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S?bado, 31 de marzo de 2007

Hola gente!!! Acá les traigo otro capítulo más, y... ¡¡Al fin empieza la carrera de Diego y Delfina!! Bueno, queda demás decirles que me encantarían unos comentarios, y votos... Y bueno... espero que les guste el capítulo de hoy.



Los autos estacionaron en medio de un ambiente muy tenso, donde los pensamientos de todos los presentes se mezclaban tratando de dilucidar qué ocurriría en la carrera entre esos dos tremendos corredores.
El destrabe de las puertas hizo que todos prestaran más atención a la escena e Ignacio, que aguardaba su llegada, se dirigió hacia las chicas. Con el frío que ya reinaba en el ambiente, ambas estaban muy abrigadas. Delfina había ido con un jean azul oscuro, zapatillas -como siempre- una polera negra, bremer azul marino y campera de jean; mientras que Anabella tenía un pantalón de jean muy similar, botas, camisa beige, y un bremer al tono.
- Se me vinieron abrigadas -les comentó Ignacio al acercarse.
- Es que hace frío... -respondió la colorada tratando de resaltar el viento que rompía con toda su fuerza.
- Lo se... sólo trataba de hacerlas reir, están demasiado serias...
- Ya era hora... Llegaron tarde...
La voz de Diego Camperetti resonó entre la conversación, y los tres se abrieron para ver cómo el mayor de los hermanos se acercaba en su dirección. Delfina hizo un paso adelante y se paró al lado de su amiga Anabella Lombardi.
- Siento la tardanza... ¿Cómo será la carrera? -preguntó Delfina.
- ¿Qué te parece con largada compartida?
- Está bien. Prepararé mi auto... -dijo, y se dirigió hacia su auto.
- ¿Vas a correr sola, Delfina?
- Esta vez, sí... -le contestó Ana, ya que su amiga continuaba caminando.
Después, se fue tras de ella, y comenzó a revisar el auto, mientras su amiga se sacaba la campera y la dejaba en el asiento de la derecha, para estar más cómoda.
- Un consejo, Del...
- Sí...
- No salgás en segunda, que vas a perder potencia... -empezó a explicarle la rubia, mientras Ignacio las escuchaba atento- Y si vas adelante, no mirés para atrás, no dejés que te presione de esa forma... -mientras hablaba la colorada asentía con la cabeza- No pasés las ruedas por las banquinas, podés romper la suspensión y no vas a poder correr más...
- Amiguita -le contestó mirándola con los ojos brillante, y la mirada emocionada- no te preocupés, me enseñaste bien. No voy a perder... Y no me voy a matar, hasta que no cumplamos nuestro sueño...
Le tendió la mano a través de la ventanilla, y Anabella se la apretó fuerte, mientras le pedía que no hiciera nada suicida. Justo en eso, Roberto Lombardi, el amigo de los hermanos Camperetti, y que siempre organizaba las carreras de éstos, le hacía señas a Delfina para que se acercara a la largada.
Poco a poco, movió el auto despacio hasta quedar estacionada al lado del Stealth negro de Diego, que aguardaba con los faros ocultos cerrados. La jovencita miró hacia su derecha y vio a Anabella e Ignacio esperando la largada. Miró hacia la izquierda, y vio el Dodge, pero más allá, del otro lado de la calle, la mirada incesante de Víctor (el rubio que tanto había comenzado a llamarle la atención) observaba fijamente el Golf.
- ¡¡Cinco segundos para la largada!! -gritó Roberto desde adelante, listo para contar- ¡¡Cinco!!
El Dodge Stealth Negro de Diego levantó los faros y comenzó a acelerar en vacío.
- ¡¡Cuatro!!
Delfina calzó la primera, y comenzó a revolucionar el auto, dejándolo quieto.
- ¡¡Tres!!
Víctor despegó la vista del Golf y vio, a través del polarizado, la sombra gélida e impertérrita de su hermano. Sentía que el tiempo corría lento, nuevamente... miró a Anabella que apretaba su mano derecha contra el pecho.
- ¡¡Dos!! ¡¡Uno!! ¡¡LARGUEN!!
El sonido de la potencia liberada cortó el eco del grito de Roberto, y los autos salieron despedidos. El incesante incremento de revoluciones al llevar al límite a los motores en cada cambio dejaba una estela que hacía sentir que el tiempo era sólo un regalo divino. Rápidamente, Delfina continuó acelerando, y alcanzó a tomar la posición delantera.
- ¡¡Salió adelante!! -se entusiasmó Ignacio.
- Esto no está anda bien, nene... -murmuró Ana. “Por favor, Del... No hagas ninguna locura...”
En el otro lado de la ruta, Alberto Lombardi sacó su celular y lo conectó a la red, viendo la carrera que se estaba desarrollando. El incógnito hombre que había estado hablando con él, se encontraba mirando perdidamente a unos jóvenes que, del otro lado de la C, se entusiasmaban con la carrera, a través de los móviles.
- Mire conmigo, señor...
Don Lombardi se dio vuelta buscando al hombre y, de reojo, miró hacia su Astra para ver estacionado junto a él, a un imponente BMW Serie 7 de color negro reluciente. “Este hombre... Debe ser...”
- Ricardo me llamo... -dijo el hombre- Ricardo Boc...
- No me diga el apellido -interrumpió Alberto- En estos lugares nadie tiene apellido... -guardó silencio un segundo- Usted es el padre de Delfina ¿no es así?

