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![]() Víctor y Delfina mantuvieron su mirada clavada en los ojos del otro por unos segundos, y luego miraron el reflejo de la luna en la laguna. Un silencio vacío reinó entre ambos. Silencio que fue quebrado por el estrepitoso ruido de varios autos tunning que se juntaban cerca de la rotonda, y que se dirigían hacia allí. Una leve brisa comenzó a soplar, y los rojizos cabellos de la joven se movían, dándole un aspecto frágil. “Parece una diosa de porcelana blanca” pensó él tratando de no mirarla. No quería. Él también había decidido correr, y dejar ciertas cosas de lado, igual que ella. Pero ninguno se esperaba que el otro también hubiera elegido ese camino. De alguna forma... Inconscientemente, esperaban que el deseo del otro los detuviera. Pero no lo hizo. - ¿Por qué querés correr, Víctor? La voz de Delfina sonó como el llamado a la realidad, e hizo que él contestara, con una voz un tanto lejana. - Porque mientras corro es el único momento en que puedo ser yo realmente. Es la única forma en la que puedo darle rienda sueltas a mis emociones, y a ese lado secreto que todos tienen, y que yo también tengo... - Si... -ella curvó sus labios levemente esbozando una sonrisa, lo que hizo que Víctor deseara arrepentirse de lo que había dicho un rato antes- Pero ese no es tu único motivo ¿no? - No. No lo es... -contestó él- Yo también corro porque quiero superar a mi hermano -su voz sonaba diferente- Él aprende a conducir su auto con sólo pensar cómo debería hacerlo, lee algo de una técnica e inmediatamente sabe hacerlo... Pero además, es capaz de saber cómo es otro auto con solo verlo y escuchar su motor, o verlo andar... Yo quiero lograr eso... - Víctor -Delfina se dio vuelta y lo miró. Ambas miradas coincidieron por unos segundos y volvieron a desviarse- Vos tenés algo mucho mejor que él no: tus instintos -él la miró sorprendido- Sí. Así como lo escuchas: vos sabés qué hacer con tu auto sin pensarlo, inconscientemente hacés que tu coche sea una parte de tu cuerpo... Pero estás tan marcado por eso que pensás de Diego, que no podés explotar tu potencial... Al menos así lo veo yo... Yo creo que si siguieras tus instintos, conducirías mucho mejor... Nuevamente silencio. Delfina se mordió la lengua por haber sido tan tonta, y haber hablado demás. Pero interiormente sentía que no quería quedarse callada, que quería que él supiera lo que ella pensaba. Sin embargo, por unos momentos ninguno dijo nada. Ambos pensaban lo que habían dicho, pero también disfrutaban de la compañía del otro. Al cabo de un rato Delfina le dijo que se iba, y subiéndose a su Golf vio que no venía nadie, y cruzó el auto de carril con un estrepitoso derrape que dejó las marcas de los neumáticos en el asfalto, y se fue rápidamente. El portón automático se abrió, y el Mégane Coupé Cabriolet entró al garage, estacionándose. Víctor se bajó, y mientras abría la tapa del motor de su auto, se fijó la hora. Eran las 4:12. En poco más de dos horas y medias debería levantarse para ir a clases, ya que era la madrugada de un martes. Mientras el se alejaba, el portón volvió a abrirse, y Víctor se giró sorprendido, para ver al Stealth negro de su hermano entrar en el medio de la noche, y estacionarse al lado de su CC. Diego se bajó, y se quedó mirando a su hermano un tanto sorprendido, pero el rubio dio media vuelta, y se dirigió hacia la cocina. Unos minutos después Víctor había llegado a su habitación, y estaba mirando el mural que tenía colgado en la pared, a la derecha de su cama. Éste era una foto de su Mégane II, que él le había tomado cuando lo recibió. El auto aparecía estacionado, con las ruedas delanteras inclinadas, el techo abierto, y un imponente ocaso de fondo. - Es hermoso tu auto, Víc... El joven se dio vuelta, para ver a su hermano apoyado en el vano de la puerta. El lo miró y sintió un poco de envidia. Sentía que Diego no sólo corría mejor, sino que era más apuesto y más inteligente. De alguna manera, las palabras de la joven Bocaccio volvieron a su mente. - Gracias... -contestó fríamente. Diego se apoyó de costado en el vano, y cruzando los brazos, dijo: - Hermano... Vos corré... que no te importe nada más.... Y cerrando la puerta se fue hacia su habitación. Él también debería levantarse temprano, y sólo dormir dos horas por día no lo colocaba en una posición muy ventajosa. Miró su cuarto. Él también tenía un mural de su Dodge colgado en su pieza, y la foto también había sido sacada por Víctor, a diferencia de que éste estaba casi derrapando, y detrás del auto se veía un leve reflejo de las luces de freno. - Realmente me das miedo Víctor... -susurró Diego. Pero como escuchó un ruido, pensó que su hermano podía estar escuchándolo, y continuó meditando en silencio. “Si... me das miedo, hermano... Y a su vez admiro esa forma en que instintivamente conducís tu auto, empujando tus propios límites y alejándolos cada vez más...” Por tercera vez en dos meses, la impresionante coupé negra del mayor de los Camperetti llegó al Drifting Zone, y Diego se bajó de su auto. Esta vez, Ignacio no se sorprendió tanto, y fué a buscar a Anabella con más calma, pero -nuevamente- todos estuvieron pendientes de lo que hablaban ambos. Don Lombardi había viajado, así que ella estaba a cargo del taller por esa semana. Hizo pasar a Diego a la oficina, y le hizo firmar la factura de pago, y el recibo de la mercadería. - Muchas gracias por conseguirme este alerón -comentó Diego- no lo podía encontrar en ningún lado. - Es nuestro trabajo, es lo que hacemos -dijo ella- uno de los mecánicos te va a levar el alerón hasta el auto, con caja y todo. - Gracias, y hasta luego. Ambos se pararon, y cuando Anabella salió, uno de los mecánicos le mostró la caja con lo pedido. Revisaron que estuviera en buen estado, y Diego se lo llevó. Al cabo de unos segundos, Delfina se encontraba parada a su lado. - ¿Te parece que eso es para el Dodge? -preguntó curiosa. - No... ese alerón es muy raro... -ambas se miraron y sonrieron- No me sorprendería verlo en el Mégane. - ¿En el auto de Víctor? - Sí... -Anabella sonrió, y recordó algo- Hablando de Víctor -miró sonriente a su amiga que intentaba escaparse- ¿pasó algo? ¡No me contaste todo! - ¿Qué querés que te cuente? Delfina comenzó a caminar un poco más rápido, y su amiga la seguía, para tratar de preguntarle las cosas. Continuaron divirtiéndose un rato, hasta que volvieron al trabajo. Poco a poco, parecía que ambas estaban recuperando su buen ánimo y su sueño. Bueeeno, espero comentarios, y que voten "el personaje más malvado de Running Hearts" NMos vemos en el próximo artículo! culpable Kamus_99
sábado, 17 de febrero de 2007 | 19:32 culpable Niisan-Otaku
sábado, 17 de febrero de 2007 | 20:31 culpable ThunderGirl_vw
sábado, 17 de febrero de 2007 | 22:01 culpable BlueBrain
domingo, 18 de febrero de 2007 | 12:25 culpable Aldair_88
domingo, 18 de febrero de 2007 | 12:45 culpable ThunderGirl_vw
domingo, 18 de febrero de 2007 | 21:46 |
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vol 3.1 "Pink Literature" - by ThunderGirl