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Mi?rcoles, 13 de diciembre de 2006

La verdad, verdad... en mis ratos libres me la paso pensando cómo continuar esto... la verdad, yo misma me enganché, espero que les haya gustado y si quieren leerla entera, deben ir a la categoría "Running Hearts" que es el nombre de esta blog-novela...



- ¿Qué estás haciendo, hermano? ¿Papá te dejó subirte al auto?
- No... Estoy limpiando el motor...
- Ah... ¿Y porqué lo haces? -preguntó un chico rubio y ojos marrones, de casi 14 años, al ver a su hermano limpiando el Audi del padre.
- Porque así puedo ver de cerca la mecánica, y conocer a fondo su funcionamiento... -contestó el hermano, un joven morocho de aparentes 16, mientras continuaba limpiando.
- Ah... ¿Y para qué querés conocer como anda?
- Porque así puedo aprender a correrlo y controlarlo a mi gusto...
- Ah... ¿Por qué? -preguntó más fastidiado el rubiecito.
- Porque quiero llegar a derrapar el auto y correr carreras callejeras...
“Si... ése era el tiempo en que éramos chicos. ¡Qué lejos estábamos de lo que somos ahora! pasaron seis años, pero es como si fuéramos personas diferentes... ¿Qué fue lo que pasó? ¿El ambiente? ¿Las personas? ¿Cuándo fue que dejamos de ser los hermanos que hacían todo junto? ¿Cuándo fue que comenzó a importarnos más las apariencias? El deseo de correr nos impulsa... pero... ¿Porqué siento esto? Mi propio auto me hace reflexionar” Diego rebajó los cambios derrapando el imponente Dodge Stealth negro, a la medianoche de un domingo perdido en los comienzos de Abril.
- Hermano... Hermano -dijo con más insistencia el pequeño rubio- ¿Porqué querés correr el auto?
- No lo se... hay algo en ellos que me atrae... -contestó el hermano mayor, mientras acercaba a su hermanito a ver el motor del Audi.
- ¿En quienes?
- En los autos... -repondió mientras ambos tocaban el motor, que era el corazón de todo auto.
“En ese entonces, sólo me interesaba correr, pero había algo más en los autos que me llamaban la atención. Y fue cuando saqué el permiso para conducir, que me regalaron este Dodge, y que comencé a correr... pero... ¿Qué tenían de diferentes esas carreras a escondidas, que las de ahora?”
- ¡Diego! ¡Quiero ir con vos! Dejame subirme en tu auto... Prometo que no voy a molestar... -dijo el mismo rubio, pero unos años más grande.
- ¿Por qué querés venir? Sabés que voy a correr...
El joven Diego tenía ahora 19 años, y ya había dominado por completo el derrape y, aunque nadie sabía quien lo conducía, el Stealth era conocido por mereodear en las rutas y en las afueras de Rosario los fines de semana por la noche. Víctor apretó los puños. Tenía sólo 17, pero era tan impulsivo como lo seguía siendo tres años después.
- Subí...
El coche se fue, cerca de las dos de la mañana, y corrió toda la noche. Volvieron. Y el hermano menor no paraba de preguntarle a Diego cómo lo hacía.
- Hermano... ¡Yo también quiero correr! ¡Por favor enseñame!
- No podés derrapar si no sabés manejar, Víctor...
- Por favor... yo se manejar... te prometo... -apretó los puños nuevamente- te prometo que no le voy a hacer nada a tu auto...
“Y así empezó a correr el también... ¡Ah! Ahora veo... la diferencia es que antes corríamos por placer, por el simple hecho de correr. No nos... no me interesaba ganar, simplemente correr... Sentir como el auto te domina, y como el mundo cambia delante de tus propios ojos...”
- ¡Diego! ¡Hermano! ¡Llegó el auto! ¡Mirá! ¡Lo trajeron!
“Sí, lo recuerdo: un Mégane CC rojo Tijuana de la primera versión, fue el primer auto de mi hermano. Recién este año se compró la segunda versión, también CC... Pero ese día... Me acuerdo perfectamente. Nunca lo había visto tan contento... Ni siquiera cuando salía con Florencia... Es ese encanto que tienen los autos, lo que te hechiza y te atrae, algo que te llama...” La coupé negra tomó una recta y comenzó a acelerar, para cruzarse a medio camino, con cierta berlina Chevrolet aguamarina, que venía corriendo en el otro sentido. Cuando se cruzaron los autos, el tiempo parecía frenar. Los conductores se vieron a través de los vidrios polarizados, y continuaron su camino “Era algo así... lo que se sentía... pero ¿por qué ahora? ¿qué tenía el Vectra?”
- No te entiendo Víctor...
- No entendés, porque no querés ver la verdad: desde que empezaste a competir, cambiaste... No sos el mismo hermano que tenía antes ¡ahora sólo te importa ganar! ¡es lo único que parece entrarte en la cabeza! Ya se que no somos chicos, pero desde hace tres años que manejás que parece que no existo... ¿adónde quedó mi hermano? ¿el que siempre me ayudaba? ¡Demonios! Parecería que no te conociera...
Y se fue. Azotó la puerta del dormitorio de Diego, dejándolo impávido. Claro que el rubio no se percató de ello, pues su hermano permaneció de espaldas mirando la computadora. “Y cuanta razón tenía... Pero eso que él me decía, eso es debilidad... Cuando uno elije algo, se debe hacer todo por ello... Y yo elegí correr, y ser el mejor corredor de callejeras...” Una lágrima rodó por la mejilla del conductor mientras derrapaba en la W “Pero qué...?” Algo lo desconcentró, y el Dodge frenó, quedando perpendicular a la barrera de contención.Diego se tocó la lágrima con la mano “Éste es el precio... lo se...” Y moviendo el auto comenzó a correr.

