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S?bado, 14 de abril de 2007

Hola gente!!! Acá les traigo el otro capítulo. Les comento que terminé de escribirlo con los ojos en la nuca, pero me había saltado la vena de escritora, y no podía descansar en pax, jajajajaja... Dejando de lado mis locuras típicas, al fin llega el (¿tan esperado?) final de la carrera. ¡Que lo disfruten!



“No me engaña... Se muy bien que está atrás mío, se escucha el ruido del motor... los derrapes... ¿Eh?” Tras deslizar el volante en sus manos, Diego Camperetti derrapó su Dodge Stealth negro de faros ocultos, mientras trataba de ver dónde se encontraba el Golf fantasma. “No hay caso, no la veo... ¿Será...? No. Imposible. No se me ocurre pensar que esté corriendo con las luces apagadas... ¿La habré alejado...? ¿Estará tratando de ocultarse...?”
Por más que lo pensara, Diego no hallaba una solución coherente. Pero no por eso estaba nervioso, al contrario, él era de esas personas que conservan la calma aún en la peor situación... Y esa extraña cualidad suya estaba demostrándose en ese preciso instante.
Instante en el que, cada vez más cerca de los corredores, Daniel Ledesma hablaba con Alberto Lombardi, mientras don Bocaccio observaba su celular -con la videoconferencia de la carrera- atónito.
- ¿Ves Alberto? ¿Lo ves? -preguntaba Daniel señalando la pantallita del teléfono- ¿Ahora entendés porqué la quiero a la chica esta? Si es capaz de correr con el auto totalmente a oscuras es capaz de hacer cualquier cosa con él...
- Sí, sí... No molestés, que yo entiendo tu punto -le contestó Lombardi, mientras acariciaba su pelada- Mi punto, es que ella sólo tiene 18 años...
- Ya veo -el treinteañero se quedó meditando, y luego agregó- Entonces no me queda más remedio a esperar que cumpla años... Así está más grande.
Pero mientras Ricardo miraba la carrera, escuchaba amenamente cómo esos dos hombres hablaban de Delfina, tratando de convencerse mutuamente de si ella debía o no ser una profesional. ¡Una corredora profesional de autos! ¡Qué deshonor para su ilustre apellido! ¡SU apellido! Trabajado con todas sus fuerzas...

Mientras tanto, en la otra punta de la ruta, Anabella trataba de dilucidar y comprender las imágenes que veía en el celular cuando -de tanto pensar que su mejor amiga, su hermana, podía llegar a matarse- esas imágenes comenzaron a tornarse borrosas, y sus ojos se llenaron de lágrimas, que trató de disimular inclinando la cabeza hacia delante.
Mas Ignacio no era tonto. él se había dado cuenta de lo que pasaba. Suavemente, le pasó la mano por los hombros, y la atrajo hacia sí. Ella recostó su cabeza contra el hombro del joven, y él sintió como las lágrimas de la chica humedecían su remera.
- Todo va a estar bien, nena... -le dijo muy despacio- Nada va a detener a Delfina hasta que no cumpla su sueño de convertirse en una profesional...
- Pero Nacho...
- Nada... No llorés -la interrumpió mientras la separaba un poco de sí, y le secaba las lágrimas- Todo va a estar bien, te lo prometo...
- Nacho vos... -ella lo miró a los ojos, y vio que él los tenía brillantes, como si estuviera conteniendo lágrimas. Muy despacio apretó la mano que tenía en el hombro masculino, y le preguntó- Vos estás enamorado de... Delfina... ¿No?
- Sí -sonrió amargamente, y se separó de la blonda- Pero a ella le gusta otro... él -señaló con la vista a Víctor Camperetti, que del otro lado de la calle, parecía estar muy preocupado- Él tiene todo: dinero, talento, futuro, apariencia... No puedo competir...
- No seasss...
Anabella Lombardi se detuvo al ver la sonrisa congelada en el rostro de Ignacio, la mirada desviada hacia el lado, y el rencor hacia Víctor contenido, y supo que no debía decir nada más. Simplemente, se limitó a apoyarle la mano en el hombro, demostrándole que lo entendía.
Pero ese Víctor que parecía estar preocupado, en realidad, estaba frenético, y no paraba de atosigar a Roberto Lombardi, su amigo, con preguntas de toda clase.
- Che... ¿Pero y si chocó? ¿Estará bien? -preguntó.
- Nos hubiéramos enterado...
- No puedo creer que corra a lo oscuro, sin luces... Es... Es... ¡Suicida! -cada vez zurraba más despacio.
- Hey... Vos... ¿No deberías preocuparte por tu hermano? -preguntó Rober, al fin- ¿Tanto te puede gustar una chica, Víctor?
Una mirada fulminante fue la respuesta que hizo que el joven se diera cuenta que se había desubicado con la última pregunta. Si había algo que no le gustaba a Víctor, era hablar de sus sentimientos. Y menos, sobre chicas que le gustaran.

