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S?bado, 06 de enero de 2007

Nuevamente otro capítulo de la Blog Novela "Running Hearts" Si no leyeron los capítulos anteriores, pueden ir a la categoría, y encontrarlos ahí... Chicos, comento que bien abajo del blog, hay votaciones sobre cuál es el personaje favorito de la novela... podrían votar ;)


Ignacio salió al estacionamiento del Drifting Zone para barrerlo y vio el grisáceo cielo que amenazaba con lanzar otro diluvio sobre la ciudad. Observó hacia adentro del taller al viejo Lombardi que desde que Delfina había terminado de limpiar el Golf, él tenía la cabeza metida en el motor del VolksWagen. “¡Qué le voy a hacer! Mejor me pongo a barrer que no voy a terminar más...” En efecto, la playa de estacionamiento no era lo que precisamente se definiera como ‘pequeña’.
Pero cuando él iba a disponerse a comenzar a barrer, un fabuloso auto negro de faros ocultos se apareció en el portón. Ignacio comenzó a caminar hacia la entrada para abrirla, cuando vio que se trataba nada más y nada menos que del Dodge Stealth negro de Diego Camperetti.
- Buenos días... -le dijo mientras abría el portón- ¿en qué puedo ayudarlo?
- Buenos días. Hace unos días pedí que me averiguaran algo, y vengo a ver qué consiguieron.
Ignacio le indicó donde estacionar, y lo llevó hacia adentro del taller. Mientras se fue a llamar a Anabella, Diego no perdió la oportunidad de ver los autos que había en el taller: un auto de TC recibiendo pruebas de HP, el Vectra aguamarina al que le estaban probando la luz de freno de un nuevo alerón, y el Golf de Delfina, con las narices del dueño del taller en el motor.
- ¡¡Delfina!! ¡¡Vení urgente!!
El llamado de don Lombardi fue contestado por la pronta aparición de Delfina en la puerta del patio interno donde tenía más autos. Pero lo que apareció, distaba mucho de ser la bonita joven colorada de 18 años. Parecía más un zombi, al que su osamenta apenas soportaba su propio peso, y cuyas pisadas denotaban que cada movimiento le provocaba un esfuerzo sobre humano. Tenía las manos engrasadas, y una llave en la mano y se dirigió hacia donde estaba el jefe.
- ¡Buenos Días! -la voz de Ana le interrumpió los pensamientos a Diego- ¿En que te puedo ayudar?
- Buen... os días... -él la miró. Tenía ojeras pronunciadas y estaba pálida como un muerto. El pelo recogido y la mirada entornada denotaban que le faltaba dormir, y que el sueño se apoderaba de ella- Quería saber qué averiguaron del alerón que pedí...
- Sí... seguime.
Con pasos pesados y cansados, la rubia lo dirigió a la oficina del padre, y le indicó que tomara asiento, pero Diego no lo hizo hasta que ella no se sentó. Anabella le tendió una hoja con membrete del Drifting Zone e impresa en computadora con todos los datos del producto. El alerón, que cumplía a la perfección con lo solicitado, le costaba solamente $540.
- Calculo que esperabas ese precio... El alerón ese es bastante difícil de conseguir, y bastante caro, por el material del que está hecho.
- De todas formas está bastante barato. ¿Qué tendría que hacer para pedirles que me lo traigan?
- Si querés encargarlo, tenés que señar la mitad del valor y firmar este pedido, para asegurarnos que vas a retirarlo -le mostró una nota de pedido por duplicado- Y si cuando lo tenés, lo vas a instalar en otro lugar, tenés que firmar éste otro papel -agregó mostrándole el otro papel, también por duplicado.
- ¿Puedo preguntar por qué tanto papelerío?
- Porque se trata de materiales y productos muy específicos acá, y nosotros no tenemos intenciones de que nos culpen por el mal uso o mala instalación de los mismos, si no los colocan acá...
Unos golpes sonaron en la puerta, y Alberto Lombardi la abrió de golpe. Saludó a Diego, y le dijo a su hija:
- Vamos a probar el Vectra, nos llevamos también el Golf. Estás a cargo hasta que vuelva -agarró su celular que estaba en el escritorio- No destrocen nada, y controlá a Ernesto con la pintura del Ka...
Y se fue... “¿El Vectra? ¿El Golf? Éste debe estar tramando algo” casi los mismos pensamientos cruzaron por la mente de ambos jóvenes. Con una sonrisa Ana le preguntó qué iba a hacer, y el pedido fue firmado.

