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Domingo, 21 de enero de 2007

Otro capitulo de esos con viajes en el tiempo... Espero que les guste y que no se me larguen a llorar demasiado. Les prometo que acá no hay ningún celular molesto que interrumpa nada, pero a lo mejor hay un pooco de lágrimas ;). En fin, mejor dejo de escribir preámbulos tontos, y los dejo con el capítulo... Para leer la novela entera, vayan a la categoría...



La interlocutora les indicó a las dos perplejas recién llegadas que tomaran asiento frente a ellas. Mientras lo hacían, las pudieron observar tranquilamente: ninguna pasaba los veinte años, pero eran bastante diferentes.
Una era bastante bajita y extremadamente delgada. Tenía los ojos marrones, y unas pobladas cejas negras que contrastaban con su cabello teñido de rubio, y con el extenso bronceado, que le había producido algunas pecas. La otra parecía lo opuesto: muy alta, de cabello largo y enrulado, tenía facciones bien formadas, y unos lindos ojos color miel, pero demasiado mal gusto para la ropa.
- Como ya les dije -continuó hablando la rubia- queremos retarlas a una carrera en el circuito callejero que seguramente ya saben, está armado porque en dos semanas se corre el TC2000.
- Pero... -interrumpió Delfina- el circuito está en la ciudad. La policía nos puede agarrar fácil...
- De la policía ya nos encargamos nosotras... -dijo la más alta- Creo que aún no nos presentamos... Ella es Diana, y yo Sofía.
“Igualita a mi hermana... Ya se que se puede esperar de esta...” pensó Delfina, pensamientos que fueron interrumpidos por la joven que comenzó a hablar.
- Seguro que se enteraron, que al otro fin de semana es la gala, y el otro empieza ya las carreras, entonces... la... carrera sería a la 01:00am del miércoles... -Delfina y Anabella se miraron- Y sería con largadas separadas, debido a que las calles son angostas... O sea: uno escapa, y el otro persigue como el “ladrón y el policía”. A la próxima ronda, se cambian posiciones, y así hasta que uno gane...
- ¿Y cómo definimos al ganador? -interrogó Anabella, aunque creía conocer la respuesta.
- Si se alejan más de 10 segundos, o si se rebasa al que va adelante... ¿Qué les parece?
- ¿Nos dejan un rato para hablarlo?
- Está bien -contestaron Diana y Sofía- las esperamos en la heladería Venetto sobre Boulevard...
Y se fueron. Pagaron su cuenta y se fueron. Anabella bebió el contenido de su vaso impulsivamente. Delfina había entendido, pero simplemente le tomó la mano.
- Anita... no corramos... te va a hacer mal...
- ¡Al contrario! -bajó la voz rápidamente- Es algo que tengo que superar... Lo único peligroso es correr ahí... -bajó más la voz- Del, si nos agarran... la multa es carísima y nos suspenden la licencia... Es algo muy jugado...
- No creo que lo hagan... pero vamos... como vos decidas...
- Yo quiero correr... y ya te dije porqué.
Pagaron, salieron, fueron a la heladería y les confirmaron el reto. A quince minutos par ala medianoche, Delfina se bajaba del Vectra y se dirigía afanosamente hacia su cama en busca de descanso hasta el mediodía del día siguiente, no sin poder sacarse de la mente lo que Anabella podía estar sintiendo.
A través del vidrio polarizado, la rubia podía observar a muchos jóvenes que salían, cruzaban el boulevard en dirección a los pubs, a muchas parejitas, a muchachos creídos luciendo los deportivos de sus padres. “¿Cuándo fue que me separé de esa vida? Si... ya se... no necesito preguntármelo... Fue cuando tomé la decisión de correr callejeras” sonrió “Es increíble cómo las decisiones que uno toma afectan a las personas... a la vida... yo no estaría acá, pensando en esto de no ser por eso... de no ser por ella...”

- ¡Papá! ¡¡Papaaá!! ¡¡¡Papaaaaaaaaaaaá!!! -una niña rubia, de casi catorce años corrió hacia su padre- ¿Papá? ¿Qué le pasó a mamá? -el hombre no contestaba- ¿Dónde está, papá? ¿Qué le pasó?
El hombre la abrazó, y el hermano de la jovencita se acercó con lágrimas en los ojos. Pronto un médico salió de la habitación con gesto sombrío.
Anabella sonrió al recordar el acontecimiento, y las bocinas del auto de atrás la hicieron despertar. “Si... ese fue el comienzo de el año más traumático de mi vida... Y también el motivo por el que ahora quiero correr, y ser copiloto...” En ese momento, recordó cuando recién concía a Delfina, y le contó lo ocurrido.