Mientras los dos hombres charlaban, El Stealth perseguía afanosamente al Golf, sin despegársele de encima. Lo único que los separaban era un escaso metro de distancia. “Es impresionante... Está tan pegado a mí, que siento el calor de sus luces en mi nuca. Además, tan cerca, y frena sin problemas, sin alejarse...” La chica desvió los ojos al retrovisor “¡No! ¡No voy a mirar!” se detuvo.
Una curva a la izquierda se aproximaba, y rápidamente cambió de carril, rebajó los cambios, frenó, volanteó, y derrapó cruzando el auto de forma que a la salida estuviera perfectamente derecho con la recta siguiente. Diego hizo lo propio, y quedó derrapando paralelamente a no más de diez centímetros, y sin tocar el VolksWagen.
A pesar del ruido de las frenadas, los motores y demás, desde dentro de los autos se escuchaban los gritos de las personas que se asustaban al verlos pasar tan cerca de las barreras, y los vitoreos de los que estaban más lejos.
- Oiga... Respire por favor... -le decía, en tanto, Don Lombardi a Ricardo Bocaccio, que se había quedado atónito al ver el derrape del auto de su hija a través del celular.
Pero mientras todos estaban muy entusiasmados con la carrera, Diego continuaba guiando su deportivo negro con la misma frialdad de siempre. Continuaba a no más de un metro la cola del Golf, pero aún así era capaz de adivinar sus movimientos. “Es increíble. Pasaron sólo cinco meses y un poco más desde que corrió contra Víctor, pero cambió muchísimo. Verla correr... da miedo... Es como que si no le tuviera miedo a nada, y confiara plenamente en lo que puede hacer con su auto...”
Sus pensamientos se vieron turbados cuando vio que una curva muy cerrada se aproximaba, y que ella no bajaba la velocidad. Los observadores comenzaron a correr lejos de ese lugar, pensando que chocarían contra la barrera. “No... no va a chocar...” El morocho estaba seguro y decidió imitarla.
Cuando llegó el momento, Delfina sólo rebajó los cambios, sin frenar, y derrapó a mucha mayor velocidad, al dejar la curva aceleró en la mitad del tiempo. Sin embargo su estrategia no funcionó ya que Diego la alcanzó exactamente igual.
“Tal como lo pensaba. Mueve el Golf como si fuera parte de sí misma... Nunca pensé que mejoraría tanto” no dejaba de pensar sobre eso... y sonrió. Diego Camperetti sonrió al imaginar de lo que sería capaz Delfina si legaba al límite de sus capacidades... y de lo que sería capaz él. Nunca había corrido con toda su capacidad, y ésta era la oportunidad perfecta para hacerlo.
La WC era una de las rutas más oscuras de las que se usaban para correr, y una de las pocas que no estaba tan rodeada de campos, lo que implicaba que si se salían del camino, resultaba casi imposible retomarlo... Al menos hasta que saliera el sol. Tenía curvas pronunciadas y continuadas, intercaladas con rectas largas que hacían perder la concentración. Pero lo peor, eran las tres curvas a 45° seguidas conocidas como W, y la penúltima curva que, además de ser muy amplia, era tan circular que le decían C.
Sin embargo, así como Diego permanecía calmado, Delfina entraba en la duda. Miró el velocímetro, y la velocidad la sorprendió. “¡No puede ser! Estoy corriendo a 165 Km/h y él sigue atrás... Por más que no mire, lo siento... Es increíble...” Rebajó los cambios para derrapar en la curva siguiente, cuando vio un par de luces reflejadas en los árboles.
-¿Un auto de frente?
Comenzó a inclinar el auto hacia la izquierda, pero manteniendo su carril. Al hacerlo, vio que el Dodge derrapaba también y de forma bastante cercana y paralela, como lo había estado haciendo hasta ese momento. El auto se acercaba por la izquierda y en contrasentido cuando ellos estaban entrando a la curva. Cruzó tocando bocina como prevención, pero también, pasó con las luces altas encendidas.
La joven venía adelante y las luces le dieron de lleno en la cara: estaba casi ciega. “¡Mi oportunidad! ¡Ahora!” Al venir detrás, Diego no había sido encandilado, y saliendo del derrape, se tiró hacia la izquierda, y comenzó a acelerar.
El Golf mantenía un pulso casi errático, y estaba pisando la línea central de la ruta, cuando el Dodge comenzó a acelerar, tratando reintroducir la trompa en el espacio que quedaba. Los gritos de desesperación, alegría, sorpresa, temor... todos se escuchaban como un tumulto de voces que hacía de eco al chirrido de los neumáticos.
Justo a tiempo, y por milagro, Delfina comenzó a ver nuevamente, y mantuvo firme el volante... Pero ya era tarde. Diego se había apoderado del carril interior, y la estaba pasando. Al salir de la curva la había rebasado. Ahora él iba adelante... Mas la distancia no era la misma. Con dificultad ella podía seguirlo a casi cuatro metros de distancia.

