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S?bado, 24 de marzo de 2007

Hola chicos! Perdonen la demora en la actualización, pero anoche no me convencía cómo había terminado el capítulo, y me tardé un poco en reescribir el final. Así que bueno, espero que lo disfruten, que me dejen comentarios, y demás.



Anabella Lombardi destrabó las puertas del auto, y tras dejar a su amiga en su casa, se fue hacia la suya, cuando iban a ser ya la medianoche. Delfina abrió la puerta con sumo cuidado y en total silencio, y se encaminó hacia su dormitorio, cuando nuevamente, vio la luz de la oficina de su padre encendida. “¡Qué raro! Trabajando hasta tarde...” pensó, y se fue hacia su dormitorio.
Una vez ahí, acomodó todo para el día siguiente, y tras colocarse el pijama, cayó rendida en su cama. Estaba exhausta. Se inclinó para apagar la luz del velador, y vio la foto que tenía ahí: una de ella y de Ana abrazadas, sonrientes, con la costa como fondo.
- Lindos momentos q... -murmuró.
Y se quedó dormida, con la luz encendida, sin siquiera darse cuenta. Al rato, don Ricardo Bocaccio pasaba en dirección a su dormitorio, cuando vio la luz encendida. Dispuesto a conocer el motivo, entró discretamente para encontrarse con la situación. Sorprendido, apagó la luz y se fue.
“Me pregunto si esto tiene que ver con que el Golf nuevamente no está acá... Lo vive dejando en el taller... ¿Irá a correr?” Los pensamientos del viejo cirujano no cesaban de dar vueltas en su cabeza, incluso al día siguiente, mientras nuevamente estaba sentado en el sillón de la oficina del hospital, mientras miraba unos partes médicos.
Unos golpes en la puerta lo obligaron a levantar la mirada, para ver al joven residente que el otro día le había comentado de las carreras callejeras de autos. Le hizo seña de que pasara, y pronto lo recibió con el seño fruncido (típico gesto suyo) mientras el joven aguardaba, un tanto temeroso, el permiso para hablar, como si de una milicia se tratara. Realmente, Ricardo Bocaccio inspiraba miedo.
- ¿Qué se te ofrece? -preguntó el hombre, al fin.
- Este... bueno... yo... -comenzó a titubear el chico, hasta que una mirada fulminante del cirujano lo hizo hablar- Yo quería pedirle un permiso especial para no venir a la guardia del domingo.
- ¿Motivo? -inquirió Ricardo volviendo a posar sus ojos en el parte.
- ¿Recuerda las carreras que le mencioné? Buen, el sábado a la madrugada corre el Golf contra un Dodge invencible, que nunca ha perdido, y quiero ir, pero si tengo la guardia no podré llegar sin estar cansado.
Don Bocaccio escuchaba silencioso, hasta que volviendo a soltar el parte médico, le indicó al joven que se sentara y le preguntó.
- ¿Una carrera de autos?
- Así es, señor.
- ¿Y dónde es? ¿Qué más sabés de eso?
- Bueno, es el sábado a la medianoche en la WC... Por eso, no puedo volver bien para las cuatro, hora en que empiezo el turno...
- Pará -lo frenó el viejo- ¿La WC? ¿Y eso? ¿Dónde queda? ¿Qué es?
- La WC es un tramo de ruta que está pasando Santo Tomé, en el camino hacia Córdoba, es bastante lejos. Le dicen WC en referencia a unas curvas que tiene: la W son tres consecutivas a 45 grados, y la C es una curva muy amplia, que sólo tres autos han podido cruzar derrapando desde el principio hasta al final, y dos de esos son los que van a correr el sábado, señor, por eso quiero ir...
El cuero del sillón crujió cuando Ricardo se recostó, y la tensión creciente del joven se pudo sentir en el ambiente. El viejo lo miró mientras jugueteaba con una birome que tenía en la mano, hasta que por fin le dijo:
- Bueno está bien. A cambio harás el turno del lunes a las cuatro. ¿Algún problema?
- No, señor. Muchas gracias.
Y salió, más contento que nunca, mientras el hombre quedaba pensativo.

Mientras eso ocurría en un extremo de la ciudad, en el otro (más al norte) el Chevrolet Vectra de Anabella cruzaba el umbral del Drifting Zone para que la conductora y su amiga buscaran el auto para la carrera. Entusiasmada, Delfina entró a ver a su auto, para encontrarlo reluciente, pero Don Alberto Lombardi interrumpió su felicidad.
- Este... chiquitas lindas... Hoy es jueves, ustedes tienen que trabajar acá... Supuestamente su turno empieza en cinco minutos... Y tenemos dos autos para probar, así que apuren el trámite...
- Sí jefe...
- Sí, papá...
Y tras colocarse la ropa de trabajo, ayudaron a Ignacio a subir el auto al trailer del Isuzu, y se fueron rumbo a la pista para testeos. Al terminar la jornada volvieron a cambiarse, y Delfina pudo ver a su auto, cuando ya estaba todo terminado. Ni bien le dieron las llaves, se sentó al volante y encendió el motor, e inmediatamente un fuerte sonido inundó el sector del taller.
- ¡Es impresionante! ¡Alucinante!
Delfina parecía muy entusiasmada revisando todo mientras los mecánicos le mostraban el trabajo, pero Anabella no lo estaba tanto. Al notar esto, Ignacio se paró a su lado, y comenzaron a hablar.
- Parece no gustar el incremento de potencia del Golf... -le dijo.
- No es eso, Nacho. -le contestó- Lo que me preocupa es lo que ella pueda hacer. Cuando corre se desinhibe y tiende a correr mucho más rápido... y de forma más peligrosa. Me preocupa que con más potencia en el Golf, ella haga algo suicida.
- Anita, es Delfina. No se va a dejar vencer hasta que logre lo que quiere, además... Es impresionante como en tan poco tiempo aprendió a conducir su coche. Seguro que ella va a estar bien... -respondió colocándole una mano en el hombro a Ana.
- Si, lo sé... Y eso es lo que más me preocupa.