Sin embargo, la chica de la que dos hombres estaban enamorados -o enamorándose- estaba tratando de no darse contra algo al correr con las luces apagadas. “Calma, Del, calma... Andá con calma” La calma, concepto que en el lenguaje de la colorada, se traducía como “No aumentar la velocidad al límite del auto, oséase, 195km/h”. Límite para el cual faltaban sólo 15km/h.
Pero aunque todos pensaran que ella estaba corriendo totalmente a oscuras, no era cierto. Astutamente, se guiaba con el reflejo de las luces traseras del Stealth, que cada vez estaba más cerca, gracias a esa locura. El punto débil de correr de esa forma, cosa que ella estaba demostrando, era que no podía estar perfectamente atrás del auto de Diego, para evitar que este notara el reflejo de sus luces en el VW.
- ¡¡Ahí viene Diego!!! -gritaron en una esquina al ver el auto.
La curva estaba muy seguida de otra, pero tenían una recta que las separaba, el Dodge entró derrapando en la primera cuando, bastante pegado, el golf iba derrapando en paralelo, y a lo oscuro. Para sorpresa de todos, el Stealth se enderezó en la recta y volvió a derrapar, pero el Golf no. Con un derrape por inercia acomodó la cola hacia el otro sentido justo cuando parecía que iba a chocar, y acortó unos cuantos centímetros más.
Una gota de sudor fría rodó por la sien de Diego Camperetti, haciendo que ese frío personaje se estremeciera. Pero no de temor, de miedo... Sino de alegría. Llevaba ya su buen tiempo sin disfrutar tanto de una carrera, y el hecho de correr contra alguien que sabía que estaba ahí, pero no podía verlo, le resultaba fascinante.
Los diferentes rumores, las sensaciones, opiniones e incluso apuestas, circulaban por todos los presentes, que esperaban cada vez más ansiosamente, que los dos corredores llegaran a la C, la tan temida curva final de esa ruta. La curva que si no se entraba con la suficiente velocidad, podía perderse el derrape, e incluso, volcar.

A cada curva, con cada freno, cada derrape acercaba más a Delfina al auto de Diego, cuando pasaban por donde había observadores, ellos quedaban con la sensación de que el Golf iba empujando al Stealth. Y él lo sentía. Diego lo sabía. Sabía que ella estaba atrás, pegada a su auto. Pero no podía hacer nada. En ese momento, ambos estaban ciegos.
El eco de los motores súper revolucionados se fue perdiendo por la interminable recta que separaba la última curva de la C. Poco a poco fue creciendo el sonido, y en las ondas que el camino tomaba antes de girar en la gran curva, los autos fueron cambiando de carril alternativamente para no perder la recta y acelerar al máximo.
La mano apesadumbrada de don Lombardi cerró el celular de Ricardo, y un solo gesto bastó para que el hombre viera un solo par de luces, pero dos ecos de motores acercándose. Todos esperaban lo que ocurriría.
Había llegado el momento. La verdadera carrera comenzaría para terminar.
Los velocímetros marcaban 170km/h cuando Diego creyó ver una sombra. No sabía por dónde iría Delfina, no la veía, la escuchaba, la sentía... Ya... Ya... “¿Por donde vendrá? ¿Izquierda? ¿Por afuera? No, no... Imposible... ¿Derecha? ¿Por adentro? No...” Miró los espejos. Atrás, nada... La izquierda, nada... El de la derecha... nada... ¿La había perdido?
Lentamente volvió los ojos hacia el frente, cuando vio que el camino delante de él se iluminaba doblemente. Los latidos de su corazón se detuvieron cuando giró los ojos hacia la izquierda, para ver al Golf acelerando por afuera para entrar en la curva. Había estado corriendo pegada a él todo ese tiempo.
Los espectadores y también, Alberto, Daniel y Ricardo, quedaron atónitos al ver aparecer un auto de la nada. Estaba ahí. Estaban ahí. Lentamente comenzaron a girar. Ladearon las colas de los autos. Giraron las ruedas... Y había comenzado a derrapar... a más de 170km/h.
El Dodge venía adelante, y el Golf detrás... Pero no por mucho tiempo.
El apuesto conductor venía dudando. No sabía por dónde encararía el VolksWagen, que ahora se limitaba a derrapar al medio de la calle, pero... pero... ¡Se movió! ¡Iría por afuera! Se había enderezado y estaba tratando de pasarlo. Mas Diego no le daría oportunidad. Haciendo que su auto moviera la cola, cambió la inclinación, y ocupó ese espacio...
En ese mismo instante, Delfina clavó los frenos. El auto bajó la velocidad. Tambaleó la cola... Rebajó... y... Aceleró... Era como si el fantasma de la muerte los siguiera: el más mínimo error de los conductores, y él los llevaría consigo. Pero ese día nadie chocaría.
El Golf se cruzó de forma brutal hacia adentro, y casi rozando la barrera de contención alcanzó a meter la trompa en el espacio que Diego había dejado. Ricardo Bocaccio estaba de ese lado, y el auto de su hija parecía que iba a chocar con la barra justo cuando bien enfrente de él se inclinó derrapando a sólo un centímetro de la barrera. Las luces le dieron de frente, pero aún así creyó ver la silueta de su hija atrás del vidrio espejado.
Los autos continuaron derrapando a la máxima velocidad, pero ya no había nada más que hacer. El VolksWagen había tomado el carril interior. Hacia el final de la curvo se enderezó bruscamente, y tomó la delantera, llevándose consigo la victoria, y la primer derrota de Diego Camperetti.