“Pero por más que quiera culparlo, mi hermano no es el único que ha cambiado en estos años. Hace dos años que saqué el permiso, pero yo también cambié” 4am. Víctor estaba tirado en su cama doble sin poder dormir, mirando el mural que había en su cuarto de él, y su Megane II. “Me cuesta admitirlo pero es cierto... Cuando el empezó a correr callejeras, yo recién estaba sacando la licencia, pero sólo hace un año que corremos juntos, como equipo... ¿lo somos? No creo... somos hermanos, nada más... Parecería que no...”
Algo lo hizo levantarse, y fue a buscar un refresco a la heladera en la planta baja. Cuando estaba destapando la botella, la puerta del garage se abrió, y Diego se quedó inmovilizado al ver a su hermano. Víctor también. Sin saber porqué lo hizo, le ofreció gaseosa a su hermano, y éste aceptó.
En silencio bebieron sus vasos. Uno sentado en una silla, el otro apoyado contra la mesada. Ocasionalmente cruzaban una mirada. Esa calma aparente creaba un ambiente tenso... una comunicación extraña entre aquellos que deberían hablarse sin barreras, y sin fronteras.
- Gracias, hermanito... -dijo Diego- me voy a dormir un rato -se dirigió a la escalera, pero frenó, y agregó, sin darse vuelta- hoy entramos los dos a las ocho, si querés vamos juntos... - y subió.
Víctor se quedó pasmado. Hacía cuatro años que Diego no le decía “hermanito”. Hacía dos años que nunca más lo había invitado a ir juntos. Sonrió. Otra lágrima rodó por su mejilla, y la secó con su mano derecha. Exactamente igual a Diego. Exactamente igual a aquel a quien tanto admiraba. Exactamente igual a su hermano mayor.

Creo que este es uno de los capítulos más emotivos... No lo sé... Espero que les haya gustado.

Tags: literatura, historia, carreras, clandestinas, coches, velocidad

<@[email protected]> Comentarios:

Autor: Kamus_99
Jueves, 14 de diciembre de 2006 | 17:43
ke emotivo este cap. me gust? mucho, hac?a falta conocer la relaci?n de los personajes entre s?
Jueves, 14 de diciembre de 2006 | 17:46
Me gust? mucho!!! Que tienos, recordar y emocinarse!!! Les d? el aspecto humano que les hac?a falta a los hermanos
Jueves, 14 de diciembre de 2006 | 18:26
Si... me alegro que els guste... la verdad as? nos damos cuenta que ellos aparentan algo, pero eso que muestran nmo es lo que son en la totalidad... :D
Autor: BlueBrain
Viernes, 15 de diciembre de 2006 | 16:46
??Muy bueno el cap?tulo!! Que hermoso es ver el amor entre hermanos aunque se hagan los duros jejeje
Autor: Aldair_88
Viernes, 15 de diciembre de 2006 | 17:03
?Que dulces!! con lo duro ke parece Victor, me encant? su faceta humana, jajaja, muy bueno el cap.:-/
Viernes, 15 de diciembre de 2006 | 22:15
Me alegro que les haya gustado!!! Pronto escribir? otro cap?tulo...

 

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