Tranquilamente pasaron los días, y la carrera se avecinó. Como si una catástrofe fuera a ocurrir, el puente carretero se llenó de jóvenes que marchaban hacia la WC en sus autos, algunos modificados, otros deportivos, y el tránsito común, que hacían pensar que algo ocurriría.
Muy pronto el lugar estuvo repleto, e Ignacio llegó en su auto, y estacionó en la parte que sería la largada. “Parece que ni los hermanos Camperetti ni las chicas llegaron... Espero no tener que usar todo eso...” reflexionó mientras, inconcientemente, miró el baúl de su coche, donde tenía guardadas unas cuantas herramientas y demás cosas para algún caso de emergencia no deseado.
Mientras tanto, a metros de la C, don Alberto Lombardi estacionó su Astra cerca de unos árboles, y se acercó a la curva, mientras desenfundaba un atado de cigarrillos, y trataba de encender uno, no sin antes pasarse la mano por la pelada. “Destaco mucho en este lugar... soy el único viejo qu...”
- ¿Quiere fuego?
Una voz varonil y mayor interrumpió sus pensamientos. “Bueno, parece ser que no estoy solo...” y alargando su cigarrillo, le contestó:
- Por favor...
El incógnito hombre encendió el cigarro, y también colocó uno en su boca y lo prendió. Luego guardó el encendedor con cuidado en su bolsillo, y comenzó a observar la calle. El extraño parecía no concordar con el lugar: de pasados cincuenta años, vestía pantalón de vestir, una camisa cuidadosamente planchada, y una corbata que denotaba ser cara.
- ¿La primera vez que viene...? -inquirió don Lombardi.
- Sí... ¿usted?
Los gritos de unos jóvenes del otro lado de la ruta los callaron de golpe: los hermanos Camperetti se acercaban.
En un clima rodeado de ruidos de motores, faros encendidos y mucha expectación, llegó una caravana de deportivos encabezada por el renegrido Dodge Stealth, seguida por el Renault Mégane CC, y finalizada por un Peugeot 206 CC. Los tres autos se estacionaron en la banquina, y sus conductores se reunieron, tras bajarse de los coches.
- ¿Crees que vendrán? -preguntó Víctor mientras se acomodaba las manos en los bolsillos de su pantalón.
- Es lo más seguro... -contestó Roberto.
Muy pronto un potente sonido de rebajes se escuchó, y enseguida se vieron unos faros acercarse en dirección a la entrada. Todos aguardaban en completo silencio, cuando el sonido comenzó a ser más estrepitoso de lo normal. “¿Será que... ¡No! No creo que ella...” Los pensamientos de Víctor concluyeron cuando el VolksWagen Golf IV dobló en la última curva, seguido de una imponente berlina Chevrolet Vectra color aguamarina.
- Ahí llegaron... -murmuró Diego- Esta va a ser la mejor noche...

¡Otro capítulo! Y nos acercamos a los cuarenta! Esto quiere decir que la novela está interesante... ¡Qué lindo! ¡Me emociona mucho! Bueno, si escribo algo sobre autos y no lo entienden, díganme, y en un comentario se los aclaro... ¿Sip? ¡Prometo subir imágenes del Dodge Stealth así ven al demonio al que se enfrenta Delfina... ¡Mwahahahahaha...!

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

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Autor: BlueBrain
Domingo, 25 de marzo de 2007 | 10:07
muy buen cap. me dej? intrigado si Don Lombardi es quien se encontr? con el Dr. Cada vez m?s interesante la novela :f)
Autor: Aldair_88
Domingo, 25 de marzo de 2007 | 10:23
AAAHHHHH!!! ke intriga hasta el nuevo cap!!! Me encant? ke el padre de Delfina haya ido a verla correr, muy bueno, te felicito
Autor: Kamus_99
Domingo, 25 de marzo de 2007 | 10:38
Muy, muy bueno el cap?tulo!!!
Te felicito por estar llegando a los 40, la novela es atrapante y me encanta leerla.
Domingo, 25 de marzo de 2007 | 16:46
Buen?simo el cap?tulo!!! cort? en la mejor parte y nos deja con las ganas hasta el pr?ximo. Escribes muy bien, me encanta
Domingo, 25 de marzo de 2007 | 20:53
Me alegro que les guste... Seguro que ya presienten quien es el hombre sin nombre que fue a ver a las chicas. Les comento que una amiga me dijo que podr?a editar como libro mi historia, ajajjaja... ?Qu? piensan?

 

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