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S?bado, 07 de abril de 2007

Hola chicos!!! Por fin un título con una relación directa con el capítulo. Bueno, la carrera no termina acá, prometo finiquitarla para el próximo capítulo, pero... pero... Hoy se e dio la vena de escritora, me fui por las ramas, y el Cap. me quedó larguito... ¡¡Pero impresionante!! Bueno... mejor los dejo leer tranqui...



“Que mal, no puedo alcanzarlo... Por más que acelere y acelere, él se aleja... Es increíble... Tengo que alcanzarlo ¿Pero cómo? Cuando aumento de velocidad, él me vuelve a alejar... Y me acerco en las curvas... ¡Las curvas!” Delfina dilucidaba qué hacer para alcanzar al Dodge de Diego mientras veía cómo éste derrapaba y se deslizaba artísticamente sobre el asfalto a casi diez metros de distancia de su Golf.
Las diferentes conjeturas sobre el motivo que mantenía alejada a la colorada del deportivo del mayor de los Camperetti, recorrían las bocas y las mentes de todos los presentes. Tanto, que ni Anabella ni Ignacio escapaban a esa preocupación.
La rubia se había apoyado contra el lado de su auto, mientras sostenía el celular y miraba la carrera en videoconferencia. A su lado, Ignacio observaba como, desde la banquina de en frente, Víctor y Roberto hablaban y discutían. “Me muero por saber lo que dicen... Seguro que dan por sentado que su hermano ganará, pero...”
- Ana...
- ¿Qué pasa? -la voz de la chica sonó un tanto pesada.
- Me preocupa que Delfina continúe estando atrás... Tengo miedo de que ella vaya a hacer algo...
- ¿Algo medio loco? -le interrumpió ella- Sí. Lo sé... A mi también me preocupa... Es lo único malo que tiene cuando corre sola: se olvida de que hay límites, se olvida de que... se puede... matar...
Ignacio volteó la mirada hacia otro lado. No quería ni imaginárselo. Sus ojos se nublaron con el simple hecho de pensar que Delfina podía llegar a matarse, le amargaban el momento. Y lo peor, era que no podían hacer nada para contenerla, ni para ayudarla. Estaba sola.
Sin embargo, en el otro lado, la chica continuaba tratando de pensar una estrategia para ganarle a Diego. “Por el momento se algo en concreto: si me acerco, él me aleja... En la entrada de la curva se acorta la distancia, pero en la salida se agranda... Y además... Mientras me siga viendo, sabrá que tiene que alejarme... Tendría que tratar de hacerme... ¿Invisible?” sus pensamientos frenaron mientras derrapaba el auto en un curva, tratando de ganar tiempo y distancia.
- Estoy loca... Querer ser invisible...