- ¡¡¡Gano!!! ¡¡Nacho!! ¡La Del ganó! ¡¡Ganó!!
Anabella tenía una sonrisa enorme en su rostro, y la alegría la inundaba, mientras Ignacio le contestaba que él sabía que ella iba a ganar, pues la rubia era quien le había enseñado a correr.
Pero no todo era alegría. Víctor se apoyó sobre la puerta de su auto, mientras cerraba su celular. Su hermano había perdido. Por primera vez en todos sus años había sido derrotado, pero... ¿Por qué sentía eso? En lugar de sentirse mal, en el fondo... muy en el fondo (pero no tanto como a él le hubiera gustado) Víctor estaba contento de que Delfina había ganado.
Y del otro lado, Ricardo continuaba shockeado por lo que acababa de vivir, cuando se dio cuenta de que debía irse a su casa antes de que ella llegara. Sólo la voz de Alberto lo detuvo por unos segundos:
- ¿Alguna vez vio algo así? ¿Vio que debía quedarse?
- Nunca vi algo así. Corre muy bien, pero aún así... No me gusta.
- Es a ella a la que debe gustarle...
Mas no contestó. Se subió al BMW, y trató de salir lo más disimuladamente, mientras no dejaba de pensar que nunca había visto algo así. Después de todo, Delfina era su hija. Mientras tanto, Daniel continuaba atormentando al viejo Lombardi, hasta que dijo una frase que lo dejó seco.
- ¿¿¿Qué??? -preguntó sorprendido- ¿¿Qué dijiste??
- Que voy a contratar a Delfina... Y a tu hija también. Ellas dos se van a convertir en profesionales, te lo aseguro.

Y lo de siempre: espero que les haya gustado, y espero sus comentarios, votos, mensajitos, qué le spareció, si lo escribí bien/mal/lin do/feo y demás. Y pues bien como digo (ya no tan freuentemente) ¡Nos vemos en el próximo artículo!

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 14 de abril de 2007 | 7:05
muy bueno el cap. ?Que bien descripta la carera! Me dio un poco de lastima Ignacio, porque la perdi? antes de ganarla
Autor: Aldair_88
Domingo, 15 de abril de 2007 | 9:48
ke bueno el final de la carrera, muy bueno, me di? pena ignacio porke lo suyo es imposible, teniendo cerca a Victor
Autor: Kamus_99
Domingo, 15 de abril de 2007 | 10:20
?ke corajuda es Delfina! pero gan? otra carrera y lo de j? de cara a Diego. creo ke Nacho no me gusta s?lo porke se llama Nacho jajajaja
Domingo, 15 de abril de 2007 | 10:37
muy, muy bueno el cap?tulo. Cada d?a le pon?s m?s sal y pimienta a la novela. Te felicito, muy bueno el desarrollo de la carrera
Domingo, 15 de abril de 2007 | 22:19
Muchas gracias chicos!!! Es que el romance que no pas? hasta ahora, va a comenzar desde el cap?ulo 40!! :D:D:D:D Kamus ?porqu? o me extra?a tu comentario? Jajaja, pero te puedo asegurar que son bastante distintos... :D:D
Autor: Drodro
S?bado, 21 de abril de 2007 | 14:35
Vamos todav?a! La verdad que ni los coches ni las novelas sentimentales son mi estilo, pero me pareci? bastante apropiado, claro que te falta quizas pulir el estilo, como a todo el mundo, pero transmite la velocidad de una carrera y la velocidad de la literatura online. Posteo la direcci?n de mi blog de poes?a: www.drodrodromo.blogspot.com

 

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