Pasaron unos momentos, cuando subieron la berlina Chevrolet a la parte trasera del Isuzu, y luego de subirse al camioncito, partieron a la pista de pruebas. Cuando llegaron, después de bajar el auto, don Lombardi le dio las llaves del Vectra a la colorada, y se subieron en el coche. “¿Qué le pasa? ¿Por qué vino él? ¿No estaré probando bien los autos?”
- Quedate tranquila... -le dijo el jefe antes de que ella continuara pensando- No quiero ver cómo testeás los autos, quiero ver algo... ¿Estás habituada a manejar este auto, no?
- Sí... -dijo ella un poco cohibida- aprendí a derrapar acá...
- Bueno, ahora vas a dar una vuelta por el circuito hasta que yo te diga que te detengas.
Ella sacó el auto arando, y comenzó a recorrer el circuito. Desde donde Ignacio estaba, se podía observar perfectamente a la fabulosa berlina aguamarina derrapar soberbiamente sobre el asfalto, mostrando cada parte, cada moldura de la chapa. Sin embargo, dentro del coche, Alberto prestaba especial atención al movimiento en los pedales y cambios: ella usaba adecuadamente el punta-talón, apretando el freno al mismo tiempo que el acelerador, usaba el doble embrague, acelerando en vacío entre cambio y cambio... Pero algo no cerraba.
- Frená... -Delfina lo hizo y no dudó en preguntarle qué ocurría.
- ¿Pasó algo malo? Me pareció que el alerón le da mucho más agarre... por eso no dij...
- No es eso... -la interrumpió- Es algo sobre los pedales: cuando acelerás después de un rebaje, o cuando subís de marchas con el doble embrague ¿no notás que el auto responde más lento de lo que vos pisás el acelerador?
Ella se quedó pensando. Sin mover el auto pisó el embrague, colocó primera y tocó el acelerador. Era su forma de pensar. Inclinó la cabeza mirando el volante sostenido por su mano derecha, y volviendo la palanca a punto muerto, soltó el embrague, y contestó, un tanto perpleja por lo dicho por don Lombardi.
- Sí... Antes, cuando comencé a conducir, me pasaba más a menudo... Nunca supe porqué...
- Porque pisás demasiado el acelerador... -le contestó. Podía correr muy bien, pero hacía muy poco que manejaba, y era natural que ignorara algo así- Cuando vos pisás el acelerador, una... digamos “palanquita” se mueve en el motor, haciendo que los cilindros vayan se muevan más rápido, el flujo de nafta es mayor, el cigüeñal gira más rápido, y se pasa una orden a los ejes, haciendo que las ruedas se muevan más rápido... Hablando de forma demasiado simple... ¿me seguís?
- Sí...
- Bueno... si vos acelerás demasiado, las ruedas patinan sobre sí mismas, y no aceleran con la misma velocidad. Lo malo, es que hacés trabajar demasiado al motor, y perdés revoluciones y poder que podrías haber aprovechado para acelerar mucho más rápido... Eso no es todo... También desgasta mucho el motor, tené en cuenta que vos corrés usando un auto de calle... tiene un motor poderoso, un 2.0, pero mantenerlo a altas revoluciones -como necesitás en una carrera, y en un derrape- lo desgastan más de lo normal, y sumado al tema del acelerador...
- El motor está bastante desgastado... ¿no? -dijo ella mientras acariciaba el logo de Chevrolet que brillaba en el medio del volante- Lo sentí durante la última carrera... Y no sólo eso... La suspensión, los ejes... Si sigo corriendo sin revisarlo... se va a...
- Sí... Pero te tengo una popuesta...
Delfina lo miró un tanto sorprendida y el sonrió.
- Por un lado, te voy a explicar cómo tenés que acelerar... y te lo voy a mostrar -hizo una pausa y agregó- Por otro lado, se que estás gastando mucho en mantener el Golf, estás comprando un dos juegos de neumáticos por mes, más lo que te salen las alineaciones y balanceos, las revisaciones del motor etc... Por esto, te propongo lo siguiente: ahora trabajás martes, jueves y sábados en el taller, si agregamos un día más y algunas otras tareas, yo te pago en efectivo sólo $300, y los otros $600 más las comisiones por testeos de autos, las dejamos a cuenta para lo que necesités hacerle al auto...
- Pero...
- Nada de peros... Lo hago porque pasé lo mismo que vos y lo mismo que mi hija... -miró hacia el frente para que ella no viera que sus ojos se mojaban un poco- correr en las calles te prepara para algo más grande, y tenés que aprovechar la oportunidad y reconocerla cuando se aparece, no hagan como yo... -pausó- Si aceptás la propuesta, agregamos el lunes a la tarde, y cambiamos el contrato... ¿qué decís?
Delfina recordó que una vez su amiga le había contado que su padre corría, y que le ofrecieron muchas veces ser un profesional, pero él se negó. Ahora entendía. Ahora le cerraba todo.
- Está bien. Lo acepto...
- Okay. Yo el contrato ya lo hice... y Anabella ya sabe de esto... Ella me dio la idea... -le dijo- Ahora dejame ahí que te muestro cómo acelerar...
Ni bien se subió, comenzó a hablar mientras manejaba. Delfina miraba embobada la forma de usar los pedales. Tenía una coordinación perfecta, y los derrapes parecían mucho más ágiles y más veloces.
Comenzó a escuchar atentamente lo que él le decía: debía presionar el acelerador lo necesario para que no bajen las revoluciones, un centímetro mientras aflojaba el embrague, y después no más de 8 milímetros por segundo que acelerara. Realmente muy difícil. Sin embargo, don Lombardi hablaba, le explicaba y aceleraba con total precisión.
Alberto continuó hablando por unos minutos, y le dieron otra vuelta más al circuito. No solo el acelerador entraba en juego: la forma de frenar, el momento de pasar los cambios, la forma de volantear... Todo... Realmente todo cambiaba al ser más precisa la forma de acelerar.
Al cabo de un rato, subieron el auto al Isuzu y, mientras volvían al Drifting un silencio insoportable reinaba, e Ignacio se sentía descolgado. Cada uno en su mundo, y el estaba excluído hasta del propio. “No entiendo... Realmente no entiendo” Se repetía sin cesar.
Cuando se bajaron, Delfina buscó inmediatamente a su amiga, y mientras le cambiaban los neumáticos a un Ka, se pusieron a hablar. De todo... Se contaron todo en 30 minutos.
- Ya se que voy a hacer...
- ¿Qué? Del, por favor, ninguna locura...
- No... para nada... Voy a dejar el Golf acá... Le voy a hacer una revisación completa porque el motor está bastante desgastado... Y ahora aprovecho que se nos vienen los parciales encima...
- Me parece que va a ser lo mejor...