Mientras eso ocurría llegando a la mitad de la ruta, en el extremo final, Ricardo Bocaccio miraba atónito lo que estaba ocurriendo a través de su celular. Se sentía decepcionado por su hija, que le había hecho creer que era una excelente corredora, y ahora... ahora la pasaban fácilmente, humillándola ante todos...
Y tomó una decisión. Cerró el celular, y se dio media vuelta, caminando en dirección al BMW. No tenía intenciones de ver cómo humillaban su apellido así, delante de todos. Dos pasos después, unas palabras provenientes de Don Lombardi lo detuvieron.
- Quién gana una carrera no se define por quién va adelante en la mitad, sino por quién cruza la meta... Y falta para eso... -le dio la última seca a su cigarro y lo soltó, pisándolo para apagarlo- Si se va ahora, se va a perder una de las mejores carreras callejeras que haya visto...
- ¿Y cómo lo sabe? -replicó Ricardo, detenido, pero aún sin darse vuelta.
- Porque nadie, y con esto le digo nadie en mis 35 años como corredor e ingeniero mecánico, he conocido a alguien que sea capaz de mover su coche como si fuera una extensión de su cuerpo tan libremente -suspiró y continuó- Oiga, no le digo que sea la única, o la mejor, le falta mucho... Pero el chico contra el que corre es el mejor de las callejeras... En toda la provincia...
Pero el viejo cirujano continuaba estático. No sabía que hacer, dudaba, y no quería ponerse en ridículo. No quería pensar que su hija podía llegar a fallar... En eso, escuchó unos pasos, y una voz varonil que saludó a Alberto. Ricardo se adelantó, y sin mirar al extraño, volvió a encender su teléfono.
- Hey Alberto, está difícil esto...
- Daniel... ¿Porqué no se me hace extraño que estés acá?
- Porque sabés que estoy interesado en la forma de correr de esa chica... Ya te dije: si gana, tiene muchas posibilidades de conseguir trabajo como profesional...
“¿Hacerme invisible? Creo que sería mi única oportunidad... Pero cómo... ¿Cómo?” Su mente inquieta analizaba cientas de opciones de cómo acercarse mientras maniobraba con pies y manos de forma inconsciente. Para derrapar, hace falta maniobrar de forma distinta con los pies y las manos, y la única forma de lograrlo es adoptando esos movimientos como propios, para poder realizarlos sin pensar, como si sólo fueran... mover una extremidad de su propio cuerpo.
Los fríos ojos celestes se inclinaron mirando al VolksWagen a través del retrovisor, y luego, miraron al velocímetro del deportivo, que marcaba más de 220 km/h como posibles. Pero acelerar tanto en esa ruta era casi imposible. La escasa luz, las curvas seguidas, las posibles banquinas de barro... Todo hacía que las posibilidades se acotaran.
El Stealth negro de Diego apareció en un derrape mientras salía de otra curva, y casi tres segundos después apareció el Golf. “Sólo tengo dos cosas para hacer: no debo bajar la velocidad, y debo darle opciones para rebasarme... Lo malo es que yendo adelante, no puedo hacer nada más que defenderme...” Cuando volvieron a la recta, Diego volvió a sentir el reflejo de las luces del VW en el retrovisor: lo único que -aparte de sus propios faros- alumbraba el lugar.
Pero en el otro auto, la colorada no dejaba de imaginar qué podría hacer, cuando se percató de que sólo quedaban tres curvas para llegar a la W. “Maldición... tres curvas... y yo...” en ese momento, un recuerdo de una lejana charla con Anabella le cruzó por la mente, mientras otra curva se acercaba, y ella se preparaba para derrapar.
“Ana hace un tiempo me comentó de una técnica que usan los profesionales llamada ‘punto ciego’ que consiste en mantener el auto en el punto en que por ningún espejo logra verse al oponente... Pero ¿cómo debería encontrar ese punto?” Cruzó la curva a la velocidad máxima que pudo, y acortó distancia, pero Diego volvió a alejarse, y la diferencia quedó como antes.
“¡Ya sé! Tendría que ir hacia la derecha del Stealth, y mantenerme oculta por el parante derecho de la luneta trasera. Ahora... él va a ver el reflejo de mis luces, entonces... si yo... ¡Sería un fantasma! ¡Bingo!” Una sonrisa se dibujó en sus labios “Voy a presionarlo lo suficiente en la W, pero como seguro que ahí hay muchos coches, debe estar iluminado, etonces... voy a ‘desaparecer’ justo a la salida...” Otra curva interrumpió sus pensamientos, y el volante se deslizó entre sus manos suavemente.
- Si todo sale como planeo... es porque tengo un Dios aparte... -murmuró Delfina mientras encaraba la última recta antes de la W.
“Tengo un mal presentimiento... Está demasiado tranquila... ¿Querrá conservar sus neumáticos? ¿Tratará de rebasarme en la W? Lo que debo hacer es cerrarle el paso, tomar la curva de modo que no pueda intentar nada ni por dentro, ni por fuera...” Ya. El tiempo se había acabado. Llegaba la W.
El Dodge rebajó los cambios y se trasladó la medio de la ruta, frenó, volanteó... Y en cámara lenta para Delfina, comenzó a inclinarse hacia la izquierda, hasta quedar totalmente cruzado en la calle. El Golf rebajó los cambios, y tras volantear a la velocidad máxima que pudo, inclinó el auto lo suficiente para poder derrapar y no quedar tan perpendicular. “¡Hay banquina! ¡Ahora!” El VolksWagen bajó la rueda delantera izquierda a la banquina, y usándola como guía, logró acercarse en la curva. A la salida de la curva, sólo ocho metros la separaban del Dodge.
- ¿¡Usa la zanja como guía!?
Diego vio lo que hizo, pero decidió no cubrir el interior de la próxima curva. Seguiría ocupando el centro de la calle. “Bien... así será el juego entonces...” pensó la chica. Esta vez trataría algo diferente. En la recta aceleró hasta sobrepasar los 150km/h, tomó el carril de la izquierda, y sólo rebajando, derrapó en el centro de la curva, a mayor velocidad que antes. Sin embargo, no cubrió tanta distancia como antes... sólo quedaba 7 metros entre ambos.
“La próxima curva es hacia la izquierda, como la primera. Si la tomo lo suficientemente cerrada, y a la salida permanezco a la izquierda, la obligaré a tomar la derecha y perder tiempo” El plan de Diego era perfecto, pero tenía un solo defecto: el plan mismo.
Miró hacia el retrovisor y... ¡Delfina no estaba! Miro por el espejo de la izquierda nada... Por la derecha, nada... Pero ella estaba, tratando de mantenerse oculta por el parante de la luneta. De pronto, Diego aceleró y, como cambió su ángulo de visión a través de los espejos, alcanzó a ver sólo el costado del Golf. “¡Te tengo! El ‘Punto Ciego’ funciona sólo si estás cerca”. Frenó, deslizó el volante entre sus manos, y derrapando bien cerca de la barra de contención, empezó a tomar la curva por el carril izquierdo.
Delfina se acercó, rebajó los cambios y, volanteando solamente (para no frenar y bajar la velocidad) tomó la curva bien al centro. Diego salió a máxima velocidad ya que por su forma de derrapar, había enderezado el auto lo suficiente como para estar alineado con la salida de la última curva de la W. En cambio, ella se abrió.
Mientras cruzaba la última curva, notó cómo la calle dejaba de estar iluminada por los faros de los autos de los presentes y entraba en la penumbra. En oscuridad. Nuevamente volvería a ver sólo por sus faros. ¡Sus faros! ¡Esa era la solución!
Salió de la curva lo más abierta que pudo, y pasó a sólo cinco centímetros de la barra de contención, haciendo que pareciera que la iba a chocar. Sin salir de tercera, comenzó a acelerar hasta que el motor del auto no pudo más y tuvo que pasar a cuarta... Ya iba a casi 170km/h. Era suicida pero... pero... Era su única opción, pero... pero... Sólo así ganaría, y... “¿Lo hago?” Un segundo... “¿No lo hago?” Otro segundo... “¡Lo hago!”
Y desapareció.
- ¡¡¡El Golf desapareció!!! ¿¿¿Qué pasó???
Durante un minuto la duda se esparció. El Golf había desaparecido. Ana sostenía el celular, cuando una lágrima rodó por su mejilla. Víctor sintió como la sangre se le subía al pecho, y pensó que su corazón dejaría de latir. Ricardo miraba la pantalla negra del celular cuando...
Diego entró en otra curva, derrapó estilizadamente (y no por eso meno nervioso por lo acontecido)... cuando otro chirrido de cubiertas se escuchó. Como un viento salvaje el Golf cruzó la curva derrapando completamente, y sumamente cerca de la barrera de contención, pero corriendo en una total oscuridad.
- ¡¡El Golf!! ¡¡Sigue ahí!! -el grito de alegría se transmitió por todos los celulares- ¡¡Sigue corriendo!! ¡¡Y va con las luces apagadas!! ¿Me escucharon? ¡¡Está corriendo a ciegas!!

