa del rostro, mientras la acariciaba. Se acercó más, le tomó el brazo con la otra mano, y le susurró al oído:
- No te preocupés, vos ya sabés que no soy de esos... -y la soltó- Nos vemos, entonces, mañana en la facultad...
Mientras el corazón de Delfina se detenía y se lo quedaba mirando, del otro lado de la pared, Ignacio se mordía la lengua para no ir a darle su merecido a ese rubio ricachón y creído, que según él, no podía pretender nada bueno con la colorada.
- Ah! Una cosa... -dijo Víctor antes de subirse al auto- Decile a tus compañeros que no es necesario que escuchen tras la puerta... -y se subió al coche, para irse.
Delfina sonrió, y se ruborizó, mientras todos los que estaban detrás, se sonrojaban copiosamente. Antes de que el día terminara, la joven debería pasar por uno de los peores momentos: el interrogatorio de todos los miembros del taller.
Y eso fue una verdadera prueba.
- ¿Y qué vas a hacer? -preguntó Ana, al fin, mientras Ignacio trataba de disimular su enojo y celos, al cambiarle el aceite a un auto.
- Voy a ir, tengo que terminar el trabajo... Además, no creo que él sea de esa clase... En fin... Mejor sigamos trabajando.

Espero que les haya gustado... Nos vemos en el próximo capítulo, y plis!!! PORFIS!!! Dejad comentarios...

Tags: autos, literatura, novela, acción

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
Domingo, 22 de abril de 2007 | 9:40
Muy bueno!!! ay, ke celoso estaba Nacho, ke lindo, me gust? un chorro este capitulo.
Autor: Kamus_99
Domingo, 22 de abril de 2007 | 10:11
KE BUEN CAP.!!! ojal? ke Delfi no elija a ninguno y los haga poner m?s celosos jajaja
Domingo, 22 de abril de 2007 | 10:33
?Pero ke malo Kamus!!! Me encant? el cap?tulo, muy bueno, aunque confiezo que Ignacio me d? l?stima, ella nunca le va a dar bola...
Domingo, 22 de abril de 2007 | 13:32
Gente! Gracias por leer mis delirios!! Pero no se pongan mal, que todav?a falta para que esta historia termine, y les aseguro que finales felices va a haber!!
Autor: BlueBrain
Lunes, 23 de abril de 2007 | 6:36
confiezo que tengo pena por Ignacio, me identifico porque yo tambi?n siempre me enamoro de la que no se enamora de mi...
Muy bueno el cap. Trueno, me gust? mucho

 

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