Dentro del taller, el Golf tenía ya a un mecánico para él...

Ups! Se me fue la mano... en fin... espero que les guste... Nos vemos en el próximo capítulo!!!

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Kamus_99
Domingo, 07 de enero de 2007 | 8:05
Muy buen Cap.!!! Me parece ke Diego estpa interesado en Ana... ?Cto tiempo para estudiar le keda a Delfina? trabaja mucho. Me gustaron las especificaciones tecnicas, sabes un toco de autos!!
Autor: BlueBrain
Domingo, 07 de enero de 2007 | 9:14
Estupendo cap?tulo!!! Que bien que describiste el garage y sobre todo la proeba de Del con don lombardi, me gust? mucho, te felicito :-/
Domingo, 07 de enero de 2007 | 12:28
Muchas gracias!:f)! A decir verdad, se de autos pero no demasiado. A veces tuve que leerme cosas o preguntar para poder escribir sobre lo que pasaba ;)
Domingo, 07 de enero de 2007 | 18:42
Excelente el cap?tulo!!! me encant?, pero es cierto que las chicas trabajan much?simo. Te felicito, cada cap. mejor que el anterior
Autor: Aldair_88
Lunes, 08 de enero de 2007 | 6:08
?Que interesante este cap?tulo!! y todavia aprende m?s sobre conducci?n, Delfina va a ser imparable!!!
Lunes, 08 de enero de 2007 | 22:02
Muchas gracias!! Pronto escribir? otro cap?tulo...

 

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