En la largada, Víctor sostenía su celular casi por instinto. “No puedo creer... que la rebasó... No lo creo... Y tan fácil” Por alguna razón inexplicable, sentía alegría por su hermano, porque nunca lo habían derrotado en una carrera, y porque no quería que fuera ella. Pero por otro lado, se sentía mal por Delfina... Alguna razón lo impulsaba a pensar que no quería verla perder, y menos contra su hermano.
En el Golf, Delfina luchaba por mantenerse cerca de ese ser extraordinario, que guiaba al Stealth cual ángel mueve sus alas.
- Ahora entiendo porqué le decían “Ángel Negro” -masculló dentro de su auto- El Dodge... son... sus alas...

Bueno chicos, espero que les haya gustado, y les comento que también publicaré un artículo sobre el Dodge Stealth, si quieren leerlo para que vean al mostruo al que se enfrenta Delfina. ¡¡éxitos!!

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: BlueBrain
S?bado, 31 de marzo de 2007 | 7:00
estupendo cap?tulo!!! me dej? suspenso cuando llegaba el auto de frente, que bien que lo has despripto, me encant?
Autor: Aldair_88
S?bado, 31 de marzo de 2007 | 7:12
KE cap!!!! me dej?... sin palabras, muy bueno
(?no has pensado ke estar?a bueno ke ignacio se enamorara de Anabela? ?Ke rom?ntico!)
Autor: Kamus_99
Domingo, 01 de abril de 2007 | 9:31
?Ke buen cap?tulo!!!
me gusta la variedade de sentimientos ke presentan los personajes y lo bien ke lo describes, muy buena escritora nuestra administradora preferida
Domingo, 01 de abril de 2007 | 10:09
Muy buena la novela, me supera la capacidad que tienes para describir las distintas situaciones. ?te dije que te admiro por ello? me encanta como se v? desarrollando la acci?n, Te felicito
Domingo, 01 de abril de 2007 | 13:03
Chicos, no saben lo fel?z que me hacen al contarme que les gusta tanto lo que escribo. Realmente me alegraron el d?a. Muchas gracias!!

 

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