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Lunes, 12 de marzo de 2007

Hola chicos!!! Tras haber estado el server en un traslado durante el finde, hoy subo el capítulo de la novela que correspondería al viernes pasado. Es un poquito largo (como se me está haciendo costumbre, jejeje) pero les prometo que tiene mucha acción!! ¡Disfrutenlo!



“Ese techo... es... demasiado blanco...” Entrecerró los ojos tratando de no dejar que la luz pasara, y quiso volver a dormirse, pero no podía. Ya bastante con que ese día había decidido levantarse tarde y no ir a practicar con el auto antes de las clases. Había algo raro, ni ella misma sabía qué era eso.
- ¡Delfina despertateeee! -se dijo a sí misma mientras se apretaba el rostro con las manos, mirándose frente al espejo del baño.
Y no fue sólo durante la mañana. Todo el día estuvo así. Distante. Alejada. Algo le pasaba, pero no sabía que era. Al salir de clases vio su Golf estacionado, y se acercó a verlo un tanto extasiada. Contempló cómo las hojas de los árboles se reflejaban en la espejada pintura azul, y en los vidrios reflectantes, y se quedó contemplándolo como una tonta, hasta que vio venir a Víctor.
Se acercaba con ese paso típico de él, lento pero seguro, confiado. Tenía un gesto sombrío, que no mostraba ninguna emoción. Parecía un gesto más clásico de su hermano, y no de él. Cuando por fin llegó a donde estaba la joven, ninguno se animó a decirse nada.
- Mi hermano me dijo... -masculló al fin Víctor- Que va a correr contra vos...
- Sí... ayer le dijo a Ana, y ella me contó esa misma tarde... -le contestó.
- Del, no es por nada, pero... a mi hermano nunca lo han derrotado... -pausa- Nadie. Por eso le decían “Ángel Negro”...
La chica torció la vista. Sabía a lo que el rubio se refería. El auto de Diego tenía una calcomanía en la parte trasera, bastante pequeña, pero llamativa, que decía “Ángel Negro”. Recordó también las palabras de su amiga Anabella “Me contaron que el Dodge que tiene Diego Camperetti dice ‘Ángel Negro’ porque era el sobrenombre que le pusieron cuando empezó a correr... Es demasiado rápido... Como una brisa divina... Dicen que puede analizar la forma y el ritmo de conducir con sólo verte pasar... Es un monstruo que nunca nadie pudo derrotar...”
- Del... -la voz del joven la volvió a la realidad- Él no se va a dejar vencer tan fácil...
- Ya lo sé -le respondió ella volviendo en sí, y mirándolo a los ojos- Y es por eso que quiero correr.

Mientras tanto, Ricardo Bocaccio se encontraba sentado en el sillón de la oficina en el hospital, ya que era jefe del departamento de cirugías. Estaba recostado hundiéndose en su silla mientras miraba por la ventana, cuando uno de los residentes entró a llevarle un reporte de una cirugía pendiente para el día siguiente.
- Hey, vos... -le dijo el hombre al joven- Con esa cara de cansancio no vas a hacer nada ¿sabés? Si mañana estás así no te dejo participar como ayudante...
- Sí señor, lo siento, es que yo... -intentó justificarse el joven.
- Si es una excusa validera, decime, sino -le señaló la puerta.
- Es que me ayer me levanté a la madrugada para ir a la ruta a ver un auto que corre callejeras... y seguí de guardia hasta hoy... y no dormí mucho...
Don Bocaccio le hizo un gesto para despacharlo, cuando las palabras del chico retumbaron en su mente “un auto que corre callejeras...” Un montón de cosas cruzaron por su mente, y se sobresaltó. Lo llamó y le indicó un asiento.
- ¿Un auto que corre callejeras? ¿De que se trata?
- Es un VolksWagen señor -dijo el chico, sentándose- Un Golf conducido por dos chicas hermosas, que corren de forma suicida, a una velocidad inimaginable y hacen un montón de cosas con el auto, es impresionante señor... usted tendría que verlas... -el joven estaba bastante emocionado, y el viejo escuchaba disimulando su perplejidad- Empezaron a correr en el verano y hasta ahora nadie las ha derrotado... son impresionantes...
- Ya veo... -contestó el hombre- Suena interesante...
“Ahora todo cierra... Las fechas... los horarios... Lo que Delfina me dijo que hace es verdad... ¡Qué desgraciada! Y encima... parece que es de las mejores...”

Los pelos de Ignacio casi volaron cuando el viejo Lombardi le gritó. Estaba enojado porque su hija no había ido al taller, y se descargaba con Ignacio, el otro joven estudiante que apañaba sus estudios trabajando en el Drifting Zone, como lo hacían Delfina y Anabella.
- Tenía que estudiar, jefe... Me dijo que le avisara, tenía que hacer un... traba... jo...
El chico temblaba de miedo, porque últimamente Alberto estaba muy extraño, pero cuando escuchó la repuesta del joven, se calmó. Recuperó su postura tranquila, y sonrió, mientras se pasaba la mano por la inminente pelada. Estaba nervioso.
- Si... Lo siento... Vos también deberías ir a estudiar...
- Si... si...
Ignacio se quedó de una pieza, parado inmóvil con la escoba quieta entre las manos, mientras observaba como su jefe se iba a encerrar en su oficina. “Demonios... Desde la carrera de las chicas en el circuito callejero está muy raro... ¿Qué le pasará? ¿Se habrá enterado de algo de las chicas?”

