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Mi?rcoles, 20 de diciembre de 2006

Holis! Un nuevo capítulo comienza!! Y la verdad, estoy muy contenta, porque el próximo será el número 20!!! Jejejeje.. nunca pensé que llegaría tan lejos!! Espero que continúen leyendo y dándome sus opiniones...



“¡¡Es impresionante!! ¡Se ve mucho más lindo así!” Anabella Lombardi se encontraba observando a su amiga que, entusiasmada, revisa las nuevas cubiertas de su auto, y lo bien que le sentaban.
- Ana... Anita... Anabellita... -dijo Delfina mientras tocaba un neumático- ¡Quedaron preciosos!
- Si... Mi Vectra también se ve mejor con las nuevas, después de haber andado casi una semana con neumáticos destrozados -le contestó mientras se dirigía a su coche- ¿Nos encontramos a las cuatro en el lugar de siempre?
Y así lo hicieron. Después de pasar la noche cada una en sus cosas, se encontraron el viernes a las 4am en la entrada a la S, para practicar como lo habían estado haciendo. “-Acordate: tenés que aplicar lo que aprendiste con las cubiertas desgastadas, a las nuevas que tienen más agarre... Si, eso me dijo Anita... pero... ¿a qué se refiere?”.
Inconscientemente Delfina lo estaba a punto de aplicar. Estaban llegando a la primer curva, cuando rebajó los cambios, frenó el auto, y con un leve movimiento del volante (a diferencia de lo que antes hacía) derrapó el auto, manteniendo una mejor línea que antes. A la salida, aceleró, y el auto le respondió con la velocidad que ella quería, y pronto el Golf y el Vectra se perdieron en la oscuridad de la ruta.
- ¡Me salió Anita! ¡Ya lo entendí! -se alegró la colorada cuando se bajaron de los autos a la salida del trayecto.
- ¡Me di cuenta chiquita! ¡A mi también me salió! -le contestó Ana, llena de alegría- Es simple de comprender, pero más difícil, derrapar con las cuatro ruedas no es tan sencillo como parece...
- Si pero... Me di cuenta que antes patinaba las traseras con un volanteo exagerado, y que el auto se inclinaba, además, me era re difícil volver a enderezarlo a la salida de la curva. Ahora, al mover menos el volante, se derrapa en forma equilibrada, usando las cuatro ruedas para patinar, y las cuatro para tomar la aceleración necesaria al salir...
-Así es -la rubia asintió con la cabeza la explicación de su amiga- me parece que va a ser hora de que corramos otra vez... tenemos cubiertas que aprovechar.
-Lo malo es que van a quedar lisas otra vez...
Víctor Camperetti entró a la facultad acompañado de Roberto Lombardi, su compañero y amigo, en dirección al aula de clases. Varias chicas lo miraron y lo saludaron, pero él no les dio demasiada importancia, lo que le causó un tanto de gracia a Rober, motivo por el que recibió una mirada sacástica.
Cuando entró en el aula, vio a Delfina jugueteando con el celular, y fue a sentarse a su lado. “¡Perfecto! Cuando Diego venga a preguntarme qué está pasando, me va a...” los pensamientos de Roberto fueron interrumpidos cuando su teléfono sonó y, dejando las cosas en un asiento al lado del rubio, salió a atender.
- Hola -saludó Víctor- me parece que vamos a tener que juntarnos por el tema del trabajo... ¿Cómo andamos de material?
- Hola... -contestó ella- creo que bien, hay suficiente como para empezar a plantear las bases...
- Bueno... -él sacó su celular y empezó a buscar la agenda- ¿Me das tu número así podemos organizarnos mejor?
Intercambiaron números, y quedaron en encontrarse el sábado a la tarde, en la plaza Constituyentes, a las cuatro de la tarde. Después de eso, la joven terminó de cursar, se fue a su casa, y se puso a estudiar.

Esa noche, Anabella salió a correr con el Vectra, pero decidió ir a probar una nueva ruta: un camino bastante reciente entre Nelson y Llambi Campbell, dos pueblos aledaños a la ciudad, donde un tramo del camino era calle de tierra, hecho que lamentó muchísimo.
En el viaje de vuelta, salió derrapando de una curva, y tomó una recta, pero como vio que un auto se aproximaba de frente, tomó el carril de adentro, y continuó acelerando, justo para ver que este salía derrapando de la curva a la que ella debía entrar: el auto que estaba a punto de cruzar, era el Dodge Stealth negro, de Diego Camperetti.
Después de cruzarse, ella lo observó por el retrovisor: una línea y ritmos perfectos, una derrapada con cuatro ruedas, una tenencia en ruta magnífica. “Ahora veo porqué nunca nadie lo venció... Corre como si fuera un profesional...”
A la mañana, cuando Delfina fue al taller, su amiga le contó del extraño cruce, y de una noche en que también se lo había encontrado en la ruta. La charla no duró demasiado porque don Lombardi las llamó para que ayudaran a los mecánicos, hasta tanto viniera alguien con un auto para probar.
El padre de Ana se quedó merodeando alrededor de las chicas, con el motivo de escuchar su conversación, la cual duró toda la mañana: la cubierta rota con una flecha, los hermanos Camperetti, la carta de la flecha, el hecho de que Víctor la había ayudado, que Delfina no había leído la carta, que Ana se había cruzado a Diego... Hasta que se cansó de escuchar comentarios referidos a los hermanos, mezclados con el tema del emisor de la carta-flecha, y se fue.