Bueeeeno... soy mala, mala.... ¿Chocará? ¿No chocará? ¿Ganará Diego? ¿Ganará Delfina? ¡Mwahahahaha! ¡Cómo me gusta esto! Bueno, los dejo hasta el próximo artículo, espero que me dejen comentarios y votos... ¡¡Éxitos!!

Tags: autos, coches, volkswagen, dodge, derrapes

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Autor: BlueBrain
S?bado, 07 de abril de 2007 | 6:39
?Qu? cap?tulo, Dios, qu? cap?tulo!! Estuvo genial, he quedado temblando
Autor: Kamus_99
S?bado, 07 de abril de 2007 | 6:59
asi ke Ignacio est? preocupado por Delfi!!! ???Aj?!!
ke bueno el cap. y ke bien ke describes la carrera, d? escalofr?os, Te felicito
S?bado, 07 de abril de 2007 | 20:37
muy bueno el cap. la carrera est? muy re?ida y mantiene al lector en suspenso (que mal la actitud del padre de Delfina, un pesado el tipo)
Lunes, 09 de abril de 2007 | 1:33
Gracias chicos!! La verdad es que quer?a una carrera emocionante!! Chan... ?Qui?n quieren que gane?:D

Otra cosa: muchas gracias por leer lo que escribo, y seguir la historia al pie de la letra... Muchas gracias, significa mucho para m?.
Autor: Aldair_88
Lunes, 09 de abril de 2007 | 16:38
muy buen cap. lo le? el Domingo pero miarroba no me dejaba mandar el mensaje :5]

 

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