- Ana... ¿y tu mamá? Sé que tu papá tiene el taller mecánico, pero de ella nunca me hablaste...
Luego de la pregunta de Delfina, Anabella tenía el gesto raro. Sonrió ante las disculpas de su reciente amiga y, mientras abrían la latita de gaseosa le contó lo sucedido.
- Cuando mi papá era chico, allá por la década del 70, corría callejeras en las calles de Rosario, la diferencia con lo que hacemos acá, es que ellos apostaban dinero. En una de esas conoció a mi mamá, que también corría... Ambos eran muy buenos, y juntaron bastante dinero como para poder abrir un taller mecánico de súper nivel al poco tiempo de recibidos... -bebió un sorbo de su gaseosa, mientras su amiga esperaba en incómodo silencio- Cuando yo tenía trece, mi mamá tenía un Vectra, y cuando iba por la calle, un tipo le empezó a empujar desde atrás, como iban por una calle, cuando pasaron una loma de burro el hombre la volvió a tocar de atrás, y el auto saltó... Chocó contra el cordón muy alto y volvó. Quedó con el techo hacia abajo...
- No sigás... -le dijo Delfina, pero ella meneó la cabeza y continuó hablando.
- El otro auto no alcanzó a frenar y la embistió justo del lado de ella. Tuvo una gran pérdida de masa encefálica... Estuvo internada en el hospital pero murió unos meses después...
Ambas chicas lloraban, Delfina la abrazó, y se quedaron así por un rato, apoyadas contra el capot del Vectra último modelo de Anabella, con el Golf como testigo mudo, y las estrellas de una noche de verano como guías incansables del tortuoso camino de la vida.
- Debió ser muy difícil...
- Lo peor, fue cuando nos enteramos que ese hombre era uno de los chicos contra el que corrió mi mamá cuando era chica... No se porqué lo hizo. El murió con el impacto. No llevaba el cinturón...

Alguien le golpeó la ventanilla del auto y Anabella se secó las lágrimas rápidamente. Había estacionado su auto en la puerta de su garage, pero no se animaba a entrar. Miró y no vio a nadie. “Me habrá parecido a mí... debo estar loca yo...” Y bajando el auto nuevamente, se dirigió hacia algún lugar en la noche. Eran casi las tres cuando entró el impactante Chevrolet, y se dirigió a su habitación, para refrescarse un poco y luego dormir.

Ambas jóvenes pasaron el domingo estudiando. Lunes... Martes... y se hizo de noche. Don Lombardi estaba encerrado en su oficina hablando por teléfono con alguien mientras las jóvenes le cambiaban los neumáticos al Golf, y revisaban su balanceo.
- ¿Cómo que vas a venir? -preguntó Alberto mientras observaba a las chicas trabajar afanosamente, con todos los mecánicos alrededor de ellas, estorbando.
- Ya te dije: estamos buscando a alguien joven, con capacidades, y buen conocimiento. Voy a ir simplemente para ver cómo corren, nada más... -la voz al teléfono sonaba como la de un hombre no mayor a treinta y cinco años.
- Si pero... -golpeó el vidrio y les indicó a todos que se fueran a trabajar- ¿No te parece que vas a ser un tanto sospechoso ahí? Es un círculo muy cerrado...
- Ya tengo la forma de incluirme, escuchame... Ya se que estás nervioso, el lugar donde van a correr se parece mucho a donde Carla tuvo el accidente... Pero si eligieron correr...
- Si, si, si... ya se... -lo interrumpió el viejo ingeniero- Fue decisión de mi hija y de su amiga ¿no? Ya lo sé... Pero me da... nervios...
La llamada terminó al rato, y las chicas se dirigían a un restaurante a cenar algo para luego encontrarse con las dueñas del Eclipse rojo. En eso Delfina recordó que ese mismo auto, lo corría un chico antes, y que en el verano se había enfrentado a uno de los hermanos Camperetti.
- Efectivamente, es el mismo auto -explicó Anabella- Antes pertenecía al padre la rubia, de Diana, se lo dio a sus dos hijos, pero ahora como el más grande tiene un 206CC, le dio este a la hermana... El padre es abogado creo... La verdad, no se de dónde saca tanta plata, porque encima viven en la costa...
- Impresionante -Delfina estaba impresionada por cómo Anabella recaudaba la información- ¿De dónde obtuviste tantos datos? -inquirió mientras ambas sacaban el dinero para pagar la cuenta
- Tengo mis contactos -fue la orgullosa respuesta.
Tras dar unas vueltas, llegaron puntualmente al circuito callejero, ingresando desde abajo del puente, que era un de los únicos lugares donde las barreras de contención hechas de cemento abajo y rejas arriba estaban abiertas. El Eclipse estaba justo frente a ellas. La carrera callejera en las calles de la ciudad estaba a punto de iniciar.

Espero que les haya gustado el capítulo. Por favor, dejen coemntarios y voten al pesonaje favorito ;)... ya pronto cambiaré la votación así no cansa... ;)

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
Lunes, 22 de enero de 2007 | 6:00
ke tierno el cap.!!! Las nuevas contrincantes parecen ser muy ?cidas!!! Probre Ana!! me emocion? mucho :y)
Autor: Kamus_99
Lunes, 22 de enero de 2007 | 14:10
Muy emotivo este cap. realmente me gust? mucho, sos muy inventiva escribiendo. Es un Don :f)
Lunes, 22 de enero de 2007 | 20:56
Muy tierno el cap?tulo, yo tambi?n me emocion?. Que bien escrib?s...
Lunes, 22 de enero de 2007 | 22:29
Gracias!! Te?a un meido b?rbaro y pensaba que no les iba a gustar... Y_Y

 

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