- ¿Qué te pasa?
- ¿Mmm? ¡Ah! No... Nada...
- Rober... A mí no me podés mentir...
Diego revolvió metódicamente su café, y se reclinó en el asiento del restaurante. Roberto Lombardi lo observaba con sus ojos marrones, llenos de dudas, mientras el morocho le sostenía la mirada con sus fríos e inmóviles ojos azul turquesa. Ni siquiera dos chicas que pasaron a su lado todas histéricas para que el mayor de los Camperetti las notara, pudo romper esa comunicación visual.
- ¡Bueno ya! ¡Me ganaste! -dijo Roberto soltando su cucharita y haciendo gesto de derrota- ¡Me venciste! ¡No te puedo sostener la mirada!
Diego se incorporó en su silla, tirándose hacia delante mientras esbozaba una sonrisa y cerraba sus ojos. Roberto era amigo de su hermano, y siempre los había acompañado a ambos a correr desde que habían empezado a hacerlo, y se había mudado a Santa Fe unos meses antes que ellos.
- ¿Por qué querés saberlo tan afanosamente?
- Este... veamos... -se hizo el tonto- ¡Porque no me dijiste antes! -otra sonrisa de Diego- Estás tramando algo, pedazo de sinvergüenza...
- Si... así es... tengo pensado quebrar su punto débil...
- ¿Su... pun...to... débil? -pensarlo lo hacía estremecerse. Ni siquiera creía posible eso. Ni siquiera lo creía posible par su amigo.
- Sí, su punto débil es...

- ¡La frenada!
- ¿Qué hay con eso?
- Frenaste demasiado...
- ¡Pero si me gritaste “Frenáaaaaaaaaa” y yo te hice caso!
Era una noche perfecta: estrellada, sin viento, sin calor ni frío, sin mosquitos, tranquila, apacible... Salvo por el incansable sonido del motor de cierto conocido Golf azul surcando las rutas de la S, tratando de dominar nuevas técnicas.
Tratando, claro. Lo único que lo evitaba era el reciente problema comunicacional de su piloto y copiloto.
- A ver, estacionáte por favor... -el auto aparcó inmediatamente- ¿Estás nerviosa Del?
- ¿Te digo la verdad?
- Si, dale...
- ¿La pura verdad?
- Sí.
- ¿No te vas a enojar?
- ¡Decime de una buena vez!
- ¡¡Tengo miedoooo!!
El pequeño grito concluyó con Delfina escondiendo su rostro entre sus manos, y su amiga se quedó callada, si bien ya se imaginaba la reacción. Colocó una mano en el hombro de la colorada, y suavemente le dijo que se preocupara, que ella la iba a ayudar.
- No es eso, Anita...
- ¿Qué es entonces?
- No se bien como decirte... Pero creo que él sabe perfectamente cómo corro yo... No se... Nunca me había sentido así, emocionada por correr contra Diego, pero a la vez... Asustada, porque no quiero perder...
- Hey, no seas tonta... todavía tenemos dos semanas para practicar. Es más que suficiente para pensar en algún plan.
- Sí tenés razón... Si me sigo portando como una tonta así, no voy a ganar nada -contestó al fin reponiéndose- Mejor sigamos corriendo...
- ¡¡Eso es buena onda!! ¡Dale!
- Si, si... esperate que me retoco el maquillaje...
Y dicho esto, se miró en el retrovisor, y tras unos retoques, reemprendieron la marcha. Así, empezaron a derrapar por las curvas, hasta que un par de luces se les pegó en la parte trasera, y empezó a empujarlas. Como las seguía un auto oscuro, ninguna alcanzaba a ver nada.
El auto las empujaba desde atrás, y quería aumentar la velocidad, haciendo que las chicas comenzaran a correr. Aceleraron, y entraron a la curva derrapando asombrosamente, cuando Anabella se dio vuelta, y vio que las seguía un Peugeot 307 azul marino, que no disminuía su velocidad.
- Ese auto es... de... ¡Santiago!
- ¡Imposible!
- Acelerá... ¡Acelerá o nos va a chocar!

Bueno chicuelos, eso ha sido todo por hoy. Les ruego que dejen cometarios, voten en los tops, y... si quieren votar en "¿Cuál es la mejor dupla de "Runing Hearts?" en las encuestas del blog, no me ofendo ;) ¡Éxitos a todos!

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
Martes, 13 de marzo de 2007 | 5:43
ke lindo cap.!!! No me imaginaba a Delfina asustada. Me encant? el padre y la reacci?n cuando otro le cont? ke la hab?a visto correr. Extra?? el cap. el s?bado, Te felicito, me gust? mucho
Autor: BlueBrain
Martes, 13 de marzo de 2007 | 6:03
no imaginaba a Delfi asustada, me gust? mucho el cap?tulo, me gusta mucho como desarrollas la trama:-/
Martes, 13 de marzo de 2007 | 11:43
Gracias chicos!! ?Se acuedan de qui?n es Santiago? Mwahahaha... Me estoy divirtiendo mucho de s?lo pensar la continuaci?n, que mala soy! jaja...
Autor: Kamus_99
Martes, 13 de marzo de 2007 | 15:01
:f)Muy bueno el cap?tulo, eres una leona escribiendo!!! Me gust? mucho el cambio de personajes y de lugares, muy bien planteado, te felicito
Jueves, 15 de marzo de 2007 | 14:20
Muy bueno el cap?tulo. Me gust? mucho el juego de tiempo y lugar distinto en cada p?rrafo. ?Sos mi ?dola!

 

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