Eran las 4:05pm del sábado, cuando Delfina se sentó con una laptop, y una mochila en un banco de la plaza Constituyentes, frente a su querido Golf azul, que acababa de lavar, y brillaba como un espejo. Abrió la computadora, y se puso a navegar en Internet, mirando la página de Subaru, hasta tanto llegara Víctor.
Cinco minutos después el Mégane se estacionaba detrás del VW, y el joven se estaba sentando a su lado con varios libros dentro de una mochila. Rápidamente, ella le pasó la computadora y, luego de organizar el índice del trabajo, comenzaron a resumir y copiar los datos conseguidos hasta entonces.
- Disculpame -le preguntó un niño de unos seis años a Delfina- ¿vos sos la dueña de ese auto? -le señaló el Golf. El chico se encontraba casi en andrajos, y llevaba un sobre en la mano.
- Si... ¿Por? ¿Qué pasa? -preguntó ella, no sin mirar a Víctor antes, un tanto extrañado él también por la visita.
- Un señor me dio cinco pesos a cambio de que te diera esto -le dio la carta, y salió corriendo.
Tanto Delfina como Víctor se dieron vuelta y miraron par todos lados. Miraron los autos, nada. La plaza, nada... Ella abrió el sobre y lo leyó. Una sonrisa se esbozó en sus labios. El joven Camperetti la observaba, y se sorprendió cuando ella le tendió el papel. Él lo leyó: “Qué bien que elegís a tus parejas... Te espero el miércoles a las 0:30 en la S, para ver si realmente corrés como un Trueno Azul.” Miró la firma y sonrió: cuatro estrellas de cuatro puntas: el logo de Subaru.
- ¿Qué vas a hacer? -preguntó devolviéndole la nota.
- Correr... Eso es lo único que me importa ahora... No el resultado... Sólo correr... -guardó la carta en la mochila y tomó los libros- Mejor sigamos, que sino, no vamos a terminar más...
Mientras tanto, Ignacio vio llegar un extraño deportivo negro de vidrios polarizados al Drifting Zone, y fue al encuentro para asesorar a un posible cliente. Pero se llevó una gran sorpresa al ver que se trataba nada más, y nada menos, que de Diego Camperetti.
- ¿En que le puedo ayudar, señor? -preguntó tratando de esconder su asombro.
- Necesito adquirir un accesorio para un auto... -contestó.
- En seguida. Estacione su coche en ese lugar en seguida llamo a un encargado.
Y salió corriendo. Cuando entró, fue directo hacia Anabella, y le dijo con extremado nerviosismo lo que acababa de ocurrir. Ella salió caminando por la gran playa de estacionamiento poblada de autos, y se dirigió a Diego, quien se encontraba apoyado en el lateral de su auto, mientras fumaba un cigarrillo.
- Buenas tardes, ¿en qué te puedo ayudar?
- Necesito encontrar un alerón de estas condiciones, que no se consigue en otros talleres. ¿Ustedes podrían conseguirmelo? -le tendió un papel con las especificaciones.
- Es un poco complicado, pero es bastante probable. Yo voy a hacer las averiguaciones, y en cuanto sepa algo, te lo hago saber. Necesitaría algún número.
El asintió, y sacando su billetera, le dio una tarjeta de presentación, con el número del celular en ella. Ignacio, don Lombardi, y varios de los mecánicos estaban tras la puerta del taller, tratando de escuchar, en vano, la conversación de Ana y Diego. Después, él tiró el cigarrillo, y parándose bien cerca, hizo una mueca similar a una sonrisa, y con la voz casi susurrando, dijo:
- Derrapás bien el auto... Me gustaría poder correr con vos alguna vez...

Me parece que cada vez hago los capítulos más largos, jejeje... Y bueno... me copo escribiendo... ¡Espero sus comentarios! ¡Nos vemos!

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Aldair_88
Mi?rcoles, 20 de diciembre de 2006 | 17:28
AHHH!! Otro romance ke comienza!!! ke buena se est? poniendo la novela!!!
Mi?rcoles, 20 de diciembre de 2006 | 17:32
Epa, Epa, pero que interesante se est? poniendo y encima con un nuevo desaf?o a Delfina. Muy bueno!!!
Mi?rcoles, 20 de diciembre de 2006 | 22:13
Me alegro que les guste!!! Comento que el viernes tengo una fiesta,a s? que a lo mejor escribo la otra aprte el s?bado, pero no se preocupen, que en el finde sale el numero 20!!!
Autor: BlueBrain
Jueves, 21 de diciembre de 2006 | 14:10
muy buen capitulo!!! otro desaf?o en puerta y m?s amores que comienzan.
Autor: Kamus_99
Jueves, 21 de diciembre de 2006 | 14:13
ke bueno!!! aceptar? Delfi el desaf?o??? se hace largo esperar al s?bado

 

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